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Sunday, 5 August 2007

En tránsito

 
El portátil sigue haciendo el tonto. Ha aguantado 36 horas sin apagarse y descargando archivos, pero me parece que se apagó en cuanto dejó de descargar. No lo entiendo, la verdad. A veces parece que funciona perfectamente y otras se apaga en menos de 3 horas. Eso sí, se sigue calentando muchísimo y sigo sin entender la razón.
 
Le pasa como a mi corazón, que últimamente tiene unos vaivenes importantes. Siempre ha sido de sangre caliente y reacción fácil, pero anda algo inquieto, y tampoco sé la razón.
 
No estoy seguro de haber hecho bien al decir a mis amigos que me iba. Creo que hubiera sido mejor dejarlo para un par de días antes. Quizás es que el retraso en la marcha lo está complicando todo. En las caras y en los comportamientos de la gente más cercana veo cierto miedo. La semana pasada una amiga me dijo llorando que tenía la certeza que no me volvería a ver más, que sabía que no volvería jamás a casa.
 
Ojalá yo supiera donde está mi hogar. Dicen que el hogar está donde se halla el corazón, donde cuelgas tu sombrero y no sé cuantas cosas más, pero yo jamás he sentido que tenía uno, y me gustaría conocer esa sensación. Siempre he vivido en un estado de provisionalidad, como si nada de lo que tuviera fuera a durar mucho.
 
Ando atribulado, cognitiva y emocionalmente. Ahora que no queda ningún obstáculo para irme y sólo falta esperar la fecha de incorporación empiezo a darle vueltas a algo tan básico e intrascendente como hacer las maletas. ¿Como coño mete uno su vida en dos maletas? Lo realmente importante no ocupa lugar físico, pero poco a poco voy descubriendo cosas que necesito llevarme y creo que necesitaré algo más de espacio.
 
Pues al mismo ritmo voy descubriendo cosas aquí. Objetos, momentos y personas que me atan, que hace unos meses hubieran hecho que no me planteara jamás irme a otro lugar. Pero debo hacerlo. No sólo porque objetivamente creo que es una buena oportunidad en mi vida, sino porque también necesito saber si todo eso que siento es cierto; si todos esos motivos tienen tanto peso o sólo soy yo y mi circunstancia quienes le estamos dando un peso específico emocional mayor.
 
La música puedo grabarla y llevarla en un disco duro; las fotografías, escanearlas; los libros puedo comprarlos allí (aunque tampoco leo tanto); la ropa... total, para la que uso también puedo encontrarla allí.
 
¿Como se lleva uno los abrazos, las sonrisas, las caricias? ¿Donde guardas un susurro a medianoche, un "te quiero" bajo la lluvia o un beso al despertar?
 
Sí, ya sé que parece el anuncio de las compresas, pero poneos en mi lugar por un momento. Queda muy bien decir que hay cosas que uno recuerda eternamente, pero todos sabemos lo frágil que es la memoria, que se deteriora con el tiempo. El único consuelo es pensar que lo olvidado ya no duele. A mi pesar tendré que confiar en el buen criterio de mi memoria y en la fortaleza de mi corazón.
 
 
Sabes que has llegado a casa cuando te ves reflejado en los ojos de quienes amas. Mientras tanto sigues siendo un extranjero, no importa donde estés. Debe ser fantástico poder ir donde te plazca, pero es muy duro sentir que uno no tiene un lugar al que regresar.