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Monday, 16 November 2009

Un día sin comer

Siguiendo la iniciativa de Donaire, me apunté a un día de ayuno como gesto simbólico. No tiene mérito alguno, pues no tengo obligaciones laborales y eso lo hace algo más llevadero. Por contra, esa sensación casi permanente de hambre me ha permitido pensar (es un decir) en las cosas que damos por hechas, pero que no son tan obvias.

Algunas reflexiones:

  • Mil millones de personas pasan hambre. Curiosamente, en el mundo occidental, la obesidad empieza a alcanzar cifras alarmantes. He recordado una pintada en una pared hace años: Medio mundo se muere de hambre y el otro medio por adelgazar.
  • Millones de personas, al despertarse, no saben si comerán. Nosotros podemos elegir el menú.
  • Se incentiva económicamente desechar alimentos o no producirlos. Con los impuestos de todos subvencionamos que se destruya comida,  y después se supone que también debemos destinar parte de los impuestos para paliar el hambre en el mundo. O nos hemos perdido en algún punto del razonamiento o, simplemente, somos gilipollas y pagamos por una cosa y por la contraria.
  • Compramos y consumimos productos del otro extremo del planeta, con la carga medioambiental que supone el transporte. Los grandes beneficiados son los intermediarios, no los productores.
  • Los países en desarrollo o subdesarrollados son, en muchos casos, vertederos de los desarrollados, contaminando sus tierras, pastos y aguas. Aunque parezca mentira, muchos de esos países ven también esquilmados sus recursos, gracias a una macabra simbiosis entre grandes capitales y gobernantes, todo ellos parásitos sin escrúpulos.
  • Un puñado de empresas controlan más de la mitad del mercado comercial de semillas, curiosamente las mismas empresas que controlan la casi totalidad de productos agrotóxicos.
  • Se especula con la comida por motivos económicos, y eso da una idea del grado de perversión al que puede llegar el ser humano. Un ejemplo: en Afganistán existen los señores de la droga, los de la guerra… y los de la ayuda (humanitaria, se entiende), entre los cuales, al parecer, se cuentan familiares y allegados a Hamid Karzai, presidente del país con el beneplácito de las potencias occidentales.

 

Resumiendo: el 20% de la población tiene acceso y consume el 80% de los recursos del planeta.

He pasado el día bebiendo agua y alguna infusión, para intentar aliviar el hambre. Y he recordado que para mí es tan fácil como abrir un grifo o una botella de agua, mientras que millones de personas no tienen acceso al agua corriente y, en muchos casos, ni siquiera potable.

 

Yo formo parte de ese 20% privilegiado. Y tú, si estás leyendo esto, también.

 

Hoy no te pido dinero, sólo que te tomes un cuarto de hora para mirar atentamente el vídeo siguiente y después, siguiendo a tu conciencia o a tus vísceras, pinches o no en el enlace de la columna derecha. Muchas gracias.