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Sunday, 9 August 2009

Nagasaki

 

Hoy se cumplen 64 años del lanzamiento de la bomba atómica sobre Nagasaki. Parece ser que el gobierno de los EEUU necesitaba insistir en su “argumento”. Quizás Hiroshima no había sido suficientemente elocuente. El resultado lo conoce todo el mundo: Japón se rindió cinco días más tarde.

Conviene no olvidar los argumentos que esgrimimos a veces, porque se nos pueden acabar volviendo en contra. ¿Qué autoridad moral puede esgrimir ningún gobierno de los EEUU cuando critica el uso de la energía atómica por parte de otros países? Son el único país que ha empleado armas nucleares en un conflicto bélico. No ya contra las tropas enemigas, sino en un bombardeo contra población civil. Los nazis fueron acusados de delitos de lesa humanidad en el juicio de Nüremberg por la “solución final” empleada contra judíos y otras minorías en los campos de exterminio. Lo que sucedió en Hiroshima y Nagasaki es exactamente igual. En vez de gasearlos por centenares y después incinerarlos, el procedimiento americano consistió en optimizar el proceso y, con un sólo proyectil, eliminar a cientos de miles de personas y condenar a futuras generaciones a malformaciones y mutaciones. Vamos, el Zyklon B, los hornos y Josef Mengele en el mismo pack.

Pero los EEUU ganaron la guerra, claro. La historia la acaban escribiendo siempre los vencedores. Será por eso que tengo debilidad por los vencidos.

 

La señora Cospedal , en un arrebato propio de una insolación veraniega acompañada de una paella en mal estado y una sangría de garrafón (y alguna sustancia psicotrópica más), va y suelta unas declaraciones sobre actuaciones ilegales en escuchas por parte del Gobierno, policías, jueces, fiscales y hasta la señora de la limpieza. Le faltó lo del contubernio judeo-masónico. Vayamos por partes.

- Señora Cospedal, si tiene usted pruebas, denuncie en un juzgado. Si no las tiene, debería haberse callado. Y digo debería porque, aunque rectifique, lo que usted se merece es una denuncia.

- Por supuesto que España no es un estado de derecho. En un estado de derecho no se prohíben partidos políticos, ni quemar un trozo de tela, ni se confunde el estado con el gobierno. Hay elecciones, una teórica separación entre poderes y algunos elementos más que se asemejan a los que tienen otros estados europeos, pero de eso a que sea un estado de derecho media bastante. Sinceramente, creo que no lo es porque no hay cultura ni política ni democrática.

- Señor Fiscal General del Estado, si las declaraciones de la Señora Cospedal y otros dirigentes del Partido Popular son constitutivas de delito, actúe. Y si las respuestas de miembros del PSOE o de cualesquiera otros partidos también lo son, actúe igualmente. Ya vale de tonterías.

- Todo gobierno siente la tentación de ir más allá de lo que permiten sus atribuciones. Bueno, no es exacto. No se trata de que lo haga un gobierno, sino algunas personas que detentan cargos de responsabilidad en un gobierno. Cuando no hay una separación clara entre el gobierno y el estado el control de esas personas se hace más difícil. Ya Juvenal lo advertía: ¿Quién vigila a los vigilantes?

- La realidad del estado español permite, como mínimo, dudar de que un gobierno esté haciendo las cosas de manera legal. Algunos ajustes ayudarían a mejorar la apariencia de honestidad.

- El Partido Popular (y los otros, por extensión) harían bien por empezar a practicar la limpieza en su casa. Tienen elementos corruptos. Eso pasa hasta en las mejores familias. El problema es que esos elementos díscolos se llevan dinero a manos llenas, un dinero que es de todos. No usen cortinas de humo. Si están investigando tramas de corrupción no lo tomen como algo personal: la corrupción afecta a todo el mundo. Si la respuesta ha de ser el grito de “prietas las filas”, disparar contra todo lo que se mueva y  acusar a los demás de lo que ustedes han hecho o harían lo único que van a conseguir es disminuir aún más la credibilidad que tiene la gente en los partidos políticos. Bueno, si es que aún queda algo de esa credibilidad.

- Los partidos políticos siguen empeñados en parecer amos y señores de la política. Demasiado tiempo con demasiados errores y demasiada prepotencia. Habrá que empezar a pensar en que tienen unos privilegios que no se merecen ni se han ganado. Lo que me temo es que ese camino de podredumbre también lo han tomado otras instancias del estado: legisladores incompetentes (pero mucho, mucho), jueces con ansias de notoriedad y corporativismo mal entendido y fuerzas de seguridad que siguen sin recordar que quienes les pagan el sueldo merecen un respeto, y no quienes les dan regalitos ni les permiten extralimitarse en sus funciones.

En fin. Demasiados años de dictadura han consolidado maneras de actuación y esquemas de pensamiento. Además el cabrón del general se murió en la cama, en vez de juzgado y condenado, y sus herederos han seguido campando a sus anchas. O sea, que ni transición ni nada que se le parezca, por mucho que a los que se les llena la boca con la palabra “democracia” se empeñen en repetirnos.

 

Nos hablan de justicia, pero solo nos dan derecho y leyes. Eso es como hablar de hambre y regalar sartenes. Ojalá algún día todos acaben pagando por ello.

 

Time to kill – Deep Purple