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Sunday, 8 March 2009

L'Amor che muove il sole e l'altre stelle

 

Imaginad que estáis leyendo un libro del cual sólo existe un ejemplar. Imaginad que la historia que se narra os tiene absolutamente atrapados, seducidos hasta el punto de necesitar leerlo cada día, a cada momento; uno de esos argumentos que os hace soñar, pensar, sentir como nunca antes. Y ahora imaginad que un buen día perdéis el libro y os quedáis sin saber cómo acaba.

Algo parecido me sucedió hace un tiempo. No era un libro, sino una relación de pareja. Ya sé que la metáfora no es muy buena, pero es la única que se me ocurre. Ella decidió que se había acabado. Sin aviso, sin explicación.

Bueno, pues hace unos días me escapé a visitarla. Necesitaba mirarla a los ojos mientras me explicaba sus razones. Nada más y nada menos.

Aunque también me escapé a verla por otros motivos. Necesitaba volver a reflejarme en sus ojos y enfrentarme a mis sentimientos, fueran los que fueran. Necesitaba saber si aún seguía enamorado de ella. Necesitaba volver a ser la persona que era hace tres años y medio. Necesitaba decirle que jamás había amado a nadie como a ella, ni me había sentido mejor amado que por ella. Necesitaba decirle que la entendía, que el miedo es libre y que yo seguía siendo el tipo que la amaba incondicionalmente. Necesitaba verla sonreír, en su boca y en su mirada. Necesitaba intentar aliviar su dolor en la medida de lo posible.

Porque volví a ser, por unas horas, el tipo que era hace tres años y medio, y se me hacía insoportable verla sufrir.

Habría podido quedarme toda la vida, en la mansedumbre del domingo por la mañana, bajo la manta de su piel y el cielo de sus ojos, en una sensación de paz eterna.

Volví con una sensación parecida a la que tendría Sísifo si le hubieran quitado la piedra de encima.

 

Yo sólo quería volver a mi hogar, al único hogar que he conocido en muchos años, antes de irme adonde sea que tenga que ir.

 

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