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Friday, 3 August 2007

No se puede tener todo, no

 
Ayer fue un día sencillamente fantástico. Ojalá hubiera sido una semana. Cualquier cosa que añada no lo mejorará, así que mejor me callo. Abajo os dejo unas fotografías. Creedme, no hacen justicia al lugar, entre otras cosas porque el fotógrafo es un negado.
 
Pero, claro, no podía faltar la de arena (muchas gracias a quienes me han dicho que la buena era la de cal; si me va mal con lo de la psicología en México siempre puedo dedicarme a la albañilería). A las 10 de la mañana me traen el portátil. El mensajero de DHL ya se sabe mi nombre, mi número de teléfono y el piso de memoria. Conecto el dichoso ordenador y lo dejo trabajando, a ver cómo se defiende...
 
Pues mal, se defiende mal. Fatal. Tres horas después mi fabuloso horno con internet, correo electrónico, reproductor mp3 y no-sé-cuantas-cosas-más decide que vuelve a apagarse. ¿No será que tengo un controlador aéreo infiltrado y se me está poniendo en huelga, ahora que es veranito? No, mucho más sencillo. Parece que sigue sin funcionar. Vuelta a llamar al servicio de atención al cliente. Ya estoy cabreado, así que el lunes nos pondremos serios con el tema. Por hoy mejor no seguir, que ya me tiene hasta la coronilla.
 
¡Ah! Una cosita más, así de pasada. El director del master me ha dicho que tengo que pasar por su despacho en septiembre... ¡¡Para recoger el título!! Si fuera tan maleducado como el niñato ese que conduce coches saldría gritando ''Toma, toma, toma!!", pero no estoy por la labor. Me siento demasiado contento y, además, la satisfacción es interior.
 
Muchas gracias a todos y todas las que me habéis ayudado y apoyado estos últimos tres meses mientras finalizaba los trabajos pendientes. Sé que he estado muy borde en algunos momentos (más de lo habitual, si es que eso es posible) y que queríais tanto o más que yo que los acabara (claro, si no los acabo no me puedo ir, y lo estáis deseando, pillines). Así que muchas gracias a todos y todas. Me he sacado una espina muy grande, eso también lo sabéis. Eso sí, sabed que si alguien se merecía que lo acabara ese es mi padre. Sin él no habría podido pagar jamás ni esos estudios ni muchos otros a lo largo de mi vida. Además, no ha dejado de insistir (a veces con mejor fortuna, y otras con peor) para que lo terminara. Es mi héroe. Lleva toda la vida batallando para hacerme un hombre de provecho y a estas alturas aún no se ha dado por vencido. Cuando sea mayor quiero ser como él.
 
No sé si algún día me atreveré a hablaros de mi padre o de mi abuelo, así que os dejo una canción que describe bastante bien lo que siento por ellos.