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Friday, 16 November 2007

En la sala de espera

 
Muchos días sin decir nada. No sabía qué decir y tampoco tenía demasiadas ganas de devanarme los sesos pensando en algo. Vamos, que estaba vago. Mejor dicho, lo estoy. No es que no haya noticias, pero es como si el tiempo se hubiera enlentecido. Como si nada se moviera. Así que casi mejor os hago un resumen telegráfico.
 
Mi corazón sigue bombeando fuerte, a veces demasiado. Uno hace planes y quiere ver las cosas de determinada manera, pero después la vida se encarga de cambiarte el menú. Bueno, pues en eso estamos. Por unos días en los que tenga que comer alcachofas no creo que me vaya a morir; es cuestión de taparse la nariz y tragar rápido.
 
Varios familiares de amigos muy cercanos andan con problemas graves de salud. Intento relativizarlo todo y no sobredimensionar más de la cuenta. Al fin y al cabo, ni soy médico ni puedo hacer nada por ellos, pero no puedo evitar preocuparme mucho. Mis amigos son importantes para mí. Muy importantes.
 
Después de más de un mes me han comunicado que me sustituyen el portátil. Bueno, más de un mes, varias llamadas y tres faxes enviados, cada vez con más mala leche. Salgo ganando ligeramente con el cambio, pero hubiera preferido no tener tantos follones. Ya sé que hablar de un portátil suena superficial, dadas las circunstancias, pero es uno de los temas que me agobiaban.
 
El tema de México es como una pesadilla. Si la propia idiosincrasia del país ya hacía difícil la situación, ciertos problemas personales de la gente de allí la han complicado más. Sé que lo mío es una gilipollez comparado con el panorama que tienen, y que puedo parecer tremendamente egoísta a los ojos de quienes conocen el asunto, pero no puedo evitar sentirme ansioso ante las continuas demoras. Esta permanente espera sin noticias me exaspera. No si lo habéis vivido alguna vez, pero no poder hacer planes a corto, medio o largo plazo me tiene muy descolocado y me agota cada vez más.
 
A finales de enero tengo que dejar el piso donde he vivido todos estos años en Barcelona, así que ya le he pedido a un amigo que me admita como okupa/refugiado. Odio haber llegado a este punto, pero es otra complicación más derivada del retraso en la marcha: los amigos tienen que comerse un marrón que no les tocaba, y aguantarme más de lo que ya hacen.
 
Todo junto no pinta muy bien, lo sé, pero tampoco es el fin del mundo. Algunos días me levanto cabreado; otros parece que veo las cosas de manera más positiva. No estoy para tirar cohetes, no os voy a engañar. Sólo quiero marcharme lo antes posible y empezar de nuevo, o lo que sea. ¿Os suena esa sensación de llegar a casa después de un día agotador, cerrar la puerta, apoyarse en ella, bajar la cabeza y soltar un soplido como diciendo: “Joder, ya era hora”? Para mí, esa puerta es la de embarque. Después vendrán otros problemas, pero serán diferentes.
 
 
No sé si me hago viejo o, simplemente, estoy cansado de los viejos problemas y necesito otros nuevos.
 
P.D.: Ya sé que visitáis con cierta regularidad este cutre-blog, y que mi inconstancia no es precisamente un incentivo, pero dejad algún comentario de vez en cuando. Puede ser anónimo, por si os apetece insultarme ;)