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Thursday, 5 August 2010

Estamos enfermos

Según El Periódico, el 40% de los españoles culpa a la víctima del maltrato machista.

No entraré en disquisiciones sobre si es el porcentaje de españoles o de encuestados, o sobre la validez de la encuesta. Prefiero centrarme en temas de fondo.

Según el artículo:

- “crece el número de ciudadanos que creen que la culpa de los malos tratos es de la mujer por seguir conviviendo con el agresor”

- “el discurso político y las leyes sobre la igualdad no avanzan en paralelo a la realidad social, que indica no solo un estancamiento sino ciertos retrocesos”

- “casi el 90% de los ciudadanos creen que retirar una denuncia no significa que sea falsa”

- “casi el 20% de los consultados sí comparte la siguiente afirmación: «La mayoría de mujeres ponen denuncias falsas»”

- “un 15% de los ciudadanos que cree que si un hombre maltrata a su pareja, esta debería «cambiar de actitud e intentar mejorar la situación»”

- “Lorente, por otra parte, alertó del incremento de homicidios durante los meses de verano y en especial en la segunda quincena de agosto”

- “Miguel Lorente también señaló que solo un 8% de los denunciados están en el paro y la mitad trabajan a tiempo completo”

 

Con todos mis respetos, no puedo hablar de otros lugares, pero en España el tema de la violencia doméstica se está tratando fatal.

- La culpa de una agresión jamás puede ser de la víctima cuando ésta se encuentra en situación de indefensión y/o inferioridad. Los motivos para que una mujer abandone a su pareja pueden ser variados, pero hay que estar muy enfermo para afirmar que es culpa suya si el marido la agrede porque ella no se ha ido. En cualquier caso, es quien amenaza o quien agrede quien ha de irse.

- No sé si avanzan en paralelo o no, lo que es seguro que no avanzan a la misma velocidad. Pero eso no es nuevo; pocas veces la realidad social y las instituciones van a la par en dirección, sentido y velocidad. Discrepo que el retroceso exista; más bien creo que es la realidad larvada que surge. Lo explicaré más tarde.

- Hay casi tantos motivos como ciudadanos para retirar una denuncia, sin que eso implique que sea falsa. ¿Cuántos progenitores no retirarían una denuncia por agresión contra un hijo al ver cómo éste se echa a llorar y les dice que se arrepiente?

- Claro que hay denuncias falsas, y vienen favorecidas por una ley hecha con prisas. También me explicaré.

- Si un hombre maltrata a su pareja, lo que hay que hacer es denunciarlo. No siempre es fácil, pero la actitud de esperar que la víctima intente mejorar la situación no favorece que se presenten denuncias, pues la falta de apoyo moral se palpa en la respuesta. Vamos, que si mi vecino me pincha las ruedas del coche porque tiene envidia lo que tengo que hacer es comprarme un coche peor que el suyo. ¿Me he perdido algo?

- En épocas vacacionales se convive más tiempo y con más intensidad, por tanto, se agravan las situaciones problemáticas. También, después de los periodos vacacionales de verano y Navidad aparece un incremento en las demandas de separación.

- El maltrato tiene un componente transversal. Se da en todo tipo de niveles educativos, sociales, económicos, etc. Lo que pasa es que es más visible en unos que en otros.

 

España es un país de machos, de hacer las cosas “por cojones”, “porque lo digo yo” o “porque esta es mi casa y mando yo”. Venimos de una noche muy negra de 40 años, en los que las mujeres no podían abrir una cuenta bancaria o viajar sin permiso de su padre o marido; de una tutela y sometimiento permanentes de la mujer respecto del hombre.

Yo he tenido la suerte de no vivir nada de eso en mi casa. Desde pequeño he visto a mi padre bañarnos a mí y a mi hermano, limpiar los cristales o fregar los platos y mostrarse de una manera muy, digamos, maternal, sin que eso socavase en ningún momento su imagen de masculinidad ni supusiese una merma como modelo masculino o en su autoridad. Al contrario, si algo admiro enormemente de mi padre es la capacidad de ser un padre maternal.

Jamás he oído a mi padre insultar a mi madre ni menospreciarla. Ha habido discusiones, como en todas las familias, pero jamás la ha denigrado. Por supuesto, jamás le ha levantado la mano, y creo que en toda mi vida sólo me he llevado dos bofetones, producto de la impotencia y desesperación por controlar a un muy díscolo hijo adolescente que ya no entiendes y no como método educativo.

No creo que haya retroceso, la verdad. Lo que sigue habiendo es mucho machismo, porque treinta años de supuesta democracia no han borrado los tics de la dictadura fascista más longeva de Occidente. Hace poco (lamento no recordar dónde ni poder poner el link) se hablaba de otro estudio según el cual casi la mitad de las adolescentes creían que los celos eran propios del enamoramiento, y que ciertas actitudes machistas, posesivas y de sometimiento (incluyendo amenazas, control de la vestimenta y alguna que otra bofetada) las entendían como manifestaciones de amor por parte de sus parejas. ¿De dónde lo habrán aprendido?

La ley de violencia doméstica es un churro que sacaron los socialistas para darse bombo. Es una ley de propaganda, llena de buenas intenciones, pero con muchísimos errores y, sobretodo, injusta. Una ley que castiga con doble rasero según el género es injusta, sin paliativos. Quizá ahí el Tribunal Constitucional sí debería haber metido mano, porque imponer un castigo más grave si eres hombre que si eres mujer, independientemente de muchos otros condicionantes como la constitución física, los conocimientos de artes marciales, etc, me parece una sandez y, probablemente, inconstitucional. Como también me parece peligroso que no se prevea que se pueda usar una denuncia de malos tratos como camino corto en una demanda de divorcio, aunque eso también depende de la ética de los profesionales de la abogacía. El machismo es un error, pero dos errores no hacen un acierto.

Por otro lado, montar juzgados de violencia doméstica cuando tienes a toda la Justicia hecha unos zorros me parece indignante. Meterte en un jardín así de grande implica saber que dispondrás de medios para los juzgados (sin perjudicar o, al menos, sin agraviar a otros clientes de la administración de justicia), que dispondrás de personas formadas para atender a las víctimas, que dispondrás de dinero para mantener pisos de acogida y, en determinados casos, para protección, que habrá medios materiales, económicos y humanos para hacer cumplir las órdenes de alejamiento. Y un larguísimo, si no eterno, etcétera.

Pero no. Hicieron una ley para ser los más “chachipirulis”, y a golpe de titular de periódico, que es como no se ha de legislar. Creyeron que podían solventar un problema endémico y empezaron la casa por el tejado. Cierto es que algunas de las medidas son importantes para evitar más agresiones y muertes, pero se han olvidado de algo básico: ese concepto de sometimiento de la mujer al hombre está escrito a fuego en los genes colectivos de este país, y eso no se combate solo con leyes, sino con educación.

 

Así que, sin que sirva de precedente, me permito unas sugerencias:

- La generación de adolescentes actuales está perdida, así que centrémonos en evitar que se pierdan también los que ahora tienen 5 años o menos. Más dinero para educación en las aulas, eliminando estereotipos. La oposición será feroz, pues muchos padres (y algunas madres) aún cojean de machismo.

- Si el machismo es transversal, merece un tratamiento transversal. En leyes como la del aborto lo que se esconde es la tutela por parte de determinados grupos de presión del control de la mujer. Si ellas paren, ellas deciden. Nos guste su decisión o no.

- Denuncia de las actitudes machistas, también cuando provienen de instituciones tan sacrosantas como la Iglesia Católica quien, por cierto, es uno de los mayores exponentes de machismo en nuestros tiempos. Si somos duros con el tema del Islam, seámoslo también con las demás religiones. Por cierto, prohibir el burka es un error en un estado de derecho. Con ello lo que pueden conseguir es una radicalización de las creencias religiosas de las mujeres musulmanas, con la consecuente transmisión de valores. Un estado de derecho debe proteger a las mujeres de las actitudes machistas de los hombres, no decirles cómo o cómo no han de vestir.

 

Para resumir y como colofón, ¿quieren ustedes realmente empezar a erradicar la violencia de género?¿De verdad lo desean? Pues controlen las parrillas televisivas como es debido. El primer educador en nuestros tiempos ya no son los padres o los maestros, sino la televisión. Déjense de remilgos y no se amilanen ante las proclamas a una supuesta libertad de información hecha por motivos absolutamente bastardos. Recuerden a las cadenas de televisión y radio que el espacio radioeléctrico es un bien público, no privado, y que los grupos mediáticos disfrutan de una concesión. Si no son capaces de controlar los contenidos de sus programas (hasta ahora se han saltado el horario protegido tantas veces como les da la gana porque saben que les sale más rentable pagar la multa), retiren la concesión. Hay programas en los que se toman ciertas actitudes machistas como algo normal, se les quita importancia o se excusan. No me parece exagerado decir que, en algunos casos, incluso se promueven, si eso puede añadir un punto o dos de audiencia.

 

Y, cuando vengan los que no quieren que cambie nada con el discurso de que no está bien prohibir ni coartar las libertades (es curioso ver quiénes hablan de libertades), díganles lo que responde Ismael Peña-López: están prohibiendo los abusos, defendiendo la libertad de todos, protegiéndonos a todos.

 

 

Sanctuary – Ian Anderson