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Thursday, 26 August 2010

Mala leche

Transcripción de una conversación. Juraría que casi literal.

 

Dependienta(D): –Disculpe, tiene que dejar la mochila en las taquillas.

Cliente(C): –Ningún problema. ¿La empresa se responsabiliza de los posibles daños o pérdidas de las pertenencias?

D: –Tiene que poner una moneda y…

C: –Muchas gracias, ya sé cómo funciona una taquilla. Le pregunto si se hacen responsables de un posible robo.

D: –Eso tiene que hablarlo con el encargado.

C: –Estupendo. Si es tan amable de llamarle, por favor…

(Aparece el encargado)

C: –Hola. Me dice la dependienta que tengo que dejar la mochila en la taquilla. ¿Se hacen ustedes responsables de los posibles daños o robos?

Encargado(E): –No, lo siento.

C: –Pues, como comprenderá, si ustedes no se hacen responsables, no dejaré la mochila en la taquilla.

E: –Bien, pues entonces tendrá que enseñar la mochila a la salida.

(El cliente avanza hasta pasar la línea de cajas y entrar en el supermercado, propiamente dicho)

C: –Bien, ningún problema. Cuando pase por caja, si quieren ver mi mochila, llamen a los Mossos y les mostraré el contenido gustosamente… a ellos.

E: –Pues entonces le seguiré y le estaré vigilando.

 

Os juro que es cierto. Tan cierto como que el cliente soy yo. Me ocurrió en el centro de Mercadona situado en la Carretera de Girona de Sant Feliu de Guíxols. Curiosamente, hace algo más de un año tuve un incidente parecido con el guardia de seguridad que tenían por entonces, pero fue bastante más desagradable, lo que ocasionó que pidiera las hojas de reclamación. Al cabo de una semana, el guardia de seguridad ya no estaba en el supermercado, y desde entonces no he vuelto a ver ninguno.

Hace más de 20 años que voy con una mochila a la espalda. Como Labordeta, pero ni viajo tanto ni soy la mitad de entrañable que ese tipo genial que dignificó la política con una sola frase. Llevo mochila porque no me gusta llevar nada en los bolsillos y, además, suelo acarrear bastantes cosas. Soy maniático, qué le vamos a hacer.

Me he encontrado más de un problema por la mochila, y siempre en los supermercados o centros comerciales. Como casi todos los casos son iguales, he aquí unas reflexiones:

-Las taquillas suelen estar FUERA de la línea de cajas y, normalmente, muy cerca de las puertas de salida del establecimiento. Comprendo que no estén en el otro extremo, pero si las pusieran DENTRO, a la vista de las cajeras, podría servir de disuasión para los enemigos de lo ajeno.

-La seguridad que proporcionan esas taquillas es de risa. Con un destornillador pueden abrirse, y sin hacer mucho escándalo. Además, muchas tienen el panel frontal transparente, con lo que es más fácil aún ver lo que hay dentro.

-Si se produce un robo y los ladrones salen por la puerta el establecimiento se lava las manos (más aún), y el cliente se queda con la cara de tonto habitual en estos casos y sin apoyo de ningún tipo, porque el establecimiento ni se hace responsable ni ha sido perjudicado.

-En caso de que haya personal de seguridad privada, no puede actuar pasadas las puertas, por lo que todo indica que ese personal está para vigilar a los clientes.

-Los únicos que tienen potestad para registrar las pertenencias son los miembros de cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Supongamos que me meto un fuet en la entrepierna. ¿Me va a cachear la cajera, el encargado o el tipo de seguridad? No, ¿verdad?. Pues para mirar en mi mochila tampoco valen.

 

En resumen, las cadenas de supermercados nos tratan como supuestos delincuentes y pretenden que les digamos que sí a todo. Entiendo que en época de crisis quieren reducir el porcentaje de pérdidas por robos, pero eso no se hace a costa de vulnerar los derechos de las personas (o intentarlo). El problema es que los que lo deciden no son quienes han de aplicarlo. Entiendo que los empleados han de acatar las órdenes, y no les censuro por ello, pero también han de saber que hay personas que no están dispuestas a que les tomen el pelo. Quiero entender que el último comentario del encargado fue fruto de la impotencia ante la imposibilidad de que se cumplan las órdenes que ha recibido, pero debería entender que la gente no es idiota y las amenazas no son la mejor carta de presentación.

Señor Mercadona (y esto vale para los señores Eroski, Lidl, Bonpreu, Esclat, Decathlon, etc.): sean ustedes más imaginativos buscando soluciones para evitar los hurtos en sus establecimientos. Poner a sus empleados a hacer de policías no es buena práctica, entre otras cosas porque se aprovechan de la ignorancia o la buena fe de las personas. Hagan todas las rebajas que quieran en sus precios, pero ni una sola en los derechos de las personas. Suelo acudir con frecuencia a sus establecimientos y espero no volver a encontrarme en una situación tan desagradable y violenta. Si me vuelven a pedir que enseñe la mochila tengan por seguro que solo la enseñaré a la policía. Si se atreven a llamarla presentaré una reclamación, y esta vez pediré algo más que un tirón de orejas.

A ustedes quizás no les caduque, pero yo llevo la mala leche incorporada de serie. Como la mochila. No me provoquen.