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Wednesday, 13 August 2008

Res, non verba

 

Hola de nuevo.

Sé que no me estoy portando nada bien con quienes seguís entrando de vez en cuando. Sé que debería escribir más a menudo, aunque fueran cuatro ideas poco elaboradas. Y debería hacerlo por mí. Si no, a este paso, acabaré por no escribir jamás, me cansaré y cerraré el blog. Estoy seguro que no será ninguna gran pérdida para la humanidad, ni siquiera para la literatura, ni mucho menos para el pensamiento filosófico, pero sé que acabaría arrepintiéndome de haber permitido que la desidia acabara con esto. Ya se sabe: lo que no se cuida se acaba perdiendo.

A todo esto, algo que se ha perdido es mi relación con Ana. Supongo que ninguno de los dos hizo lo que debía hacer. Y así, claro está, no es posible llegar a buen puerto en nada. No me arrepiento de nada, pero tampoco estoy orgulloso. Debí haberme portado mejor. Con ella y conmigo mismo. Llevo días pensando si debía ponerlo en el blog, planteándome cómo enfocarlo si lo hacía. He decidido que valía la pena expresarlo. Al fin y al cabo, es una parte de mi vida, y muy importante. Los detalles me los ahorro, claro. Eso queda para cada cual.

Las palabras están muy bien. Hablar ayuda a estructurar el pensamiento, te obliga a tener claro lo que quieres decir, para hacerte entender. De paso, esa estructuración te ayuda a ordenar las ideas y es una ayuda más para entenderte a ti mismo, sobretodo cuando la situación te desborda. Sí, hablar está muy bien, pero está mejor saber escuchar. Te ayuda a entender el mundo de la otra persona. Si es que quieres entenderlo, claro.

Pero las palabras no bastan. Se necesitan hechos. Aún más, gestos. Los hechos dotan de cotidianidad, ofrecen seguridad, constancia; la certidumbre de que todo funciona con una cierta regularidad. A veces, empero, tampoco bastan. En ocasiones puntuales se requieren gestos, que no dejan de ser hechos cargados simbólicamente. Cuando la situación es crítica son esenciales para rebajar tensión y para acercar posiciones.

¿Que puede decirle un mudo a un sordo? No, no es un chiste, lamentablemente. Sucede más a menudo de lo que creemos. A veces no queremos o no podemos expresarnos, y la otra parte no puede o no quiere escuchar. Hay un refrán inglés que me parece fantástico: Puedes llevar al caballo al agua, pero no puedes hacer que beba.

Quizás no haga falta que el mudo le diga nada al sordo. Quizás sea suficiente con que le sonría, le abrace y se pongan a remar en la misma dirección.

 

Esta vez tampoco había agua en la piscina. Hemos sido víctimas de la sequía... emocional. Por fortuna, el trampolín no era el más alto: no hubo tiempo, ni fuerzas, ni hechos, ni gestos... para subir más arriba.

 

Come talk to me, Peter Gabriel