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Wednesday, 17 December 2008

No va más.

 

Confirmado: me he quedado sin trabajo. Mi jefe me ha dicho que no me renovarán, pero me parece que ha optado por una vía más fácil que la de despedirme directamente. Si nos atenemos a los resultados, las ventas on-line se han estrellado estrepitosamente y yo no he podido hacer nada por evitarlo. Los resultados mandan.

Pero me temo mucho que no es por los resultados. De hecho, he estado haciendo en la empresa de casi todo. Muchas veces apagando fuegos menores, a sabiendas que no era lo que me correspondía, que no era eso para lo que me habían contratado. Al menos mi jefe tiene la honestidad de reconocer que así era imposible dedicarme a lo que me tenía que dedicar. De ahí mi duda de que sean los resultados la razón de mi despido (dejémonos ya de eufemismos: dudo mucho que mi jefe aguante hasta el final de contrato sin decirme que no vuelva más). Más bien creo que soy un peón en una partida. Ese peón que se sacrifica para ganarla.

La verdad, me duele más la forma que el fondo. Ya sabía que si las cosas no iban bien esto podía pasar, pero me jode soberanamente que me vengan con mentiras y que utilicen a mis amigos para estas cosas. Mi jefe sabe que podía haberme despedido sin más razones que decirme que no soy necesario o que hay recorte de plantilla, pero ha preferido el juego sucio y la cizaña.

Siempre me han disgustado los cobardes, pero entiendo por qué hay tantos: sale muy barato serlo. Y ser cobarde sale barato por que ser valiente sale muy caro. Lo que suele pasar cuando das la cara es que te la parten. Sale muchísimo más a cuenta ir por detrás, soltar cuatro o cinco puñaladas traperas, sembrar la discordia y dejar que la duda haga el resto. Mientras, limitarte a mirar.

Bueno, me queda el consuelo de que, al menos, esta vez el cobarde haya tenido que dar la cara. Espero que no le salga gratis total; no por dar la cara, sino por esconderla tanto tiempo.

Y ahora a seguir luchando, que el mundo no se para.

 

Estoy seguro que entenderéis que no tenga muchas ganas de sonreír, pero prometo dedicaros mi primera sonrisa tan pronto como recupere las ganas.

 

¡Qué desilusión!, Leño

Friday, 12 December 2008

Pintan bastos

 

Creo que tardaré en escribir aquí. Hoy tengo una reunión con los jefes de la empresa, y con toda seguridad me van a despedir, así que no sé dónde estaré la semana que viene. Si puedo os iré contando cómo van las cosas, aunque para ser sincero, no tengo demasiadas ganas de escribir.

Sed buenos/buenas.

Thursday, 11 December 2008

El olor del dinero

 

Mi moto ya me ha dado la primera sorpresa. Era de esperar que tuviera algo tocado, teniendo en cuenta que era de segunda mano y ya tenía 3 años. La batería se ha sumado a la crisis y se ha muerto. La broma me ha salido por 70 euros, porque no la cubre la garantía. Como detalle, no me han cobrado la mano de obra. Algo es algo, aunque mi economía ha quedado bastante tocada. Cosas de tener un sueldo bajo.

De camino a casa el tiempo ha decidido darme otra sorpresa, y me ha obsequiado con una granizada espectacular en medio de una lluvia torrencial, así que ya me tenéis parado en un túnel de la Ronda Litoral, vistiéndome con el pantalon y la chaqueta impermeables. Total, para que al salir del túnel apenas cayeran cuatro gotas. Del granizo, ni rastro. He llegado a casa empapado, pero muy calentito dentro de mi impermeable de dos piezas.

La verdad, menudencias con las que está cayendo. Camino del taller, cuando iba a "asaltar" el cajero automático me encuentro con el siguiente rótulo en la puerta: "Aquest caixer romandrà tancat fora de l'horari d'oficina. Si us plau, feu servir el caixer situat a l'exterior". La entidad es la Caixa de Catalunya. Hace algún tiempo corría el rumor que "La Caixa", esa que sale tan bien parada en temas de ética bancaria, imagen y no sé cuantas cosas más, tenía detectores de calor en los cajeros. Si se mantenía la temperatura elevada fuera de horario oficina, especialmente de noche, era porque alguien estaba durmiendo en su interior. Insisto, era un rumor; quizás una leyenda urbana, aunque tengo que reconocer que me parece más que verosímil. No consigo encontrar una explicación respecto al cartelito de marras, si no es que quieren evitar que los menos afortunados pernocten en los cajeros.

Sinceramente, me parece una actitud asquerosa. Ya sé que los cajeros tienen una función que no es la de ser precisamente un albergue, pero sigue habiendo mucha gente en la calle. Cada vez más, al paso que vamos. Bueno, al paso que van las hipotecas. Y en estas fechas hace frío como para dormir en la calle. En varias ocasiones he entrado en algún cajero "ocupado". A veces el inquilino era un joven que se había bebido hasta el agua de los floreros, pero la mayoría eran personas sin hogar. Sí, muchas veces el lugar apestaba a humanidad, pero yo solamente había entrado a sacar dinero, no a quedarme. Mi gestión me lleva apenas unos minutos, así que es cuestión de tomarlo con resignación... o de seguir entrenando para batir el récord familiar de apnea cuando llegue el verano.

Sí, el lugar apesta. Nada que no pueda arreglar el jabón o la lejía. La pregunta que me hago es: ¿cómo se consigue disipar el hedor que desprende el origen de cierta parte del dinero que los bancos mueven? ¿Acaso no huelen muy mal también sus políticas de inversión (léase, especulación) que han llevado a una de las mayores crisis a nivel mundial?

Me jode que mi ciudad se haya convertido en un escaparate, que seamos un país de nuevos ricos, que seamos tan cretinos que hayamos confundido el valor con el precio. Pero nada me jode más que ver gente abandonada a su suerte en la calle. Gente sin recursos y, lo que es peor, sin esperanzas. Me jode enormemente que mi gobierno no haga nada, absolutamente nada, por desterrar el cuarto mundo de las calles del estado que gobierna. Y que no me diga nadie que mucha gente está en la calle porque quiere. Acepto que haya una parte de eremitas o anacoretas "modernos", pero dudo muchísimo que sean mayoría. Tiene cojones que el gobierno disponga de una cantidad de millones para los bancos para "paliar la crisis"... y que los bancos no se acojan a ellas para evitar la "mala imagen", según dicen los mentideros. La imagen de los bancos la tengo clara: ordeñar la vaca hasta la extenuación, sin darle de comer, hasta que muera de inanición, después vender la carne pútrida a bajo precio a quien está desesperado por comer, y con ese dinero comprar otra vaca a quien tenga la imperiosa necesidad de venderla.

 

A veces, vivir produce náuseas. Si a los banqueros les molesta el olor en los cajeros, que se jodan y destinen parte de los beneficios obtenidos por las hipotecas y por los créditos (obscenos beneficios, todo sea dicho) a comprar ambientadores de esos con forma de pino.

Thursday, 4 December 2008

Más mudanzas

 

Esta vez, virtuales. El formato de Windows Live no me acaba de convencer, así que estoy haciendo pruebas con Blogger. Si me gusta, me trasladaré. A ver si me instalan pronto la conexión de adsl en casa y puedo mantener el blog con cierta regularidad.

También puede ser que esté haciendo el tonto y que el problema sea yo. En ese caso la solución será un poco más difícil, porque no hay ninguna casilla que ponga "Borrar al usuario" y después puedas crear uno nuevo.

No os pongo aún la dirección. Si meto la pata de nuevo quiero que sea algo más íntimo, es decir: entre el ordenador y yo.

 

Can't stand the night, Accept

Thursday, 27 November 2008

Fuera de cobertura

 

Esto de vivir sin conexión se hace difícil. He optado por escribir cuando me queda un rato en casa y colgarlo cuando puedo conseguir conexión.

La verdad es que vivir en el Carmel es raro. Aún no me he acostumbrado al barrio, y creo que me costará. Mi amigo Gonzalo (que vive en el barrio dsde hace un tiempo) dice que se respira una cierta fatalidad, como si la gente creyera que, hagan lo que hagan, las cosas no mejorarán. Estoy de acuerdo con él. Cierto es que este barrio ha estado dejado de la mano de Dios durante años, y que el incidente del metro es como para dejar tocado al más entero, pero se respira una cierta fatalidad, aunque, curiosamente, no es un ambiente tan pesimista como cabría esperar. Lo dicho: raro.

Sigue teniendo un punto machista: cuando salgo de casa sólo veo madres llevando a los niños al colegio y, cuando vuelvo a casa, me encuentro con muchas de esas madres cuidando de los niños en la calle mientras el padre está en el bar. Claro que no es raro, ya que hay un bar cada veinte metros, más o menos. Se alternan los bares con las tiendas tipo colmado regentadas por pakistaníes (para los del barrio, moros igualmente). Oyes conversaciones en el bar de gente joven, acordándose de la señora madre del pakistaní, porque no cierra la tienda ni en domingo, mientras que los "españoles" (como ellos dicen) tuvieron que cerrar o malvender las tiendas. También despotrican sobre el resto de inmigrantes: que si los "guacamayos" (léase, sudamericanos en general) que ponen la música a todo trapo, que si los moros que venden droga, que si los chinos con la ropa y los CD y DVD pirata... Eso sí, en cuanto salen a la calle para liarse el porro (con el chocolate que le compraron al camello, sin importarles si era moro o no) se dan cuenta que no tienen papel de fumar y, a las 10 u 11 de la noche, van a la tienda del "paki" para comprar papel para liar, y mientras disfrutan del hachís hablan sobre la última película en DVD que compraron por 2 o 3 euros al chino o al negro subsahariano que pasan regularmente por los bares.

Bueno, no es para tirar cohetes, pero tampoco esperaba compartir piso y me voy acostumbrando. No es para siempre, lo sé, así que será cuestión de asumirlo curante un tiempo y buscar otra cosa cuando llegue el momento.

Mi petición de hace unas semanas no ha tenido demasiado éxito. De hecho, solamente una persona me ha escrito, y lo colgué convenientemente. Supongo que el resto de personas que entráis aquí de vez en cuando no tenéis nada que decir. O no queréis. En fin. Gracias, al menos, por leer.

 

Something for the asking, Black

Friday, 24 October 2008

Espejos y espejismos

 

Hola de nuevo.

Resulta que me he mudado y estoy sin conexión en casa. Entre una cosa y la otra tengo poco tiempo para escribir y menos para pensar.

Hace un par de días le daba vueltas a lo de verse a través de los ojos de los demás y recordaba que una amiga que estaba en terapia me pidió una vez que hiciera un escrito explicando cómo la veía yo.

Bueno, pues resulta que ahora soy yo quien necesita vuestra ayuda. No suelo pedir cosas así, pero os agradeceré mucho que me mandéis un escrito contándome cómo aparezco a vuestros ojos. Por favor, no tengáis miedo a ser crueles, si eso significa no mentirme. Como me parece que os pido algo que puede ser duro, en justa compensación prometo colgar todos los escritos que me mandéis en la carpeta pública, para que todo el mundo pueda ver todas las opiniones. Prometo no censurar nada. Por defecto, no pondré quién ha escrito qué; si queréis que aparezca vuestro nombre en cada escrito, decídmelo.

Por supuesto, si alguien quiere darme la opinión de manera anónima puede hacerlo en los comentarios de cada post, pero me parece muy poco espacio, a menos que tengáis muy poco que decir.

Decidme lo que queráis, pero, por favor, no me regaléis los oídos y os guardéis las críticas. Mi ego se pondría insoportable, y es lo último que necesito en este momento.

 

Necesito saber dónde acaba mi imagen en vuestro espejo y dónde empieza mi espejismo.

 

Hey you, Pink Floyd

Tuesday, 30 September 2008

Crisis? What crisis?

 

Sí, llegaron ya.

Hace mucho, mucho tiempo, cuando aún creía que me podía comer el mundo, pensaba que moriría antes de cumplir los cuarenta.

Pero no ha sido así.

No sé cómo he llegado, la verdad. Hubo un tiempo de excesos (muchos de los cuales jamás revelaré) en el que había motivos para pensar que no cumpliría ni los treinta.

Pero los cumplí.

Y hoy cumplo cuarenta. Cansado, ajado y en una época en la que no soy excesivamente optimista.

Pero también pasará.

Muchas gracias a quienes estáis a mi lado ahora y a quienes me acompañaron en uno u otro momento. Quizás no lo sepáis o no me queráis creer, pero en gran medida soy lo que habéis hecho de mí, lo que quisisteis que fuera, porque sólo soy capaz de verme a mí mismo a través de vuestros ojos.

Y si buscáis en vuestro fondo y sois honestos con vosotros mismos descubriréis que, más grande o más pequeña, lleváis una parte de mí. No os aseguro que os guste mucho lo que descubráis. Al fin y al cabo yo tampoco me gusto mucho en ocasiones.

 

Nos veremos pronto. O quizás no.

Besos.

 

 

I need you to turn to, Elton John

Friday, 29 August 2008

Tiempos "basura"

 

Extracto de una conversación real, os lo juro:

- Estoy buscando el último de Bustamante. ¿Lo tenéis?

- Pues no, lo siento. Los discos que nos quedan están en liquidación. No tenemos novedades.

- Ah, vale. No es "pa" mi. Yo oigo máquina.

- .....

- Oye, y esto que suena, ¿qué es?

- Pink Floyd

- ¡Buah, tio! Eso es muy viejo, ¿no? ¿Hay gente que escucha eso?

- Más o menos del año 1979, y aún se vende.

- ¡Pero si esa música tiene “mazo años”! Mis padres tienen un disco, creo. ¿Cómo puede haber peña que les guste y lo compren?

- Bueno, también se sigue escuchando a Bach, Mozart y Beethoven, por ejemplo.

- ¿Esos qué hacen?

Ese es el momento en el que uno se queda sin palabras, da media vuelta y se pregunta si no habría sido menos doloroso escoger una afición como la pesca con mosca, por ejemplo. Algo menos sujeto a las modas, más intemporal.

Me invade la tentación de tomarle el pelo y decirle: “Son un trío de DJ’s que están rompiendo en los clubs de Berlín, Copenhague y Moscú y que hace como 15 años que sacan recopilatorios de colaboraciones. Vamos, la caña. ¡Popper-house, techno-trip y Drum’n’Trash a tope! ¿No los conoces? Tío, bájate cualquier cosa de ellos. Por ejemplo: El Clave Bien Temperado, de Bach. ¡Alucinarás!”. Pero después pienso que tampoco es cuestión de hacer sangre. A la gente le gusta lo que le gusta, o lo que les dicen que les ha de gustar. Si no quieren descubrir cosas “nuevas”, es su opción.

Lo cierto es que vivimos “tiempos basura”, y no parece que las cosas vayan a ir a mejor. Se busca algo rápido, que satisfaga lo más primario, barato y que no te haga pensar. McDonald’s es un claro ejemplo. Tienes tu comida (es un decir) en menos de 5 minutos, te llena el estómago, no te arruinas y te lo sirven en bandeja (literalmente) ofreciéndote menús para que no tengas que escoger los complementos. Desde luego, olvídate de la calidad de la comida, o de que la relación calidad/precio sea penosa. No se trata de eso, no. Se trata de que pagues, comas y calles. Y en ese orden. Además, como todo el mundo va allí, pues no vas a ser tú el marginal. El resultado es que a los cinco minutos de haber abandonado el local, te has olvidado completamente de que has estado allí.

Con la televisión, tres cuartos de lo mismo. Programas de consumo rápido para mantener tus neuronas anestesiadas. Ha desbancado de largo a la religión como “opio del pueblo”. Si cambias el púlpito por un plató de televisión y al predicador por un presentador o presentadora, el resultado es el mismo. Al menos el predicador tenía el buen gusto de no señalar a nadie (aunque todo el mundo sabía a quién se refería cuando criticaba las costumbres de dudosa moral). Como en la comida, también se apunta a lo más visceral. Esa supuesta información “del corazón” más bien debería llamarse “del intestino”. Del final del intestino, concretamente.

Pues con la música, lo mismo. Productos de usar y tirar. Consumo rápido y más rápido aún olvido. Vamos a ver, ¿alguien guarda los CD de Operación Triunfo? Bueno, seguro que alguien habrá, pero es que también hay quien se come los mocos. Si a esto último no lo podemos llamar gastronomía, a lo primero no lo podemos llamar melomanía. Como mucho, fetichismo.

Sí, ya sé que estoy quedando como un pedante elitista. Ya sé que me diréis que voy de sobrado porque escucho Jethro Tull y que me las doy de listo por tener estudios de música. No, no van por ahí los tiros. Vale, quizás soy un pedante, pero no soy elitista. Sí, algo de música sé, pero tampoco es esa la razón. No creo que haga falta ser cocinero titulado para disfrutar de un buen cocido, de una paella bien cocinada, del sushi, del salmón marinado al estilo islandés, de un chucrut, del chimichurri sobre unas mollejas o de un simple caldo de los que hace mi madre, de esos que hierven durante 4 horas a fuego lento.

Creo que tiene más que ver con la cultura del esfuerzo y con las ganas de conocer cosas nuevas. Con la capacidad de afinarse con el conocimiento, en vez de embrutecerse. Tiene que ver con aprender que no todo es gratis y que no se puede tener todo lo que uno quiere. Tiene que ver con aprender a valorar las cosas en si mismas, no por su precio, ni por las modas, ni por el afán de tener, ni por pretender destacarse. Y tampoco tiene nada que ver con la edad ni con la condición social o económica. Tiene que ver, y mucho, con la educación, en sentido amplio.

Afortunadamente para los productores de cualesquiera productos “rápidos”, siempre habrá público para ellos. Los de la comida rápida tienen suerte: aún no se puede descargar por internet. Los de la “industria” de la música ya han visto el riesgo que se corre cuando confundes el precio con el valor. Optaron por la mierda al grito de “¡Millones de moscas no pueden estar equivocadas!” y ahora lloran. Creyeron que podían engañar a todo el mundo durante todo el tiempo. ¿Recordáis los discos de los años 70 y 80? La mayoría tenían 10 temas: 5 eran buenos, 2 eran fabulosos, 1 era una obra de arte y otros dos eran de relleno, aunque no estaban del todo mal. Pues ahora, con los mismos 10 temas, tienes 1 que será el lanzamiento principal, otro que será el secundario y el resto son de relleno, pero de relleno de colchón de mascota. ¿Calidad, qué calidad? Hablamos de negocios.

Sí, todo eso ocurre cuando la “industria”, el “negocio”, pasa por encima del trabajo. Ya no digo del arte, porque eso puede llevar a un debate más intenso. Digo del trabajo, de la artesanía. De gente que se sienta horas y más horas a componer, a grabar. Que lo hacen muchas veces perdiendo dinero propio, robando horas de sueño. Y las sociedades de autores, editores y demás que tanto reclaman el canon de grabación, ¿dónde estaban cuando la industria se apoderó de todo? ¿Qué hicieron cuando les impusieron las normas y las condiciones a cambio de su libertad? Cuando les oigo reclamar sus “derechos” tengo la sensación de estar oyendo a unas prostitutas que se vendieron por poco dinero hace mucho tiempo, que ya no saben hacer nada más y que no pueden seguir viviendo de lo que hacían, y ahora pretenden erigirse en los líderes del sindicato de proxenetas.

En fin. Me parece que he largado demasiado, pero es que hoy estaba cabreado, muy cabreado. La suerte que tengo es que nadie se fija en un blog como este. Si no, seguro que la SGAE me interpone una de sus querellas.

Ya sé que siguen saliendo cosas de calidad, que sigue habiendo mucha gente que hace cosas muy decentes. No quiero quedar como un nostálgico, pero ya no es la norma. La cultura ha dejado de ser importante. Sólo importa el negocio, la rentabilidad.

 

No es nostalgia. Parafraseando a James Carville: “It’s the music, stupid!”

 

fucku

Not now John, Pink Floyd

Friday, 22 August 2008

Et voilà qu'aujourd'hui...

 

Me llama alguien a quien quiero mucho para decirme que está embarazada y sale de cuentas en menos de un mes.

Me he quedado helado.

Los acontecimientos son la medida de la vida, del tiempo. Los días, las semanas o los meses poco importan si nada sucede. Quizás llevo tanto tiempo ocupado en levantar la cabeza que me he perdido todo lo importante que ha sucedido en mi vida y en las vidas de la gente a la que quiero. Me gustaría saber cuánto tiempo llevo así, pero soy incapaz de recordar cuándo fue la última vez que fuí consciente de lo que sucedía en mi vida. Me refiero a ser consciente de verdad. Es como navegar en un barco con vías de agua: o te dedicas a achicar agua e intentar tapar las vías o intentas mantener el rumbo. Pues eso, que llevo mucho tiempo achicando agua. Así no hay manera de decidir hacia dónde quiero ir, y mucho menos disfrutar de la travesía.

Están pasando muchas cosas a mi alrededor, en mi vida, y me las estoy perdiendo. Tampoco soy de los que quieren estar en todos los festejos, más bien es al contrario, pero me fastidia estar ausente. Creo que voy a tener que empezar a tomarme las cosas en serio, poner algo de orden (o lo que sea) en mi vida y dejarme estar de lo urgente. O me pongo serio o, a este paso, voy a acabar perdiendo el contacto con todas las personas que son importantes para mí.

Pero no todo es malo, afortunadamente. Alguien me enseñó hace tiempo a saber esperar sin dejar de ser impaciente. Alguien también me enseñó a estar de manera incondicional. Alguien me demostró que nunca está todo perdido, aún cuando lo parezca. Le daré una satisfacción a mi ego (pequeña, que si no se desboca y después no hay quien lo pare): creo que lo aprendí bien. Y ha tenido recompensa.

Aprender a vivir con la duda no es fácil. Mucho menos a convivir con preguntas sin respuesta. Pero a veces, sólo a veces, si te esfuerzas en no pensar en lo fácil, en no esperar que todo sea inmediato, si resistes la tentación de querer tenerlo todo (a pesar de saber que es imposible), tienes tu recompensa. Cuesta mucho. Cuesta aislarse del ruido del entorno, cuesta aguantar el dolor, cuesta no dejarse llevar por el odio. Pero vale la pena. Bueno, al menos a mí me ha funcionado. Y ni os imagináis el peso que me he sacado de encima. Es como si todo volviera a tener un cierto orden, como si las piezas encajaran, aunque el puzzle no sea del gusto de uno.

Aprendí que no siempre las preguntas tienen respuesta. No ha sido fácil, para que engañarnos, pero me enseñó (a mi y a mi ego infantil) a tolerar algo mejor la frustración. A lo mejor también me ha enseñado otras cosas que aún no he descubierto. Sea como sea, la mejor recompensa ha sido obtener la respuesta a las preguntas.

Porque si no te pierdes en el odio, si das una oportunidad a la gente para que se explique, acabas dándote cuenta de que lo que no hablamos, lo que damos por supuesto, es lo que nos acaba separando.

 

Somos capaces de sentarnos a hablar con nuestro mayor enemigo, con quien nada o muy poco nos une. Pero con demasiada frecuencia le negamos el mismo derecho a quienes amamos o hemos amado. Y no nos damos cuenta que somos nosotros quienes más perdemos.

 

 

L'encre de tes yeux, Francis Cabrel

Wednesday, 13 August 2008

Res, non verba

 

Hola de nuevo.

Sé que no me estoy portando nada bien con quienes seguís entrando de vez en cuando. Sé que debería escribir más a menudo, aunque fueran cuatro ideas poco elaboradas. Y debería hacerlo por mí. Si no, a este paso, acabaré por no escribir jamás, me cansaré y cerraré el blog. Estoy seguro que no será ninguna gran pérdida para la humanidad, ni siquiera para la literatura, ni mucho menos para el pensamiento filosófico, pero sé que acabaría arrepintiéndome de haber permitido que la desidia acabara con esto. Ya se sabe: lo que no se cuida se acaba perdiendo.

A todo esto, algo que se ha perdido es mi relación con Ana. Supongo que ninguno de los dos hizo lo que debía hacer. Y así, claro está, no es posible llegar a buen puerto en nada. No me arrepiento de nada, pero tampoco estoy orgulloso. Debí haberme portado mejor. Con ella y conmigo mismo. Llevo días pensando si debía ponerlo en el blog, planteándome cómo enfocarlo si lo hacía. He decidido que valía la pena expresarlo. Al fin y al cabo, es una parte de mi vida, y muy importante. Los detalles me los ahorro, claro. Eso queda para cada cual.

Las palabras están muy bien. Hablar ayuda a estructurar el pensamiento, te obliga a tener claro lo que quieres decir, para hacerte entender. De paso, esa estructuración te ayuda a ordenar las ideas y es una ayuda más para entenderte a ti mismo, sobretodo cuando la situación te desborda. Sí, hablar está muy bien, pero está mejor saber escuchar. Te ayuda a entender el mundo de la otra persona. Si es que quieres entenderlo, claro.

Pero las palabras no bastan. Se necesitan hechos. Aún más, gestos. Los hechos dotan de cotidianidad, ofrecen seguridad, constancia; la certidumbre de que todo funciona con una cierta regularidad. A veces, empero, tampoco bastan. En ocasiones puntuales se requieren gestos, que no dejan de ser hechos cargados simbólicamente. Cuando la situación es crítica son esenciales para rebajar tensión y para acercar posiciones.

¿Que puede decirle un mudo a un sordo? No, no es un chiste, lamentablemente. Sucede más a menudo de lo que creemos. A veces no queremos o no podemos expresarnos, y la otra parte no puede o no quiere escuchar. Hay un refrán inglés que me parece fantástico: Puedes llevar al caballo al agua, pero no puedes hacer que beba.

Quizás no haga falta que el mudo le diga nada al sordo. Quizás sea suficiente con que le sonría, le abrace y se pongan a remar en la misma dirección.

 

Esta vez tampoco había agua en la piscina. Hemos sido víctimas de la sequía... emocional. Por fortuna, el trampolín no era el más alto: no hubo tiempo, ni fuerzas, ni hechos, ni gestos... para subir más arriba.

 

Come talk to me, Peter Gabriel

Thursday, 12 June 2008

Los años perdidos

 

Vestía camisa rosa y llevaba puestas unas gafas de color azul metálico que no escondían del todo unos ojos pequeños pero aún muy vivos. Quizás era influencia de los hijos/hijas o nietos/nietas. Sea como sea, le quedaba bien. Calculo que debería tener unos 80 años cumplidos con creces. Leía tranquilamente el periódico mientras tomaba un café y respondía a las preguntas que le lanzaba su nieto, de unos 8 o 9 años. Pasaba las hojas con pasmosa lentitud, casi deleitándose, con una leve sonrisa. Esa languidez en una persona de su edad tenía un punto de provocación.

Cuando hablaba con su nieto le miraba a los ojos, sin desviar la mirada hacia la lectura, prestándole toda su atención.

Me ha recordado muchísimo a mi abuelo. Por un momento he vuelto más de 30 años atrás, cuando el mundo era, simplemente, una sucesión de acontecimientos aparentemente sin sentido, y yo un crío dispuesto a fijarme mucho, a ver si conseguía entender algo.

El péndulo de los recuerdos me visita regularmente. A veces me pilla de buenas; otras, no tanto. Esta vez no le he visto venir y me ha dado de lleno en los morros.

Cada cierto tiempo recuerdo mi niñez. Mejor dicho, mi falta de niñez. Recuerdo las visitas de mi abuelo, cuando se instalaban con mi abuela durante cierto tiempo en casa de mis padres. Esa era la época más feliz de mi vida. Mi abuelo era todo mi mundo para mí, y yo otro tanto para él. Murió el otoño de 1977, poco después de que yo empezase a estudiar música. No sé si tuvo algo que ver, pero recuerdo que siempre me cantaba una canción, relativa a las notas musicales. La canción se la llevó consigo, pero me dejó la música.

Durante años aborrecí Bach. Seis años estudiando sus malditas partituras, encallándome una y otra vez, escuchando a mi profesora de piano decir: "No repitas; si te encallas, sigue tocando". Acabé odiándolo. Con Mozart me llevaba mejor. Tengo que reconocer que no estudiaba mucho. Apenas un par de ojeadas a la lección antes de ir a clase. Supongo que Mozart me inspiraba más. Bach era demasiado "mecánico" para mi. Tardé años en descubrir su magia.

Todo eso sucedió después de la muerte de mi abuelo. Todos esos años estudiando: música, dibujo, inglés. No recuerdo haber tenido tiempo para jugar. No sé si tenía pocos amigos porque era un chico solitario o si era al revés. El caso es que todos esos años están perdidos. No los recuerdo. Son años olvidados, como canicas en una bolsa. De vez en cuando aparecen por algún cajón, abres la bolsa, las esparces sobre la cama e intentas recordar como ponías la mano para lanzarlas. Pero también lo has olvidado. Entonces vuelves a guardar las canicas en la bolsa, y ésta en un cajón, hasta que la encuentres de nuevo dentro de unos años. Y así una y otra vez, hasta que un buen día, en algún traslado o porque alguien las encuentra y las tira, pierdes definitivamente las canicas.

Así son esos años: canicas dentro de una bolsa dentro de un cajón. Si me esforzara, seguramente recordaría que nunca jugué en el colegio con las canicas. Lo hacía en casa, en la sala, sobre la moqueta. Solo.

Ahora que mi padre se va haciendo mayor, que le noto algo más viejo cada vez que le veo, echo mucho de menos esos años. Ojalá hubiera jugado más conmigo. No es un reproche. Es simplemente un lamento.

El péndulo me ha dado más fuerte de lo que pensaba. Es como un metrónomo: a veces marca un largo; otras un presto. Quizás hoy tocaba un adagio en Mi bemol menor.

Me he reconciliado con Bach, pero añoro muchísimo a mi abuelo.

 

 

Another christmas song, Jethro Tull

Tuesday, 29 April 2008

Paso a paso

 

Hola de nuevo, si es que seguís ahí.

En la última entrada decía que tenía que buscar otro trabajo y empezar de nuevo a vivir. Y resolver unas cuantas dudas. Las dudas siguen estando ahí, pero ha habido algunos cambios en mi vida.

Tengo un trabajo nuevo, sigo de okupa en casa de un amigo y me robaron el portátil (hay que joderse, con lo que me costó tener uno que funcionara en condiciones).

No es que mi vida sea una maravilla, la verdad, pero me siento bastante más satisfecho conmigo mismo que hace unos meses. No echo de menos mi anterior trabajo. Ahora gano menos, trabajo más horas y, con los desplazamientos, dispongo de bastante menos tiempo libre. Por otra parte, tengo mucha más responsabilidad, puedo hacer el trabajo a mi manera y me valoran lo que hago. Espero que se traduzca el esfuerzo en resultados positivos o me temo que, por mucho esfuerzo que ponga, me acabarán recordando que estoy en una empresa privada, y que los resultados económicos pesan mucho. Y tendrán razón. Si no hay ventas no hay negocio, y si no hay negocio, no hay puesto de trabajo. Así de simple.

En fin. Esto del blog lo tengo algo oxidado, pero no quería dejar pasar otro mes sin escribir absolutamente nada. Sé que todo suena muy prosaico, pero es que no estoy para demasiada espiritualidad. Ya sabéis, eso de lo urgente y lo importante.

Pues eso. Besos y abrazos para quienes aún entráis de vez en cuando.

 

The way it is, Bruce Hornsby

Saturday, 2 February 2008

Quemando naves

 

Siempre fue una casa fría, muy fría.

Anteayer entré por última vez en mi antiguo domicilio. El portazo resonó por todo el piso, absolutamente vacío. Apenas dejé unos cacharros de cocina viejos. Recogí lo que había ido a buscar y volví a salir. Mientras cerraba era consciente que no sólo cerraba una puerta, sino toda una etapa. Algo más de 21 años. Había vivido más en ese piso que en la casa de mis padres. 21 años viviendo solo. 21 años de intentar convivir con mis manías, mis filias, mis fobias, mis silencios y mis fantasmas. Desde el año 65, exceptuando un breve período, había vivido en ese piso un Alemany.

Ha sido mi casa durante 21 años. En ella he vivido posiblemente los momentos más intensos de mi vida, para bien o para mal: he amado y he sido amado, he perdido y ganado amores, he pasado noches en vela y días de vino y rosas, me enfrenté a mis demonios y gané, me resistí a mis pasiones y fui vencido, he perdido y encontrado amigos…

Pero jamás pasó de ser eso: una casa. Tenía una cama donde dormir, una cocina donde calentar algo para comer en invierno y un lavabo donde asearme. Cuatro paredes y un techo. Con los años cambié una decoración sesentera por algo más impersonal: me dejé varios sueldos en Ikea, colgué cuatro estanterías en la pared y poco más. Ni una sola concesión a la estética: si tiene utilidad se queda; si no, a la basura.

Era una casa; no un hogar.

Joan me ha dado asilo en su casa. Me siento extraño, raro. Todos esos años viviendo solo me han convertido en un ser un tanto huraño y tengo la sensación de estar robándole el espacio personal a mi amigo. Como si estuviera invadiendo su intimidad. Le agradezco infinitamente que me proporcione refugio, pero espero que sea lo más transitorio posible.

Ahora queda buscar un nuevo trabajo y empezar de nuevo a vivir. Pero antes he de resolver unas cuantas dudas. Y la primera es saber si quiero, si puedo formar un hogar o si seguiré viviendo durante unos años en esta especie de provisionalidad que ya dura demasiado.

Todo va demasiado lento para mi gusto, pero por otro lado casi mejor que sea así. Si tengo que volver a darme otro trompazo es preferible que me pille con algo más de fuerzas.

No sé por qué he escrito esto en el blog. Al fin y al cabo tampoco me hace ninguna ilusión seguir escribiendo, ni creo que sirva ya para mucho.

 

Mi casa, Los Suaves