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Thursday, 4 June 2009

Mi opinión no cabe en un sobre

 

¡Ya están aquí!¡Llegaron ya! (cántese con melodía y tono verbenero o de charanga)

Señoras y señores. Niños y niñas. Nuestras queridas elecciones asoman por la puerta de nuevo, y con ellas nuestros políticos. Sí, esa especie endémica (o pandémica) tan parecida a los vendedores… de humo.

Está bien, exagero y los caricaturizo, pero es que no es para menos. No dudo en ningún momento de que hay personas muy válidas. Yo mismo conozco a unas cuantas que se dedican a ese noble arte de la política y me parecen personas muy sensatas, poco dogmáticas y muy coherentes. Incluso las veo capaces de dimitir, que con los tiempos que corren es como decir que un obispo sea capaz de apostatar por discrepancias con la Curia. El problema es que a esos se les ve poco, y se les ve poco porque hacen su trabajo. Se ve más a los salvapatrias, salvaalmas y salvacarteras que van por ahí abrazando farolas, estrechando manos de jubilados y besando niños. “Press the flesh”, como le llaman a eso los políticos americanos. Pobres niños, pobres jubilados y pobres farolas. Una farola amiga mía me comenta que prefiere que se le mee un perro a que la abrace un político. Como ella dice, “al menos el perro te es fiel, siempre te viene a mear a ti. De acuerdo que también se mea en otras farolas, pero al menos no te hace promesas escatológicas imposibles de cumplir”. Me siento tentado de decirle que también los políticos se mean en nosotros… y después nos dicen que llueve.

Esos “salva-lo-que-sea” son los que suelen aparecer en carteles electorales, los que prometen lo que sea con tal de llegar y, una vez allí, por arte de vaya usted a saber qué mal, se olvidan de todo lo dicho.

Me dicen que estas elecciones europeas son muy importantes, porque más del 75% de las leyes que nos afectan se cuecen en Europa. Como decía Makinavaja: “Po fueno, po fale, po m’alegro”. Si eso es así, ¿por qué me da la impresión de que mandan a saldos políticos a quienes deben favores? Tengo la sensación que a las Europeas ponen a los que toca por cuota, por díscolos, para que no estorben. Si tan importantes son las elecciones, que manden a primeras espadas, en vez de convertir aquello en una especie de cementerio de elefantes.

Otra cosa. Las elecciones son europeas, pero se plantean en clave estatal. Si me queda tiempo entraré en las campañas publicitarias, que son de puta pena. Pero no se puede esperar más de ellos. Tenemos unos políticos menores de edad (mental) que nos tratan como a sus iguales. ¿Y aún quieren que les votemos? Nos llaman a la puerta muy educadamente cada cierto tiempo para decirnos que votemos, y al día siguiente ya se han olvidado de nosotros.

Después de muchos años de no hacerlo, cometí el error de votar en las generales del 2004 y he votado en todas desde entonces. Es que me gusta persistir en el error, ya me lo dicen mis exnovias. Incluso llegué a ir a votar después de una noche de juerga, completamente borracho. Lo hice porque creía que tenía que hacerlo, a pesar de que estaba asqueado de que interpretaran mi voto como les diera la gana y que hicieran con él lo que les pasara por el arco de triunfo. Reuní las papeletas que me llegaban a casa, me fui de fiesta, volví a casa sin saber ni como me llamaba, revolví las papeletas, escogí una sin mirar, la metí en un sobre y acudí a mi colegio electoral a depositar mi voto como un buen ciudadano. Si a los políticos les da igual, a mí también, y así no sufro viendo los resultados, porque no tengo ni idea de a quién he votado. Esa noche, como siempre, salieron todos diciendo que habían ganado. Yo estaba seguro de haber perdido

Por eso no iré a votar, entre otras cosas porque no hice el trámite para poder votar donde vivo ahora. Tendría que desplazarme 100 km, lo que me asegura que no volveré a ceder a la tentación. Bueno, por eso y porque mi hígado ya no está para muchas alegrías.

Vuelvo a mi abstención, digan lo que digan. Y dicen muchas cosas para meternos miedo o para hacernos sentir culpables. Ya se sabe, el sentimiento de culpabilidad está en la base del pensamiento judeo-cristiano, y en el subconsciente (¿o es inconsciente?) colectivo de este país aún sigue pesando mucho.

Dicen cosas como las siguientes:

- Si no votas, después no te puedes quejar.

Falso. ¿Dónde se ha visto que no ejercer el derecho al voto te prive del derecho a la palabra? Menuda clase de democracia y libertad nos dan. Además, sigo pagando religiosamente mis impuestos, y sin hacer trampas. Vote o no, creo en la cosa pública. A diferencia de algunos que creen que lo público no es de nadie, o de otros que creen que pueden hacer un uso particular cuando les interesa, yo creo que lo público es de todos, y por eso precisamente es por lo que hay que cuidarlo. El sostenimiento al bien general es una actuación tan solidaria y tan ciudadana como el derecho al voto, porque se contribuye y favorece el funcionamiento del Estado (intereses comunes), en vez de a unos intereses partidistas particulares.

- Mucha gente se ha dejado la piel para conseguir ese derecho.

Pues muchas gracias por todo. Os voy a contar una historia, a ver qué os parece. Erase una vez un abuelo con una pensión muy baja. Con los pocos ahorros conseguidos durante muchos años que tenía compró para sus nietos aún no nacidos unos fantásticos regalos, valiosísimos. Lamentablemente, el abuelo murió antes de ver a sus nietos. Cuando éstos cumplieron los 18 años les entregaron los regalos. Cada nieto hizo con su regalo lo que consideró oportuno. Los tíos (hijos e hijas del abuelo que no habían puesto un solo euro ni esfuerzo en el regalo) recriminaron ciertas actitudes que tenían algunos nietos respecto de los regalos, recordándoles lo mucho que se había sacrificado el abuelo. Y todo porque esas actitudes no gustaban o no eran favorables a los intereses de esos tíos/tías. Fue tan cansina la canción que algún nieto, harto, optó por devolver el regalo a los tíos, con el recado de que se lo guardaran en salva sea la parte.

Algo parecido pasa con el voto. Sé que mucha gente se dejó la piel para conseguirlo y les estoy muy agradecido, pero el derecho es mío, y me molesta que me vengan a dar lecciones de democracia quienes me dicen que TENGO que usar ese derecho. Mirusté, señor/señora salvapatrias. Yo, con mis derechos, hago lo que me da la real gana, que para “tener que” ya están las obligaciones. Y deje ya de intentar manipular mi sentimiento de culpabilidad, que cansa y, además, en mi caso no funciona.

- Si no estás de acuerdo, vota en blanco.

Ya estamos otra vez diciendo lo que he de hacer o no con mi derecho. Tú lo que quieres es que vote, sea lo que sea, porque una abstención espectacular reflejaría la nula credibilidad que tienes, malandrín. Hagamos una cosa. Tú aceptas reflejar en el arco parlamentario el voto en blanco y yo voy a votar. ¿Hace? No, no hace, porque podrías haberlo hecho mucho tiempo atrás, pero el gusto a la poltrona y la dictadura de partido te mantiene la boquita cerrada y el estómago agradecido.

 

Señor político, me cansa usted, me asquea, cada vez que habla desconfío de usted y me echo mano a la cartera, porque sé que sus incompetencias las acabaré pagando, y prefiero pagarlas con dinero, que sale más barato. Su descrédito es tal que no merece que juegue a su juego, por eso NO VOTO.

¿Quiere que vaya a votar? Tome nota.

  • No me tome por imbécil. Haga atractiva la campaña, cumpla lo que ya prometió y déjese de llamadas al miedo. Le está pasando lo de Pedro y el lobo; ahora no le eche la culpa a los pastores que ya no quieren ayudarle.
  • Quiero listas abiertas, y que se refleje el voto en blanco. También acepto una representatividad a la británica, donde yo pueda ir a felicitar o a cantarle las cuarenta a mi diputado. Esconderse en la lista cerrada de un partido es de cobardes. Estoy dispuesto a dejar la política en sus manos, pero no en la de los partidos. Sea valiente.
  • No me venga pidiendo cosas cuando a usted le interesa, mientras que me ignora una vez lo ha conseguido. Queda feo y conseguirá que no le ayude la próxima vez.
  • No me pida el voto para usted ni su partido. Usted no quiere el voto, quiere un cheque en blanco. Cuando sea usted responsable, cuando me lo demuestre, consideraré la posibilidad de ir a votar… lo que a mí me dé la gana.
  • Tráigame hechos, no palabras. Y no haga de eso un eslogan o un discurso, que ya lo han hecho otros y no les creo. Haga de ello un método y empezaré a tomarle en serio.
  • Abandone la cantinela del “Y tú más” respecto a las otras opciones políticas. Está bien en los niños de primaria, pero, como comprenderá, no pienso dejar la política en manos de niños de primaria, aunque éstos me merezcan más confianza que usted.
  • No me vuelva a decir lo que tengo que hacer con mis derechos, ni a criticar lo que hago con ellos.
  • Estoy dispuesto a pagarle el sueldo, y quiero que sea un sueldo excelente, para evitar que acabe metiendo la mano en la caja. Pero si le pillo tocando lo que no debe espero que sean sus propios compañeros quienes el linchen. El corporativismo mal entendido les ha llevado a esto.

En resumen: demuéstreme que puedo confiar en usted.

Esto es lo que hay. NO es negociable. Si no le gusta, bien, pero dejen de tocarme las narices (usted y sus acólitos sectarios) con el dichoso voto. Recuerde que yo puedo criticarle a usted, pero no le conviene criticarme a mí por mi uso del voto si quiere que lo use; no son ustedes muy inteligentes. Si no está dispuesto a cumplir lo que le pido, olvídese de mí, como lleva haciendo desde la última campaña electoral. Si le gusta y está dispuesto a jugar a MI juego, demuéstrelo. Si lo consigue, tendrá mi confianza.

Mi derecho al voto es mío y sólo mío. Sé lo mucho que ha costado, por eso le tengo tanto respeto y por eso es tan valioso. Por eso lo uso con tanto esmero, por su valor. Pero usted y los que son como usted, mi querido/a candidato/a, son tan necios que confunden el valor con el precio.

Hay un cartelito por ahí que dice “Soy responsable y el 7 de junio me lo voy a demostrar”. Muy bonito, con una rosa roja y todo. Miren, me suena a libro de autoayuda, con el asco que les tengo. Y me suena también a manipulación del sentimiento de culpabilidad. Si uno es responsable no se tiene que demostrar nada a si mismo, y en cambio mucho me tienen que demostrar ustedes a mí. Yo les propongo mi respuesta hacia ustedes: “Eres un irresponsable y el 7 de junio te lo voy a demostrar”.

 

No le deseo suerte; si ha llegado hasta ahí es que ni la necesita ni la merece.

 

Cara a cara, Rosendo