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Monday, 5 July 2010

La cuenta, por favor

 

A Pepe Rubianes, esté donde esté… se debe estar descojonando de la risa, el cabrón.

 

Hola, amiguitos y amiguitas. Mucho tiempo despistado, con cosas de esas de mayores. Como sé que seguís ahí he decidido pasarme y quitarle las telarañas al blog.

 

El Tribunal Constitucional (y de la Santa Inquisición) ha fallado. Estrepitosamente, diría yo. Con el historial que tiene falla más que una escopeta de feria. Me da que tiene el punto de mira desviado. Muy desviado, y a la derecha.

Vamos, que más que fallo ha sido un cúmulo de despropósitos, pero desde el principio.

Tiempo atrás comenté que la propuesta de Estatut que salió del Parlament ya me parecía descafeinada, por timorata. El recorte posterior de las Cortes (un nombre apropiado para quienes pasan la tijera) Españolas lo dejó en cortado descafeinado, y el TC le ha puesto sacarina. Eso es lo que se llama en el sector hostelero un “desgraciado”: cortado descafeinado con leche descremada y sacarina. Quizá sea esa la versión que tienen los centralistas de toda la vida del famoso “Café para todos”.

Fue un despropósito creer a Zapatero cuando en plena euforia soltó aquello de “Apoyaré la reforma del Estatuto de Catalunya que apruebe el Parlamento de Catalunya” (Palau Sant Jordi, Barcelona, 13 de noviembre de 2003,Vídeo aquí). ¡Qué apoyo ni que niño muerto! Debimos verlo venir cuando traicionó a quien le aupó como secretario general contra todo pronóstico (el favorito era Bono) en el XXXV Congreso Federal del PSOE. Si Maragall no le hubiera dado su apoyo (creyendo ciegamente en su supuesto concepto federalista de España) ahora seguiría en León, pero cuando Maragall le exigió lealtad para con sus propios ideales le resultó demasiado insoportable.

Fue un despropósito hacer una reforma posibilista, un craso error. Puestos a pedir, pidamos lo imposible, que después ya vendrá Paco con las rebajas. Como si no conociéramos de otras veces a los tipos con quienes se iba a negociar. Son iguales que sus padres, abuelos y demás ancestros. Cada vez que se ha ido a negociar a Madrid hemos vuelto con mucho menos de lo que necesitábamos, ya no de lo que queríamos, hemos pagado el hotel, la cena y las copas (bueno, eso lo pagamos día sí, día también) y encima nos han dicho que deberíamos dar las gracias. Porque para darnos, ni la hora, pero nunca se olvidan de pasar la factura.

Fue un error del PP el recurso de inconstitucionalidad. El anticatalanismo le resulta rentable en España, pero me temo que, en el mejor de los casos, le va a costar muchos votos en Catalunya. No es que me importe, la verdad. Me encantaría que pasara a ser una fuerza extraparlamentaria. En el peor de sus escenarios, si esto realmente supone un punto y aparte, dentro de no muchos años podrán gobernar tranquilamente España… ya que el granero de votos del PSOE que es Catalunya se habrá independizado. Eso sí, gobernarán una España que ya no será la suya. Tendría mucha gracia: el PP de la unidad indisoluble gobernando una España que, siguiendo su ideario stricto sensu, ya no sería tal. ¿Ironías del destino? Más bien justicia cósmica.

Fue un despropósito de los estrategas del PSOE creer que no pasaría nada fuera cual fuera el fallo del TC. Admitámoslo: esos doce gualtrapas forman parte de un tribunal político. Son escogidos políticamente, con criterios políticos y básicamente por intereses partidistas. De ellos, uno está muerto, otro recusado por, al parecer, haber colaborado con el Govern de la Generalitat, y unos cuantos (entre ellos la presidenta) están en prórroga forzosa (y cobrando una pasta) porque deberían haber finalizado su mandato y ser sustituidos hace tres años. Esa banda de incompetentes se ha tirado cinco años cinco mano sobre mano, mareando el Estatut para, en tres días y rascando chapa, sacarse una sentencia de la manga (y las puñetas). El PSOE debería haber metido mano, cambiarlos y poner a algunos que fueran partidarios de no tocar las narices. Que dejen de pretender ecuanimidad; todos y cada uno de esos jueces lleva consignas partidistas. Ese despropósito les ha hecho perder la Moncloa en la próxima legislatura, que lo sepan.

Fue un error del TC fallar en contra. No es una ley cualquiera. Es una ley que ha sido aprobada por el Parlament y las Cortes, pero que además ha sido refrendada por buena parte de los catalanes y catalanas (que no me vengan con gilipolleces de que sólo votó algo más del 40%: si no recuerdo mal, la Constitución no fue aprobada por los ciudadanos de Euskadi). Reconozco que no voté el Estatut, y no lo hice porque me parecía que no tenía nada que ver con lo que esperaba, y además no me daba la gana legitimar con mi voto el mercadeo en las Cortes, pero ver que lo que opinen diez payasos después de cinco años de “deliberar” pesa más que el voto de más de un millón de personas… Para eso no hacía falta que nos pidieran opinión, la verdad. Ni esa ni ninguna: disuelvan los Parlamentos, todos, y que gobiernen España esos diez o doce impresentables. Se supone que así todo se hará conforme a la sacrosanta Constitución.

 

En mi opinión, no queda mucho espacio para maniobrar. Declaremos la independencia en Catalunya y que salga el sol por donde salga. Si quieren enviar tanques, que lo hagan; no creo que nadie les aplauda otra vez en la Diagonal, ni creo que nadie salga a combatirles o que se eche al monte con el fusil. Que nos juzguen a todos por rebelión conforme al artículo 472 y siguientes del Código Penal español. Delito de rebelión. Como Jeannette, soy rebelde porque El Mundo (y el resto de la caverna, la Brunete mediática y demás) me ha hecho así.

Declaremos la independencia y si se les ocurre mandar los tanques solicitemos amparo a la UE (también podemos pedirlo a la ONU, pero corremos el riesgo de acabar como en Gaza). Si España responde militarmente veremos caer el IBEX a los cinco mil puntos, será cuestionada por más de un Estado y se convertirá en el hazmerreir de medio mundo (el otro medio ya se ríe de ella o la ignora).

No nos engañemos: nuestro marco de convivencia ya no es España, sino Europa. España es monolítica, centralista hasta decir basta, intolerante con otros conceptos que no sean su unidad (de destino en lo universal) impuesta, imperialista lingüísticamente (confundiendo adrede español con castellano), intransigente, irrespetuosa y uniformizadora. España desprecia cuanto ignora, y es mucho lo que ignora. España sigue teniendo muertos en sus cunetas mientras destierra al único que se atrevió a sacarle judicialmente los colores por ese tema, apoyando el derecho de los familiares a recuperar sus cuerpos y darles el último adiós para poder terminar un duelo de años, de generaciones. ¿Transición? Capitulación, más bien. España sigue temiendo y otorgando privilegios a la misma Iglesia que llevó bajo palio a un dictador sanguinario que arrasó el país y nos sumió en el más negro de los pozos de la historia. El mismo dictador que se sublevó contra la democracia. El mismo dictador que murió en la cama y cuyo legado perdura para vergüenza y escarnio de la humanidad. Ese es el poso que ha quedado de la transición. Ese es el concepto de democracia tutelada que hay en España: el que permite que se ilegalicen partidos políticos por no condenar el terrorismo (o lo que a los de siempre les dé la gana que se condene), pero que no exige lo mismo para quienes no condenan el franquismo.

Una España, en fin, que se aferra a la verdad absoluta de una Constitución, que sólo la modifica porque no le queda otro remedio si quiere pertenecer a la Unión Europea, que no contempla la posibilidad de modificarla o de enmendarla (aunque sea puntualmente) y que la utiliza como amenaza. España se abraza a la Constitución como el converso al crucifijo desde 1978. Y la exhibe impúdicamente hasta la obscenidad, porque es lo único que le da cierta pátina de demócrata y así cree que lo es, pobre ilusa e ignorante.

No, ya no vale la pena la pedagogía. ¿Dónde están la solidaridad de esos supuestos amigos españoles que nos entienden?¿Dónde están los apoyos de esa intelectualidad progresista española que defiende la pluralidad? En ninguna parte. Ya no existen las dos Españas de Machado. La que bostezaba ha acabado imponiéndose (lo hizo en el 39) y a la que se moría la acabaron rematando entre todos.

Lo siento por mis amigos y parientes que se sienten españoles, pero para mí España ha dejado de existir. Puedo reconocer a los castellanos, gallegos, andaluces, etc., pero que no me hablen de españoles ni de España, porque el concepto que entrañan dichas palabras me produce un profundo rechazo, cuando no náuseas. En el fondo, cuando hablas lo suficiente con un español, acaba saliendo lo de la lengua, o lo de las reivindicaciones. Porque, en el fondo, lo que hay es la adhesión inquebrantable a los valores de esa España jacobina, centralista, imperialista, que sigue viendo otras realidades como “particularidades” frente a un pensamiento único y, presuntamente, universal. Serán (o dirán ser) de izquierdas, de derechas o del medio, pero acaban siendo españoles, les acaba saliendo España por los poros, por la nariz o por las orejas, y la maldita cultura de la transición les acaba haciendo mear colonia cuando hablan de la Constitución, cuando ven “Españoles en el mundo” o cuando escuchan el himno nacional, sobretodo cuando juega la “Roja”(sic). Y acto seguido te acusan de nacionalista.

No, no queda margen. No nos han dejado. Nos han dicho de una manera muy clara que no cabemos en su España, y que jamás cabremos. Es un alivio saberlo. Serán siempre bien recibidos en mi casa, y estoy seguro de que yo lo seré en la suya, pero no tendremos que malvivir más, ni tendremos que “soportarnos” ni “conllevarnos”. Y como siempre hemos sido buenos para pagar, pero no para que se nos entienda, anticipémonos a sus críticas: Zapate… Digo, ¡camarero! La cuenta, por favor, que nos vamos.

 

Se intentó, pero no ha podido ser. Han impuesto una España y nos han obligado a vivir en ella, menospreciando nuestra opinión y la de otros muchos. Aún así, no permiten que nos vayamos, amenazándonos con todo lo que se les ocurre si nos atrevemos. No quieren que vivamos EN España, sino PARA España.

Eso no es patriotismo. Es sadismo.

Que les den.