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Wednesday, 17 February 2010

Abre la boca y disfruta

Que no os engañe el título: este es un blog apto para todos los públicos (o casi).

He tenido un fin de semana accidentado: dos muelas partidas en esta boca de todo a cien que tengo. Total, que ayer me escapé a la capital en visita urgente al dentista.

El dentista es como el urólogo (sobretodo cuando tienes más de 40 años): o confías en él o mejor cambia de profesional.

Mi dentista es un tipo fenomenal. Suena raro, lo sé, pero es así. No es mucho mayor que yo, con cara de pillo, muy honesto en su trabajo y siempre le he visto de buen humor. Hace muchos años, el dentista al que iba tenía cara de amargado, y encima era de esos que te riñen. Cuando le veía me venía siempre a la mente el anuncio aquel de que 9 de cada 10 dentistas recomiendan el chicle sin azúcar: estoy seguro de que él era el décimo en discordia. Eso por no hablar de la vez que se dispuso a hacer una endodoncia y no comprobó si la anestesia había hecho efecto antes de entrar a matar. Tuve que elegir entre cerrar la boca, clavándome el estoque hasta el fondo y llevándome un par de sus dedos, o abrir mucho los ojos y gritar. Opté por lo segundo, pagué y no volví. Ni a ese ni a ningún otro, durante años. Así tengo ahora la boca, pero bueno.

Mi dentista es radicalmente diferente. Ha aprendido a no sentarse justo al lado (para evitar aquello de agarrarle de salva sea la parte y decirle: ¿A que no nos vamos a hacer daño?), así que te tumba del todo, en una butaca la mar de cómoda. Como es un tipo enrollado, ha puesto una pantalla plana en el techo, y te distraes viendo vídeos musicales o lo que sea. Tiene la manía de contar chistes cuando estás tumbado, con la boca abierta y sin poder moverla; y algunos son realmente buenos. Tanto él como la asistente te hacen sentir realmente relajado en una situación bastante estresante.

También se toma su par de minutos para saber cómo estás, cómo van las cosas. Vamos, esos detalles que tiene un amigo, pero que no esperas de un profesional de la salud porque, desgraciadamente, con demasiada frecuencia se olvidan que no es plato de gusto acudir a sus consultas. Sabe cómo hacerte sentir bien y no tenéis ni idea de lo gratificante que es comprobar eso.

Pues eso, que estábamos comentando la actualidad, y yo rajaba sobre la situación económica, haciendo comentarios sobre quienes demandan políticas liberales cuando las cosas van bien, pero exigen que el gobierno intervenga cuando su dinero se ve amenazado; esos que se llenan los bolsillos y después pretenden que todos paguen sus errores o desmanes. Solté una frase poco edificante, lo sé, pero que es muy descriptiva: O follamos todos, o la puta al río.

La respuesta de mi dentista fue contundente: Pues tal como somos en este país, por joder al otro la puta acabará en el agua.

Estoy absolutamente de acuerdo con él. No es que la envidia sea el deporte nacional, es que, llegado el caso, también lo es joder al prójimo, muchas veces sin darnos cuenta de que nos acabamos jodiendo a nosotros mismos. Para algunos es más importante la desgracia del prójimo que la bonanza propia.

En el trayecto de vuelta (en tren, mientras intentaba mantener la boca cerrada para que no se me cayera la baba por el efecto de la anestesia) pensaba en la suerte que tengo: mi dentista me hace reír, me hace pensar, me da ideas para el blog, cuida de mi salud dental sin reñirme. En definitiva, me hace olvidar que estoy sentado en un sillón de tortura. Es un profesional como la copa de un pino. Él y la gente que trabaja con él. Y ni os imagináis lo bien que me hace sentir eso en medio de tanta mediocridad y tanto oportunista en todos los campos.

 

Bueno, y poder masticar sin miedo otra vez también sienta fenomenal. Muchas gracias, Paco.