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Wednesday, 1 September 2010

Cui prodest…

 

Anda el pueblo revuelto con la llamada Herencia Anlló. Los hermanos Anlló eran propietarios de un montón de hoteles. El debate está ahora entre la subasta y la cesión administrativa. Vaya por delante que no tengo mucha idea, pero parece ser que la subasta es la venta de los inmuebles y la cesión es una especie de alquiler. Los beneficios deberían ir a entidades sin ánimo de lucro.

Creo que la subasta es un error por diversos motivos:

  • El Ayuntamiento pierde patrimonio. Los inmuebles estarán en mejor o peor estado, pero la venta supone una pérdida de patrimonio importante. Además, la crisis es la excusa perfecta para que las ofertas que se presenten sean muy a la baja. No seré yo quien defienda la especulación inmobiliaria por parte de un ayuntamiento (bastante han especulado ya), pero tampoco hay que abrir la puerta para que otros especuladores con intereses exclusivamente privados hagan su agosto a costa de lo público.
  • El dinero irá a determinadas entidades. ¿A cuáles?¿Qué criterios se utilizan? A menos de un año de la elecciones municipales, eso suena a compra de votos con dinero público, amén del agravio comparativo. Evidentemente, todas las entidades defienden que con más dinero podrán hacer mejores cosas, pero ese es un debate interesado. La cesión permite tener dinero al ayuntamiento, que es quien debe gestionarlo. Así, nos guste o no, cada cuatro años podemos decidir si el gobierno de turno lo ha gestionado bien. La subasta adjudica un dinero a unas entidades, pero después queda fuera del control público.
  • ”Cui prodest scelus, is fecit” advertía Séneca. ¿A quién beneficia la subasta? Probablemente a constructores/especuladores: compras a muy bajo precio, aguantas cuanto puedas y cuando la economía se recupere aprietas para poder construir hasta el límite (o más allá, dependiendo de lo legal que seas). No digo yo que alguien en concreto se vaya a beneficiar directamente, pero me gustará ver el sentido del voto del concejal Luque. El simple posicionamiento también beneficia, políticamente hablando, a quienes quieren permanecer.

No entiendo absolutamente nada de turismo, y creo que ha sido un error permitir que tenga tanto peso en el PIB de nuestro país, durante tanto tiempo, sin buscar la manera de diversificar el riesgo. Pero resulta que en nuestra ciudad los establecimientos hoteleros son insuficientes.

Trabajé en el hotel Panorama el verano de 1986. Joan Anlló no se caracterizaba precisamente por ser un innovador y, por lo que he visto durante años, su hermano tampoco lo era. Más bien su política empresarial era: abrimos hoteles, los aguantamos como sea sin invertir ni un duro, aunque tengamos que sacrificar precio y calidad, y no tocamos nada hasta que no haya más remedio. Consecuencias: esos hoteles siguen decorados con las tendencias estilísticas de los años 60, o cuando fuera que los abrieron. Si Esteso y Pajares decidieran hacer remakes de su películas (el Altísimo no lo quiera) tendrían la localización perfecta. Los somieres también son los mismos. Sobre los colchones no me atrevo a preguntar. A veces me pregunto si la crisis hotelera en mi ciudad no tiene muchas cosas en común con la crisis del corcho: poca o nula inversión, mano de obra poco cualificada, poca visión empresarial, etc.

Creo que la mejor opción sería una cesión administrativa en la que se tuvieran en cuenta otros criterios que no fueran los estrictamente económicos. Mi apuesta: ceder el Panorama (no sé si sería posible alguno más) a alguna escuela de hostelería. He leído que hay hosteleros interesados en ese hotel, y también parece que la escuela de hostelería CETT lo mira con ojos de deseo. Conozco el CETT, vinculado a la Universitat de Barcelona. Gestionan el hotel Alimara (donde hacen las prácticas los alumnos), a escasos metros del Campus Mundet, he comido varias veces en su restaurante, he asistido a jornadas organizadas en sus salones, he visto sus habitaciones y dos amigos míos han sido Directores Académicos. Creo que sería una excelente opción. No, no me llevo comisión alguna por defenderles. En este caso hablo como usuario; de los aspectos académicos del CETT no tengo ni conocimientos ni criterio para opinar.

¿Por qué una escuela de hostelería/turismo?

  • Estudiantes y profesorado viviendo en la ciudad. No dispongo de datos, pero pongamos unas 200-300 personas de entrada viviendo en nuestra ciudad. Eso implica viviendas alquiladas, gasto en los negocios del pueblo, etc. Implica una ciudad con estudiantes, con gente joven, inquieta, que se mueve y que busca movimiento. Implica un centro de estudios que es referente. Perdimos la Universitat de Girona (no quiero saber las razones); no creo que nos podamos permitir perder una oportunidad igual, si no mejor.

  • Un nuevo hotel en la ciudad. 100 plazas hoteleras tiene el Panorama. Supongamos que con la remodelación quedan en 50, pero serían de calidad, y no lo que tiene ahora. Además, supone un hotel de gran tamaño prácticamente en el centro de la ciudad, pero con unas vistas excepcionales.

  • Puestos de trabajo. No solo por el hotel propiamente dicho, sino por la oportunidad de generar nuevos negocios y revitalizar otros ya existentes.

  • Escuela de turismo vinculada a una universidad importante y grande (No offence), con precios ventajosos para su comunidad. Hotel en un enclave turístico tranquilo. Organización de simposios, jornadas, encuentros, etc.

  • Gestión privada, apoyo público. Posibilidad de creación de sinergias con el Museo Thyssen, el Festival de la Porta Ferrada, etc.

No creo que el debate importante sea subasta o cesión administrativa. Eso es un debate urgente, sí, pero la importancia radica en saber qué queremos hacer del pueblo, en qué nos queremos convertir en unos años. En definitiva, qué modelo de ciudad queremos. En eso me temo que las cosas no están tan claras. He vivido desde 1986 en Barcelona. He visto la explosión de alegría y la carrera cuesta abajo y sin frenos del 92, la crisis del 93, la BCN de diseño, de Nick Havana, Universal y Otto Zutz. He hablado muchas veces ya de Barcelona, mi Barcelona, y del desencanto que me produce verla convertida en un mero escaparate insustancial.

Hace año y medio que vivo en el pueblo, y aún no sé si me acabaré quedando para empezar una nueva etapa en mi vida. Lo que sí sé es que empiezo a tener la misma sensación que en la Barcelona de finales de los 80 y principios de los 90: parece que se hacen muchas cosas, parece que los ciudadanos cada día se sienten más orgullosos de su ciudad, parece que arrancan nuevos proyectos que nos situarán en el mapa,… Pero sigo sin ver un modelo de ciudad.

 

Quizá en el próximo post…