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Friday, 22 June 2007

Perder el Norte

 
Hoy he tenido un pequeño problema con mi navegador. Resulta que buscaba una dirección que existe físicamente, pero no consta en los mapas instalados, ni tampoco en las guías de calles. Al final he podido encontrarlo con la ayuda de un compañero que me ha dado alguna referencia útil.
 
Al volver a casa he decidido empezar a organizar las cosas que voy a guardar, las que voy a tirar y las que me voy a llevar de viaje, y he encontrado una brújula que me regaló mi última pareja. En un ejercicio de nostalgia, he abierto la caja de metal y he empezado a jugar con ella, dando vueltas. De pronto, me he dado cuenta que la brújula no funcionaba bien, marcaba justo al revés: el Este donde está el Oeste, el Norte donde está el Sur. Tal como acabó mi relación con quien me la regaló, tengo la tentación de pensar que lo hizo con toda la intención del mundo: así no hay manera de encontrarse. Quizás funcionó mientras yo creí que mi Norte estaba al Sur. Sea como sea, aún me estoy debatiendo entre tirarla por inútil (la brújula) o guardarla por nostálgico (yo); lo que es seguro es que no me la llevaré.
 
A veces sabemos dónde queremos llegar, pero no sabemos cómo. Otras veces sabemos cómo llegar, pero no sabemos dónde lo haremos. Tendremos suerte si no perdemos demasiado tiempo o fuerzas en ello, o si, aunque nos perdamos, lo que aprendemos en el camino vale la pena. Pero sin alguien que nos guie, que nos ayude cuando nos sintamos perdidos o que nos haga ver (aun a nuestro pesar) que estamos equivocados, el viaje no acabará bien. Porque ese alguien es quien, con toda seguridad, nos estará esperando sea donde sea que acabemos, y será quien nos tienda la mano y nos ayude a volver cuando nos hayamos perdido definitivamente. Sin quejas, sin reproches.
 
Me han dicho que mi modelo de navegador no funciona en México, pero no me preocupa: mis amigos siguen teniendo el mismo número de teléfono.