Friday, 4 December 2009

A Jordi Solé-Tura

No sé què dir.

 

 

 

Moltes gràcies per tot. Bona nit i bon viatge.

Thursday, 26 November 2009

¿España?¿Qué España?

Soy independentista.
Quizá después de la explicación habrá quien crea que lo que he definido es nacionalismo encubierto, catalanismo disfrazado o lo que sea, así que mejor reformulo la frase.
Me siento independentista. ¿Mejor así? Pues vamos a la explicación.
Nací en Catalunya. Un accidente como otro cualquiera. Podría haber nacido perfectamente en Guildford, Surrey, Inglaterra, que era donde vivían mis padres poco tiempo antes de nacer yo. O podría haber nacido en Galicia, de donde es mi madre, o en Andalucía, de donde es gran parte de la familia de mi padre. Pero no, nací en Barcelona, ciudad ciclotímica donde las haya.
Crecí en un pueblo de la Costa Brava. Mi lengua materna es el castellano, que es la que se habla en casa, pero desde muy pequeño me pusieron a estudiar inglés y, en la calle, hablaba o intentaba hablar en catalán. Confundía los nombres del rojo y del amarillo (en catalán) cuando era pequeño, pero ya se me ha pasado. Por mi primer apellido me libré de que me llamaran “charnego”, un epíteto usado por los niños (¿de dónde lo aprenderían?) para insultar a otros niños que no tenían “raíces” o apellidos catalanes. Pero lo era. Yo era, y soy, un “charnego”.
Con los años asumí como mi primera lengua el catalán, y lo mantengo. También soy de los que, cuando conocen a alguien en una determinada lengua, la mantienen siempre. Vamos, que las reuniones de amigos son de lo más divertidas: estás explicando algo, miras a alguien con quien hablas en catalán y lo cuentas en catalán; te pregunta alguien con quien te has conocido en castellano y respondes en castellano. Supongo que ese chip lo tengo desarrollado desde pequeño. Este aspecto cuesta mucho que lo entiendan quienes no lo han vivido, pero con un poco de paciencia y si les brindas la posibilidad de vivirlo, lo entienden.
A medida que han pasado los años me he ido cansando progresivamente de la relación Catalunya-España. Tengo familia repartida por muchos sitios de la península, y no tengo problema alguno en visitarlos. Me gusta conocer sitios diferentes y disfruto de la diferencia de culturas, aunque a menudo choque por mi manera de ver las cosas. Respeto las lenguas diferentes. Una lengua no sólo es un medio de comunicación, como se pretende hacer ver; es también una manera de ver el mundo, de concebirlo.
Cuando digo que no me considero español me molesta profundamente que me digan, a modo de argumento, que vea lo que pone en mi pasaporte o mi DNI. En mi DNI pone muchas cosas, entre ellas un número, y no me considero un número. En mi pasaporte pone que mi nacionalidad es la española, pero eso es porque nací en Barcelona y siempre he vivido aquí. Si viviera los suficientes años en otro país probablemente podría optar a otra, así que eso no me supone ningún argumento, sino la consecuencia de un accidente.
No bailo sardanas. Tampoco sevillanas, jotas o muñeiras. Ni me marco un aurresku cuando tengo invitados. No por nada, es que no me gusta bailar.
Hace años, cuando me preguntaban si me sentía catalán o español, decía que catalán. Hoy en día no me siento nada de eso. Ahora no soltaré lo de ser ciudadano del mundo. Eso me queda grande y lo dejo para quienes tienen amplias miras. Yo soy miope, aunque operado, así que mis miras han sido más bien cortas. Quizás por eso me siento apátrida. Ahora vendrían mis amigos entendidos en la cosa de las leyes y me dirán que la apatridia es una situación altamente irregular. Desde el punto de vista legal, quizá. Desde mi punto de vista es lo más cómodo (en el sentido de confortable) que conozco. Además, no entiendo por qué puedo ser ateo y no puedo ser apátrida. En las cosas realmente importantes de la vida (comer, dormir, reír, llorar, amar,…) no necesito para nada ni dios ni patria. En cambio, han sido las razones esgrimidas para los mayores desastres provocados por la humanidad.
Sí, soy apátrida. Ya sé que me diréis que no lo soy, que tengo una nacionalidad y unos derechos y que, por tanto, no puedo considerarme apátrida. Pues vale. No desobedezco ninguna ley, pero ninguna ley me va a decir cómo me debo sentir. Y, al fin y al cabo, uno acaba actuando en función de cómo se siente.
Pues eso, que soy apátrida. Eso no significa que no siga defendiendo mis ideas. Creo que Catalunya estaría muchísimo mejor si fuera independiente. Es más fácil organizar un país con 7 millones de habitantes que con 45, sobretodo si el país de 45 es España. Esa España que no son dos, no. Es una, porque a la otra se la cargaron entre todos y ella sola se murió. Esa España que señala con el dedo acusando de nacionalistas a los demás, mientras confunde el castellano con el español. Es como si yo me planto en el centro de Edimburgo y le pregunto a un amable escocés: “Excuse me, sir. Do you speak british?” Las carcajadas se oirían en Gales (y sin traducción al gaélico).
Esa España es la que no ha aprendido aún que hay lenguas, culturas y maneras de vivir diferentes. Y no lo piensa aprender. Resistencias las hay en todas partes. Sin ir más lejos, yo también las viví de pequeño, con lo de “charnego”. Bien, pues hoy la más alta autoridad en Catalunya es un “charnego” y, aunque no le voté ni lo haré nunca, me parece un elemento de normalización muy importante. Si fuera una “charnega” aún lo consideraría más importante, pero a eso aún no hemos llegado.
Pero no es solamente ese desprecio a todo lo que no sea “español” lo que me molesta. Me molesta que la tierra en la que he crecido, donde he convivido con gentes venidas de muchas partes de esa España, sea vilipendiada un día tras otro. Nos llaman insolidarios, que es la versión pulida del estereotipo de tacaños. No se dan cuenta de que están llamando insolidarios no solo a los que ellos consideran catalanes, sino a mucha gente que siguen sin considerarse catalanes, que vinieron de Murcia, Andalucía, Galicia, Aragón, y que ven como se les agravia y se les insulta. Esos sin cuyo concurso Catalunya no sería el motor que ha sido todo este tiempo. Esos que vinieron porque no podían sobrevivir en su tierra y se trasladaron para encontrarse bajo el techo de una barraca o, en el mejor de los casos, en unas viviendas creadas como “ghettos” para que no se mezclaran con los autóctonos. Esos mismos que, cuando vuelven al pueblo de vacaciones, se encuentran con que les hablan allí de una Catalunya que sólo existe en su imaginación o en las páginas de algunos diarios o en las bocas de algunos vociferantes comunicadores de radio o televisión. “En Catalunya (bueno, ellos lo pronuncian con ñ, que es más español) insultan y odian a los españoles (entiéndase andaluz, o aragonés, o gallego… ¡y después no se consideran nacionalistas!)”. Pues no, mire usted, básicamente porque hay muy pocas personas en Catalunya que no tenga vínculos con alguien “español”, bien sea por familia directa, bien sea por matrimonio, o bien por patrimonio, que de todo hay. Y, todo sea dicho, porque cada día aprendemos un poco más que para definirse no es necesario negar o menospreciar a nadie. ¿Que hay tarados? Sí, como en todas partes.
¿Por dónde iba? Ah, sí. Probablemente a estas alturas os preguntaréis, ¿cómo puede alguien declararse apátrida e independentista? Bueno, pues porque en algún sitio ha de vivir uno que se considera apátrida, y se da la circunstancia de que vivo en Catalunya. Y estoy harto de pagar peajes en autopistas, de sufrir unas infraestructuras ferroviarias deficientes, que el aeropuerto de Barcelona no pueda ser transoceánico, que la lengua autóctona se menosprecie, que un gobierno central tras otro no inviertan lo que han de invertir… mientras se me pide que siga pagando mis impuestos y me llaman egoísta. Da igual si me considero catalán, español, apátrida, ciudadano del mundo, hámster u hortensia de color azul: me toca, y mucho, las gónadas. En sentido figurado, se entiende.
No me gusta quedarme donde no soy bienvenido y mucho menos donde se me insulta, pero tampoco me da la gana irme y dejarlo todo. Hubo un tiempo en el que creí que la pedagogía era importante, pero me he cansado. No necesito acudir a la historia, ni blandir la lengua como un arma, ni apelar a la testosterona. Si tengo oportunidad, me iré a vivir a cualquier otro sitio donde me pueda sentir más a gusto (o menos a disgusto, como se quiera ver). Pero mientras viva aquí, seguiré pensando que Catalunya, en este momento, tiene un serio problema con eso que viene a llamarse España, esa España que tan bien definió Rubianes. Por supuesto que en Catalunya también tenemos mucha mierda por barrer, pero precisamente por eso no necesitamos que nadie nos tire la suya mientras barremos la nuestra. Si me queda tiempo, fuerza y ganas, no tendré ningún problema en ayudar al vecino a arreglar su casa, pero no tiene ningún derecho a exigírmelo. La solidaridad no se impone; es una iniciativa personal e intransferible.
Además, si yo tuviera un vecino que me cae mal y que quiere irse del edificio, sinceramente, le pondría todas las facilidades para que se fuera. A menos, claro está, de que mis intereses sean otros.
Creo que ese Estatut cuya constitucionalidad se discute es algo descafeinado, y nada tiene que ver con lo que salió del Parlament de Catalunya. Tampoco creo que la Constitución sea algo inmutable, ni tan sacrosanta como la quieren vender, pero es un fruto más de una transición hecha con y desde el miedo, y quienes menos dispuestos estaban a los cambios son ahora quienes más se aferran a ella.
No sé si la dignidad de Catalunya está en juego, la verdad, pero estoy firmemente convencido de que hay que dar un puñetazo encima de la mesa de una vez y prepararnos para decir “adiós, y gracias por todo (o por nada)”. Con el diálogo lo único que hemos conseguido es que nos gritaran y, en el mejor de los casos, nos mintieran y nos volvieran a acusar de insolidarios. Eso sí, jamás se han olvidado de pasar la factura.

Probablemente si hubiera nacido en Escocia sería independentista escocés… y apátrida. Pero mientras viva en Catalunya y mientras siga triunfando ese concepto de España que desprecia y envidia cuanto ignora seguiré defendiendo que la mejor opción política para Catalunya es la independencia.

Sin acritud.

Wednesday, 25 November 2009

Any way the wind blows…

18 años sin él son demasiados años.

Para quienes hoy cumplen 18 años es apenas uno de esos nombres que habrán oído de casualidad, o lo habrán leído en los créditos de ese engendro musical que se han sacado de la manga para seguir ganando dinero. Para quienes disfrutamos de su música, es mucho más que un buen cantante.

Era un showman, un provocador, un transgresor, el mejor frontman que haya tenido jamás una banda, dotado de un registro fabuloso (falsete incluído) y una voz potentísima en los medios, un pianista y compositor con un gusto excepcional y una capacidad para integrar diferentes estilos en una misma canción.

Pero era mucho más que eso. Sólo hace falta repasar las letras de sus canciones, o leer la historia de Queen. Su histrionismo lo reservaba para el escenario, lejos de las miradas y las críticas, ausente de las peleas de egos. A diferencia de muchos otros falsos ídolos de la música, no se hizo famoso por morirse pronto, ni por ser un producto de márketing, ni por supuestos romances. Creo que ni siquiera era famoso, sino popular. A él no le componían las canciones, no le diseñaban el vestuario ni le montaban coreografías.

 

Farrokh Bommi Bulsara vivió toda su vida anhelando una sola cosa: que le quisieran. No sé si lo consiguió de la manera que él quería, pero sí sé que el 25 de noviembre de 1991, a eso de las 7 de la mañana, escuché la noticia en la radio y bajo la ducha, en silencio, por primera y única vez en mi vida, lloré por la muerte de alguien a quien no conocía. O sí. Después de todos estos años aún no sé si lloré por él o lloré por mí.

Me ha costado decidir qué canción poner; hay mucho donde elegir. Al final he recordado una que me llegó al alma la primera vez que la escuché. De esos flechazos que uno tiene de vez en cuando y que no aparecen en la lista de sus mayores éxitos. Por otro lado, os invito a que busquéis el vídeo de “Radio Ga-Ga”, en directo, Wembley, 1986. Sinceramente, si en el estribillo no se os pone toda la piel de gallina es que no tenéis sangre en las venas o, simplemente, es que no sabéis de qué os he estado hablando.

 

 

“I’m just a singer with a song…”

 

 

All dead, all dead – Queen

Sunday, 22 November 2009

Mea maxima culpa

Hace unos días publiqué un post. Asociaba canciones de mi vida a momentos especiales, la mayor parte de ellos vividos con mujeres, aunque no todos.

Alguien me ha recordado que lo que “pudo ser y no quisimos” no fue así. Pudo ser, sí, pero fuí yo quien no quiso. Era todo muy difícil, muy complicado. Tanto como estar enamorado de dos mujeres, y ya comenté en otra ocasión que no suele acabar bien. Tuve que escoger. No os diré si ahora haría lo mismo, porque eso es jugar con ventaja y pretender quedar bien. Hice lo que hice porque siempre me ha gustado acabar lo que empiezo. Hasta el final, aunque me duela.

Siento mucho que lo escrito haya hecho daño, de verdad. Lo siento muchísimo. He hecho cosas en mi vida de las que no me siento orgulloso. A veces, cuando lo que pretendes es no hacer daño a alguien acabas haciendo daño a mucha más gente. La vida no es inocua. Yo tampoco.

No me gusta el concepto de culpa; prefiero el de responsabilidad. Yo soy el responsable de lo que hice y, también, de lo que no hice. Y con eso tendremos que vivir.

 

No sé qué hubiera pasado, pero sí sé que eso es precisamente lo que nos ha hecho inseparables.

Hasta el final, aunque nos duela.

Monday, 16 November 2009

Un día sin comer

Siguiendo la iniciativa de Donaire, me apunté a un día de ayuno como gesto simbólico. No tiene mérito alguno, pues no tengo obligaciones laborales y eso lo hace algo más llevadero. Por contra, esa sensación casi permanente de hambre me ha permitido pensar (es un decir) en las cosas que damos por hechas, pero que no son tan obvias.

Algunas reflexiones:

  • Mil millones de personas pasan hambre. Curiosamente, en el mundo occidental, la obesidad empieza a alcanzar cifras alarmantes. He recordado una pintada en una pared hace años: Medio mundo se muere de hambre y el otro medio por adelgazar.
  • Millones de personas, al despertarse, no saben si comerán. Nosotros podemos elegir el menú.
  • Se incentiva económicamente desechar alimentos o no producirlos. Con los impuestos de todos subvencionamos que se destruya comida,  y después se supone que también debemos destinar parte de los impuestos para paliar el hambre en el mundo. O nos hemos perdido en algún punto del razonamiento o, simplemente, somos gilipollas y pagamos por una cosa y por la contraria.
  • Compramos y consumimos productos del otro extremo del planeta, con la carga medioambiental que supone el transporte. Los grandes beneficiados son los intermediarios, no los productores.
  • Los países en desarrollo o subdesarrollados son, en muchos casos, vertederos de los desarrollados, contaminando sus tierras, pastos y aguas. Aunque parezca mentira, muchos de esos países ven también esquilmados sus recursos, gracias a una macabra simbiosis entre grandes capitales y gobernantes, todo ellos parásitos sin escrúpulos.
  • Un puñado de empresas controlan más de la mitad del mercado comercial de semillas, curiosamente las mismas empresas que controlan la casi totalidad de productos agrotóxicos.
  • Se especula con la comida por motivos económicos, y eso da una idea del grado de perversión al que puede llegar el ser humano. Un ejemplo: en Afganistán existen los señores de la droga, los de la guerra… y los de la ayuda (humanitaria, se entiende), entre los cuales, al parecer, se cuentan familiares y allegados a Hamid Karzai, presidente del país con el beneplácito de las potencias occidentales.

 

Resumiendo: el 20% de la población tiene acceso y consume el 80% de los recursos del planeta.

He pasado el día bebiendo agua y alguna infusión, para intentar aliviar el hambre. Y he recordado que para mí es tan fácil como abrir un grifo o una botella de agua, mientras que millones de personas no tienen acceso al agua corriente y, en muchos casos, ni siquiera potable.

 

Yo formo parte de ese 20% privilegiado. Y tú, si estás leyendo esto, también.

 

Hoy no te pido dinero, sólo que te tomes un cuarto de hora para mirar atentamente el vídeo siguiente y después, siguiendo a tu conciencia o a tus vísceras, pinches o no en el enlace de la columna derecha. Muchas gracias.

 

 

Saturday, 14 November 2009

¿Te acuerdas?

“Wakin’ up on monday morning. Sunday’d been and gone…”
Horas y horas escuchando música, viendo videos musicales, tirados en el sofá, comiendo cuando queríamos, durmiendo cuando podíamos. Siempre esperando que el lunes no llegara jamás y los dieciocho llegaran enseguida para marcharnos lejos. Muy lejos de allí.
“You get a shiver in the dark, it’s raining in the park but meantime…”
Todas aquellas noches insomnes, el frío de la madrugada junto a la ermita, mirando al mar, esperando el primer rayo de sol mientras apurábamos los cigarrillos sin filtro que nos entusiasmaban. En la radio del coche, aparcado unos metros más abajo, sonaban Dire Straits y soñábamos con Londres y el viento meciendo el Cutty Sark.
“…It’s a wonderful, wonderful life…”
Las partidas de dados en el jardín. Tú me mirabas a mí y yo la miraba a ella. Ella se fue con el pijo estirado que miraba por encima del hombro. Siguen casados y con tres hijos. Tú te emborrachaste conmigo, me llevaste a casa y te quedaste a dormir. Yo fingí que te quería, y tú fingiste creerme.
“Y desde esta curva donde estoy parado me he sorprendido mirando a tu barrio…”
Más noches. En la ciudad. En la misma curva. En un coche con las ventanas llenas de vaho. Pero no miraba a tu barrio, sino entre tus pechos, mientras intentaba desabrocharte el sujetador en el asiento de atrás y tú me susurrabas al oído que no me querías, pero que jamás te olvidaría. Frío y escarcha. Tentación de cerezas en diciembre.
“Surge la escena en un salón. Niñas en promoción. Momias poniendo precio. Ambigüedad”
Cuatro tipos tocando y siete personas mirando. Los ensayos, los pocos conciertos, las ganas de vivir, la adrenalina convirtiendo el estómago en una montaña rusa, las cervezas, los porros, las risas. Improvisación. Tu risa tímida y tu rubor. Mi petate y mi guitarra. Mi pelo largo y mi mala leche.
“We were alone and I was singin' my song for you”
No nos queríamos, pero estábamos solos y dos soledades se acompañan aunque sólo sea por un trecho del camino. Una tarde me di cuenta de lo que no quería y esa misma noche te dije que se había acabado.
“Nothing in the world prepared me for your heart”
¡Cómo llovió aquella primavera! El perfume del pittosporum caminando hacia el metro. El incienso, las velas, el vino, la rosa en el desayuno, hablar durante toda la noche mientras me acariciabas los brazos. ¡Cómo llovió!¡Y cuánto lloré! Cuando te fuiste y cuando me marché.
“…No echo al fuego ni uno solo de los besos que me diste”
La foto que me regalaste. La única que tengo de ti. Jamás he visto unos ojos más bellos con una mirada más triste. Tu rosa a las siete de la mañana el día de Sant Jordi, tu manera de abrazarme, mi hambre de ti. Los besos furtivos, apasionados, que nos dolían, que nos revivían. Mi piel añorándote por las mañanas. Y tu mirada, siempre tu mirada.
“Sorry, is all that you can’t say”
No debimos volver, y lo sabíamos, pero quisimos creer que no era así. Tú buscabas un padre para unos hijos que no estabas segura de querer, y yo buscaba quien me quisiera. Había tanto sitio en tu corazón como en tu armario.
“Moi je n'étais rien et voilà qu'aujourd'hui”
Los paseos por las Ramblas, las escapadas de los viernes, los fines de semana alternos, los planes arruinados a última hora. Y yo mirándome en tus ojos para descubrir quién era realmente. Los planes de futuro, hacer el amor escuchando las olas, verte dormir. Una ausencia, tiempo de silencio, una razón, mil perdones. Una sonrisa y el tren de vuelta a ninguna parte.
“Hey you, out there in the cold, getting lonely, getting old, can you feel me?”
Nuestras discusiones, las idas y venidas, mi desesperación y tus lágrimas. Las llamadas esporádicas. Un “pudo ser” y un “no quisimos” “no quise”. Ni piel, ni deseo, ni carne, ni lamentos. Epístolas electrónicas para recordar lo que jamás tendremos.
“It's hard for me to love myself right now”
Jamás debí hacerlo. Hay puertas que deben cerrarse a tiempo, cajas que no deben abrirse y palabras que no deben decirse. Estaba convencido de que valía la pena, pero la realidad es tozuda, como tú.

“And I’ll dance with you in Vienna…”

Wednesday, 28 October 2009

Mierda

Perdonad por el escatológico título, pero es que no se me ocurre nada mejor. Le das una patada a una piedra o abres cualquier diario y te encuentras con un escándalo de corrupción, así que vayamos por partes.

  • Caso Millet. La historia de un prohombre que quiso hacerse un hombre de pro con la pasta de todos. No, no es eso lo que pienso. Creo que es un aprovechado más de la mal llamada sociedad civil catalana, la burguesía catalana de siempre, la que aplaudía desde la tribuna del Círculo Ecuestre cuando las tropas de Franco entraban por la Diagonal, a la que se le llena la boca de catalanismo mientras sigue haciendo negocios con la derecha españolista más rancia. Toda esa burguesía sabía lo que pasaba, o lo intuía, pero callaban por la sencilla razón de que, en mayor o menor medida, todos tienen algo que esconder.
  • Caso Gürtel. La historia de unos aprovechados que se acercaron al poder para llenarse los bolsillos. Como son chorizos, pero no idiotas, se dieron cuenta de que, subvencionando a sus amigos, se aseguraban el negocio durante largo tiempo. Sus amigos políticos estaban encantados con los regalitos y, además, les venía muy bien el dinerito para el partido, que ya se sabe que mantenerse en el poder sale caro, sobretodo cuando lo haces mal.
  • Casos de corrupción en ayuntamientos. El paradigma sigue siendo Marbella. Son múltiples historias de gente usa la política exclusivamente para enriquecerse en cuanto llegan a la poltrona, por pequeña que sea. Algunos incluso tienen la desfachatez de reconocerlo, como hizo en su día el dandy-hortera de Zaplana.

Todos esos follones y muchos más son consecuencia de la situación del país. Por un lado, sigue sin existir una financiación de gobiernos locales como es debido, por lo que los ayuntamientos se ven obligados a vivir de lo que les manda el gobierno central de turno. Como con eso no es suficiente, en época de bonanza han aprovechado para vender suelo edificable, lo que les ha convertido en los primeros especuladores, en algunos casos incluso han recalificado terrenos para así poder venderlos. Todo ese terreno permitía cobrar por permisos de obras, lo que les ayudaba a llenar las arcas. Como las cosas iban bien, los partidos en el poder seguían en ello. Mientras, los más listos de la clase aprovechaban para cobrar bajo mano, o para “sugerir” que los constructores “colaboraran” en el mantenimiento del partido. Los constructores no han dudado en untar a quien se dejara, porque también les ayudaba a seguir especulando, justificando el incremento del precio de las viviendas.

Por otro lado, la financiación de los partidos políticos sigue siendo de risa. A modo de ejemplo, cuando ERC protestó contra ciertos peajes de Catalunya se encontró con que la entidad bancaria que es accionista de la empresa adjudicataria de dichos peajes les recordaba que tenían pendiente un crédito con ellos. Desde entonces no he vuelto a oír a los de ERC montando protestas. Tampoco he visto que ningún gobierno meta mano en los fabulosos beneficios que se llevan los bancos, y encima les dan dinero público para que, teóricamente, lo inyecten en el mercado, pero me parece obvio que eso servirá para que las entidades bancarias solucionen sus problemas de liquidez. Visto lo visto, los aparatos de todos los partidos se buscan la vida para engrosar sus arcas, cobrando de donde sea y debiendo favores a los aprovechados de siempre. Si algo cuesta 2 millones, decimos que ha costado 5 y nos repartimos los 3 restantes.

Otro aspecto más es el de la falta de control sobre quienes han de rendir cuentas. Estar en un puesto de responsabilidad no es una patente de corso, sino asumir que se estará bajo el microscopio y que se ha de dar explicaciones de todo lo que se hace y se dice. Si eso no gusta, la alternativa es muy sencilla: no optar a ese puesto.

Las consecuencias son penosas. Los bancos siguen ganando dinero y encima se jactan de ello obscenamente, como hace el Santander. Los grupos privilegiados siguen callando para poder seguir mamando de la teta. Los partidos políticos siguen al grito de prietas las filas y acusando a los otros partidos de hacer lo mismo que ellos, siguen cautivos de los bancos a quienes deben dinero y siguen sin tener las agallas de hacer limpieza en su propia casa.

La gente sigue quejándose de que todos los políticos son unos corruptos, pero, según dice una encuesta, sólo el 24% de los consultados creen que la corrupción sea un problema, relegándolo al cuarto puesto.

Sé que esto no va a gustar, pero creo que la faceta inmobiliaria de esta crisis no es sólo un problema de que haya mil o cinco mil cabrones. El problema, además, es que ha habido quince millones de listillos que se han creído muy listos. Un ejemplo. Me quiero comprar un piso cuyo precio es de 40 millones. Cualquier banco serio me lo tasaría en 30 millones, y me daría, como mucho, el 80% de su valor, es decir, 24 millones (eso en España, porque en muchos otros países me darían, como mucho, el 60%), pero mi banco lo que quiere es tenerme pillado, así que no sólo me ofrece los 40 millones de hipoteca, sino que, con una gran sonrisa, me sugiere que podría aprovechar para amueblar el piso o para comprarme un pedazo de coche (de ahí la enorme proliferación de Porsche Cayenne y todoterrenos parecidos de alta gama), por lo que me ofrece una hipoteca por el 120% del precio (que no valor) del piso. Eso son 48 millones, es decir, el doble de lo que sería sensato. Es cierto que los bancos (y los empleados también, que seguro que cobraban comisiones) han hecho su agosto, que lo único que les importa es su cuenta de resultados y que son una pandilla de timadores. Es verdad que te dejan un paraguas cuando hace sol y te lo piden cuando llueve. Pero también es cierto que, como en el timo de la estampita, las víctimas suelen ser los que se creen más listos. Vamos, que el problema no es sólo que existan hijos de puta, sino que también existan tontos útiles que se creen listos.

Lo he dicho otras veces: somos un país de nuevos ricos, de listillos, de “yo soy más que tú”, el país donde el más tonto hace relojes de madera y encima presume de que funcionan. Cuando las cosas van mal, la salida es culpar a los otros en vez de asumir que uno ha vivido muy por encima de sus posibilidades. Lo peor de todo es que se ha perdido una generación, porque muchos jóvenes han crecido en ese estilo de vida. Por si eso no fuera poco, sigue habiendo mucha gente que no ha entendido el mensaje, y lo único que espera es que todo vuelva a ser como hace dos o tres años. Y así no hay quien salga de la crisis.

 

Hoy el cuerpo me pedía poner algo representativo de la época que hemos vivido, la de la recompensa inmediata, la de la falsa ilusión de que en cuatro días puedes ser alguien sin tener que esforzarte mucho, pero mi ordenador no admite búsquedas sobre canciones o videos de Operaciones Triunfo o similares. Además, ya que soy un desastre escribiendo, procuro que mi selección musical sea, como mínimo, decente.

 

No hemos aprendido nada. Seguimos queriendo ser más que el vecino y no nos damos cuenta de que, sin el vecino, no somos nada.

 

 

The Spirit – Magnum

Friday, 23 October 2009

Pescar a cañonazos

Me gusta el atún, sobretodo crudo. Los japoneses llaman toro a la ventresca de atún, y el sashimi de toro es, a mi parecer, una delicia, especialmente si lo comes en Wakasa (Natsu y Taka hacen que cualquier otro restaurante japonés quede como un aficionado).

Lastimosamente, los precios que pagan los japoneses por el atún son tan altos que los pescadores se han vuelto locos, hasta el punto de que el atún está desapareciendo en el Mediterráneo por las capturas masivas, perjudicando gravemente prácticas artesanales como la almadraba, sostenibles y respetuosas con el medio.

Y, por otro lado, los que se lo pueden permitir, parten a tierras (aguas, en este caso) lejanas para procurar pescar todo el atún que pueden. Algunos se llegan hasta las costas somalíes donde, al parecer, hay buenos caladeros de atún. Buenos caladeros y pocos pesqueros africanos, que eso es importante. Y nula vigilancia por parte de las autoridades('?) somalíes, con lo que resulta muy fácil excederse, bien sea con la pesca o con los vertidos de residuos de todo tipo, que emponzoñan las aguas y, gracias a las corrientes y a algún que otro tsunami desafortunado, han hecho que sea casi inviable la pesca de bajura en un país donde ya resulta muy difícil cultivar la tierra, porque llevan años de conflictos armados.

Mirad, me sabe muy mal que hayan pillado a ese atunero, pero me niego en redondo a que ningún gobierno pague rescate alguno. Es más, me cabrea enormemente que estemos pagando una pasta indecente para proteger a esos barquitos. ¿Acaso esos barcos son públicos?¿Acaso no son beneficios para una empresa privada? Pues que se lo paguen ellos. ¿Que quieren permitir que lleven mercenarios a bordo? Pues perfecto, siempre que se ajuste a la legalidad (y si no, ya lo arreglarán para que se ajuste). Eso sí, me gustaría saber a qué empresa o empresas venden esos tipos el atún porque no pienso comprarles absolutamente nada, de la misma manera que he dejado de consumir atún crudo.

Vale, lo sé. Mi actitud, aisladamente, no cuenta para una mierda. Setenta u ochenta latas menos de atún al año no es una gran pérdida para una conservera, pero para mi conciencia es un enorme alivio. Hay diamantes de Sierra Leona, y ahora atún de Somalia. Los primeros no los compraría aunque pudiera. El segundo, pudiendo, me niego a comprarlo.

 

Muriendo a miles en Somalia, me parece incluso obsceno perder el tiempo con este tema. Si quieren peces, que se mojen el les den por culo.

 

Nkosi sikeleli afrika

 

 

Homeless – Lady Smith Black Mambazo

Wednesday, 7 October 2009

Cómo enamorarse en plena crisis vital.

Era el tema que proponía Enma hace unos días, y que, de una manera muy elegante a la par que contundente, me recuerda. Añadía lo de “Estudio pormenorizado sobre un enamoradizo irredento, o sea, tú” (entendiéndose por “tú” al autor de este escrito, o sea, yo). A riesgo de extenderme en demasía, me gustaría dividir este estudio en dos fases. La primera dirigida a aclarar que no soy un enamoradizo irredento, y la segunda a la cuestión de cómo enamorarse en plena crisis vital.

¿Soy un enamoradizo irredento? ¿Soy enamoradizo? En caso afirmativo, ¿soy irredento?

La RAE define enamoradizo o enamoradiza como “propenso a enamorarse”; enamorarse como “prendarse de amor de alguien”; y amor como (entre otras acepciones) “1.- Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.|2.- Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.|3.- Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo.”

De las acepciones de amor anteriormente citadas me gustaría extraer y comentar ciertas frases:

- “Partiendo de la propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”. Dejando de lado que esa definición también podría ser aplicable a una relación simbiótica o parasitaria, yo añadiría: “u otros seres”. Hay muchos tipos de amor, no sólo el romántico. Pero, aún en ese caso, uno puede enamorarse de dos personas a la vez. Y, como dice el bolero, no necesariamente estar loco. Aviso: no suele salir bien. De todos modos, me interesa especialmente la expresión “Partiendo de la propia insuficiencia”.

- “Sentimiento hacia otra persona que (…) nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.” ¿Es la persona quien nos completa, alegra, etc.? No. Es el sentimiento lo que nos completa, alegra y demás. De hecho, la persona puede estar en la más absoluta inopia, o puede conocer nuestro sentimiento y no correspondernos. Mientras el sentimiento exista, nos sentiremos completos, alegres y tendremos energía para convivir, comunicarnos y crear. Curiosamente, puede que lo de convivir y comunicarnos sea con nosotros mismos. A veces, enamorarse nos abre ventanas, permite puntos de vista que no siempre somos capaces de asumir, y nos permite entendernos y asumirnos mejor como personas. Aunque también es cierto, como explicaré más tarde, que, para que se enamoren de nosotros, hemos de “manifestar” que nuestras ventanas están abiertas.

- “(…) afecto, inclinación y entrega a alguien o algo”. Aquí me detengo en el concepto de entrega. Si os habéis fijado, en la parte derecha de este blog, justo debajo de la cabecera, hay una frase: “And it’s only the giving that makes you what you are”, que puede traducirse como “Eres lo que das”, aunque yo preferiría una forma más literal como “Es sólo la entrega lo que te convierte en lo que eres”. Para quienes gustéis de la poesía en inglés, me permito recomendaros la canción que me inspiró este blog: Wond’ring aloud (con los comentarios sobre la canción aquí)

Así pues, tomando los conceptos en negrita, podría definir enamorarse como un sentimiento de entrega ante la propia insuficiencia. Esto lo retomaré en la segunda parte de este estudio.

En cierta ocasión, un amigo me definió como un “individuo de los afectos”, indicando así que, de alguna manera, me mueve más la emoción que la razón. No ha mucho, un maestro me regaló una enseñanza que procuro compartir siempre que puedo: No escogemos en quién depositamos nuestros afectos. Asumo ambas afirmaciones: soy un individuo de los afectos y no escojo en quién los deposito. No estoy afirmando en modo alguno que el destino escoja por mí, sino que no lo hago de manera consciente, como algo muchísimo más primitivo, más intuitivo, más inconsciente, si se me permite tal expresión. Pero añado algo más: no lucho contra mis afectos. Puede parecer una afirmación gratuita, pero, ¿quién no ha pretendido alguna vez no amar a alguien, o no ha intentado luchar contra sus sentimientos? Bien sea porque no es la persona “adecuada”, porque no es la situación “adecuada” o porque no es el momento “adecuado”. Desde hace ya unos años, asumo que la persona es la que es, con sus particularidades, que la situación es esta y el momento es ahora. Quizá la persona está casada, vive en la otra punta del país y resulta que estoy en pleno proceso de irme a vivir a otro continente. Nada de todo eso hará menor mi afecto. Podré decidir dejarlo todo y cambiar mis planes, esperándola, si es que veo alguna posibilidad. O podré seguir con mis planes y marcharme como tenía previsto. Sea como sea, mi afecto, mi amor, seguirá siendo el mismo. De nada me sirve argumentar en contra, porque, de acuerdo con Blaise Pascal, “el corazón tiene razones que la razón no entiende”. Aún a diez mil kilómetros de distancia, mi afecto seguirá existiendo, y se extinguirá a su propio ritmo.

Así pues, no puedo considerarme enamoradizo en el sentido de la propensión al sentimiento, pero sí en la medida que no lo oculto ni pretendo hacer como si no existiera. Cuando surge lo vivo, para bien o para mal, procuro disfrutar lo bueno que me aporta y asumir que también habrá una cierta dosis de dolor.

Lo de irredento será más breve de argumentar. No se trata de una postura en la cual me enroque. No creo que tenga que redimirme, en la medida que no es ninguna culpa ni, mucho menos, un pecado. Es, simplemente, mi naturaleza. Cada uno es como es y yo soy así.

Cómo enamorarse en plena crisis vital.

Retomo mi definición (hecha a base de retales) de enamorarse: sentimiento de entrega ante la propia insuficiencia.

Sí, es cierto que estoy en plena crisis vital. He tenido seis meses para pensar en lo que quiero ser cuando sea mayor. Quizá en los últimos años había caído en una dinámica de “hacer cosas” para “ser algo”, y el planteamiento ha de ser al revés: soy alguien, y ese alguien hace cosas. Lo que sea, mientras no deje de ser ese alguien. Y si, por esas cosas de la vida, dejo de ser ese alguien para convertirme en otro alguien por la simple razón de que me gusto más de otra manera, pues ese nuevo alguien hará otras cosas. Evidentemente, todo eso tiene un precio, pero a estas alturas creo que ya lo he asumido. Hay quien asume que pagará una hipoteca toda su vida porque su ilusión es tener una casa. Hay quien asume que vivirá toda su vida con alguien porque teme estar solo (en ocasiones, solo consigo mismo). Yo he asumido que nunca seré nada porque… porque soy como soy. Soy incompleto, insatisfactorio, insuficiente, contradictorio,… Pero también me ilusiono, y esa ilusión me “completa, alegra y me da energía para convivir, comunicarme y crear”. ¿Os suena?

Sabes que me he tirado a muchas piscinas, sin preguntarme si había agua o no. Me ha costado más o menos salir de ellas, pero he salido. Casi siempre ayudado por mis amigos, eso sí. Lo que he descubierto en todas esas veces es que no hay nada que me haga sentir más vivo que el momento de coger carrerilla y saltar desde el trampolín. Vale que te puedes dar una leche de impresión, pero digo yo que, por pura estadística, algún día habrá algo más que un palmo de agua. Y si no la hay al menos seguiré saltando.

Entonces, ¿cómo enamorarse en plena crisis vital? Pues, sencillamente, dejando que suceda. Es tan buen momento como otro cualquiera. A la sensación de provisionalidad, de fragilidad, se le añade ese “sentimiento de entrega”. Nada tienes que perder, pues, de hecho, sientes que nada tienes. Y en esa nada todo cabe. Qué mejor que sentirte lleno de esa sensación de abandono, de entrega, de rendición. Te hace sentir muy libre y, curiosamente, te proporciona una cierta clarividencia alejada del miedo a la pérdida.

La cuestión realmente enigmática, mi querida amiga, es cómo alguien puede enamorarse de una persona que está inmersa en plena crisis vital. Pues quizá al no obstinarnos en cerrar unas ventanas que airean el ambiente y oxigenan los pensamientos, que nos proporcionan empuje para atrevernos a hacer todo eso que no haríamos en otras circunstancias, permitimos que otros miren en nuestro interior. Los momentos de crisis son momentos de cambio; no se ven las cosas igual cuando uno está escondido tras las cortinas de la autosuficiencia y los visillos del conservadurismo. Si permitimos que esas ventanas permanezcan abiertas estaremos mandando una clara señal de que no nos atenaza el miedo. Y esa señal es tremendamente atractiva. Quizá no lo sea para quienes “hacen cosas” para “ser algo”, pero sí para quienes se atreven a lanzarse a una piscina.

Lo que no puedo decirte es por qué ella se ha enamorado de mí, Enma: no lo sé. Se lo tendrás que preguntar tú misma.

Saturday, 3 October 2009

Sugerencias, sugerencias

Jafuda aprovecha que BrownieMan ha abierto del fuego de las consultas para plantear las suyas. Estoy encantado de responder (hasta donde yo sé), pero empiezo a preguntarme si no me equivoqué; me está entrando una especie de complejo de Sra. Francis. En fin, vamos allá:

1.-¿Los estudios de mercado encargados por la Generalitat y el ayuntamiento de Barcelona son tan necesarios?

En general, los estudios de mercado para lo que suelen servir es para confirmar una idea que ya tenías, pagar una pasta por ello (normalmente a las mismas empresas casi siempre) y así justificar unos gastos que no tendrían por qué ser tan elevados. Una alternativa sería solicitar esos estudios a otras empresas públicas, por ejemplo las universidades. De esa manera el dinero público se reinvertiría en otras instituciones públicas. Eso no pasará, porque me da en la nariz que algo de eso se utiliza para pagar favores, financiación irregular de partidos políticos y/o algunos chanchullos más por el estilo.

2.-Si mis vecinos son de Logroño y celebran San Mateo por todo lo alto (sobre todo en lo que a volumen musical se refiere), ¿por qué hacen lo mismo con la Mercé?

Puede haber dos explicaciones: a) Tus vecinos son gente enrollada que pretenden integrarse lo antes posible, y la mejor manera es hacerlo por la vía lúdico-festiva, y b) Tus vecinos son sordos.

3.-¿Porqué los Manel tiene tanto éxito si no se entiende lo que cantan?

Entender lo que cantan no es óbice u obstáculo para que alguien triunfe. De hecho, si el grueso de las y los fans entendieran las letras de Madonna, Michael Jackson y tutti quanti seguro que no tendrían tanto éxito. Por cierto, ¿quiénes son los Manel?

4.-¿Qué es la bistronomia? ¿Es necesaria para superar las tapas de tortilla, almejas, chipirones o jamón serrano?

La bistronomía viene a unirse a la moda de ponerle palabras nuevas a cosas que han existido siempre. Siempre ha habido casas de comidas donde se come mejor y donde se come peor. Que ahora algunos pretendan recuperar eso, ponerle un bonito nombre y aprovechar la circunstancia para subir los precios me parece lamentable, pero hay mucho tonto suelto con ganas de pagar de más y encima presumir por ello. Para superar las tapas de tortilla, almejas, chipirones, jamón serrano y demás lo único necesario es una buena jarra de cerveza. Si las tapas son abundantes, te pides muchas y encima es para cenar, también puede ser necesario un Almax por la noche.

Lo que no entiendo es por qué un tio inteligente, culto, viajado, sibarita y con ese arte que tienes para contar tus experiencias se atreve a preguntarme estas cosas a mí, arriesgándose a obtener respuestas goliárdicas. ¿A ti te va la marcha, no, Jafuda? Cualquiera diría que no me conoces.

Sea como sea, muchas gracias por jugártela. Para mí es un honor.