Pages

Saturday, 6 March 2010

Eu non son galego, ¿e que?

 

Hace ya días que noto alterado mi ADN mitocondrial, o sea, el núcleo duro del sector galaico-atlántico de mi genética.

A la Sra. Rosa Díez, de UPyD, en una entrevista, se le ocurrió soltar algo así como que Zapatero podría ser “gallego, en el sentido más peyorativo del término”.

A mí se me ocurría que la señora Díez bien podría ser un percebe (Galiza calidade), en el sentido coloquial de la palabra. Y en esas clip_image001[11]ocurrencias andaba mi neurona cuando he recibido un mail con un fotomontaje divertido (foto de la izquierda). Faltón, sí, pero divertido. También el comentario de Rosa Díez fue faltón, y mucho. Y nada divertido, sobretodo para los gallegos. Supongo que pretendió hacer una gracia y le salió un insulto, y le han llovido chuzos de punta, como es natural.

Estimada Sra. Díez (lo de estimada es una formalidad, no se lo tome a mal), la próxima vez consulte con la almohada. ¿Cómo se sentiría usted si le dijeran que es española, en el sentido peyorativo del término? Quisiera recordarle que nacer en un lugar determinado es un accidente, y si no se refería a eso, sino a una manera de actuar, hay muchas otras maneras de decirlo.

Si se refería a que “no se sabe si sube o baja”, podría haber dicho que Zapatero no es claro en sus posturas, o que divaga. Yo no creo que eso sea peyorativo, sino una manera de actuar comprensible en una tierra que ha sufrido mucho y en la que significarse podía (y, en ciertos sitios, aún puede) significar la diferencia entre poder quedarse en tu tierra o tener que emigrar, porque el caciquismo sigue teniendo mucha fuerza.

Si se refería usted a que Zapatero es tonto (acepción recogida en la RAE, aunque enmendada en la vigésima tercera edición), pues debería ser directa, que por parecer inteligente insultó usted a un montón de gente y, además, quedó como lo que es: tonta (en el sentido de pesada, molesta).

A mí, que no soy gallego ni me siento gallego, me ha molestado porque no me gusta que se use el origen, la lengua y muchas otras cosas como arma arrojadiza.

Pero, para ser justos, tampoco me ha gustado que boicotearan una conferencia suya en la UAB.  Suscribo palabra por palabra lo que dice Jesús Palomar en su post. Lo terrible, lo triste del incidente es que con demasiada frecuencia a los bocazas se les llena la boca llamando “fascistas” a quienes no piensan como ellos, y creen que eso es motivo para prohibir que los discrepantes se expresen.

Esos mismos que llaman “fascistas” a quienes no piensan como ellos son los que después se quejan de la prohibición de determinados partidos políticos. La verdad, no sé de qué se quejan, si ellos hacen exactamente lo mismo. Le puedes poner una pátina de legalidad, pero la finalidad es la misma: acallar las voces en la estúpida creencia de que eso acallará las ideas.

Hay algo que me ha revuelto las tripas: en un vídeo en la web de El Periódico de Catalunya se ve a un tipo enarbolando una estelada (con la estrella roja, para más recochineo), en plan “Moisés con las tablas de la ley”, de Rembrandt. Esa actitud es la misma, exactamente la misma, que la de quienes se envuelven en un trozo de tela (sea la rojigualda del pollo o cualquier otra) en un campo de futbol, o la de quienes muestran un libro (sea el Rojo de Mao, la Biblia, el Corán, etc.) en una manifestación: se abrazan a un símbolo de su fe, de su verdad, y la muestran, imponiéndola. Entiendo la necesidad de símbolos para algunas personas, pero de ahí a usarlos como armas, como amenaza, hay un abismo. Con tipos así no quiero tener nada que ver; con ninguno: les puedes cambiar el símbolo, la lengua, la situación e incluso las ideas, pero siguen siendo más de lo mismo.

 

Enarbolar una bandera, limitar o anular la libertad de expresión, hacer proclamas nacionalistas y expulsar al disidente. Todo junto, a la vez y con violencia. Muy probablemente esté equivocado pero, sinceramente, eso SÍ me parece fascismo.

 

 

In the flesh – Pink Floyd