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Wednesday, 2 June 2010

El nuevo apartheid

 

Israel es un estado terrorista.

Hace años legalizaron las torturas para obtener información, se pasan por el forro la legislación internacional, consiguen saltarse a la torera todas y cada una de las resoluciones de la ONU con el apoyo y la connivencia de los Estados Unidos, que ejercen sistemáticamente su derecho a veto cuando las resoluciones afectan a Israel.

Como potencia ocupante de los territorios palestinos, mantienen a millones de personas en el mayor campo de concentración del mundo. En este artículo en El País, Esteban Beltrán (director de Amnistía Internacional en España) reflexiona sobre la situación en Gaza.

En el blog de Old Holborn he encontrado otra reflexión muy interesante: Israel ha perdido la oportunidad de aprender de las lecciones de la historia. Impresionante cómo ha cambiado el reparto de territorios en poco más de 60 años.

(Nota: Si no os importa leer en inglés o usar el traductor de Google, os aconsejo vivamente el blog de Old Holborn. Reflexiones interesantes con una forma un tanto goliárdica.)

No sólo Israel debería reflexionar sobre las lecciones del Exodus. Deberíamos pararnos a pensar en las similitudes entre lo que ha sucedido y los sucesos de Septiembre Negro en la matanza de Münich en 1972.

Veamos ahora el tema de la agresión propiamente dicha. Turquía pertenece a la OTAN, y según los artículos 5 y 6 del Tratado, el ataque armado de Israel contra navíos turcos supone una agresión contra toda la OTAN. ¿Habrá respuesta? No, por supuesto.

A los detenidos en la operación (más de 500) se les ha encarcelado y se les ofrece la posibilidad de firmar su propia expulsión. Vamos, que te secuestran y después te exigen que, si no quieres pasar por un juicio larguísimo en un estado que no garantiza tus derechos como persona, firmes un papelito. Y va el idiota del ministro de Asuntos Exteriores y comenta que intentarán convencer a los ciudadanos españoles para que lo firmen. ¿Lo suyo fue un accidente o es así de tonto desde pequeño? Lo que tendrían que hacer es expulsar al embajador israelí en España y decirle que no vuelva si no es con una disculpa oficial. Y si hay que romper relaciones, se rompen, que no se pierde nada. ¡Pandilla de lameculos!

Pero no nos engañemos: esto es culpa nuestra. Es culpa nuestra que les sigamos vendiendo armas, es culpa nuestra que no seamos más exigentes en lo que hacemos. Por mi parte, pienso ser aún más cuidadoso de lo que era hasta ahora con la compra. Nada de productos israelíes. Afortunadamente no vivimos en los Estados Unidos, donde boicotear a Israel o sus productos va contra la ley. No, no hablo en broma, lo podéis comprobar aquí. Si puedo vivir sin comer atún crudo, con lo que me gusta, os podéis imaginar lo que me importan a mí los productos israelíes.

La Sudáfrica del apartheid estaba censurada, boicoteada y condenada por todos los organismos internacionales. Israel tiene bula para hacer lo que le plazca, cuando le plazca, donde le plazca y de la manera que le plazca, sobretodo si los objetivos son goyim, es decir, casi todos. Es un estado supremacista, donde los sionistas campan a sus anchas y promueven las leyes que les interesa. Han tergiversado su propia religión. No son en nada diferentes a los talibanes: unos interpretan torticeramente el Corán y lo aplican a la política, y los otros hacen lo propio con el Talmud. Eso sí, los sionistas tienen el apoyo del primo de Zumosol. Ese primo que les manda cada año miles de millones de dólares para que los sigan repartiendo entre los colonos (muchos de ellos de origen estadounidense) fanáticos que, a semejanza de los “born again christians” neocons, no dudan en adoptar posturas extremas, uso de armas incluido.

Esos sionistas han hecho de las subvenciones que les da el Estado un modo de vida. Sus dirigentes les mandan a los sitios más jodidos a ocupar tierras y joder a sus vecinos palestinos y ellos, a cambio, obtienen dinero, privilegios, armas y el derecho a usarlas cuando les dé la real gana. Y si la cosa se pone muy complicada, pues se llama al ejército. Si la cosa aún es peor y les cae un cohete, no hay problema: se cierra del todo la franja de Gaza, se ametralla indiscriminadamente, se bombardea si hace falta con fósforo blanco (arma química prohibida) y se les bloquea sine die.

Ojalá pudiera recordar el título del documental que vi hace unos años. A un campesino palestino las tropas israelíes le habían destrozado el aljibe que usaba para regar en una zona donde suele llover poco, tirando a nada. A poco más de 100 metros, tras unas alambradas imponentes, vivían unos colonos, con piscina, muchos árboles frutales y un bonito jardín con mucho césped. Y encima se mofaban, malgastando agua y haciendo ostentación de sus armas.

Soy consciente de que existe la disidencia en Israel respecto de los tarados de kipá de ganchillo y subfusil a la espalda, y también sé que esos disidentes son vistos como traidores a la patria. Pero no es suficiente. Para mí, ser israelí significa pedir perdón por adelantado, y después ya veremos. Si eres sionista, no hace falta ni que lo intentes, porque ya sé que no pedirás perdón. No eres bienvenido.

Esos jodidos sionistas siguen ondeando la bandera de la causa judía, pero le hacen un flaco favor. De hecho, lo que conseguirán es confundir aún más a la gente, escudándose en la religión. La verdad, me revuelven las tripas. Estoy muy harto de gente así, sobretodo cuando resulta que controlan un estado que se permite matar cuando y donde le place y sabe que nadie, absolutamente nadie, les va a hacer nada. Les deseo una muerte lenta y dolorosa, y que sea lo antes posible. Si existe un dios, cualquier dios, probablemente me castigará por ello. Pero, si realmente existe, ese dios es un maldito bastardo.

 

No, no soy antisemita, sino antisionista. Si alguien no entiende la diferencia que se lo haga mirar. Yo no soy el malo por desearles la muerte; yo no mato a nadie.

 

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