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Sunday, 3 October 2010

De mayor quiero ser…

 

Sant Feliu es una ciudad dividida. Eso no es nuevo en Catalunya, que va. Este es un país de contrastes, ciclotímico y contradictorio: “seny i rauxa”, la Biga y la Busca, “mar i muntanya”, etc. Sant Feliu sigue dividida entre la parte de abajo y la parte de arriba, metafórica y geográficamente hablando. Un ayuntamiento, dos “Casinos”, dos sensibilidades, dos clubes de fútbol con sus respectivos campos (aunque económicamente insostenibles con el paso de los años), etc. Parece como si nos empeñáramos en montar cosas que dividan al pueblo, en vez de remar en una dirección.

Por otro lado, el peso de los intereses particulares por encima de los generales. Recuerdo hace años las manifestaciones para salvar los árboles de la Rambla. Los árboles eran la excusa de unos cuantos para defender sus intereses: tenían miedo que la remodelación perjudicara a sus negocios. Curiosamente, ya nadie se queja ni lo recuerda, probablemente porque esos negocios no solo van mejor de lo que esperaban, sino mejor de lo que iban. ¿Los pinos?¿Quién se acuerda ahora de los pinos de la Rambla?

Y, por otro lado, las eternas comparaciones con las poblaciones cercanas: que si el hospital comarcal se lo llevó Palamós, que si no hay cines ni bares ni tiendas como en Platja d'Aro, que si en Sta. Cristina los pisos son más baratos y hay más servicios, etc. Hay cines en Palamós y Platja d'Aro. ¿Realmente los necesitamos en la ciudad?¿Serían rentables? Podría mejorar la oferta de bares y locales de ocio, incluso que funcionara otra vez una discoteca, siempre y cuando asumamos que eso supone inconvenientes y que siempre habrá vecinos que se quejen. Es el espíritu NIMBY.

¿Queremos tener el modelo turístico de Platja d'Aro? Con todos mis respetos, pero si hace 20 años había 13 discotecas y ahora solo abren 4 o 5 es que algo no acaba de funcionar. Y, aunque funcionara, me temo que no tenemos una ciudad con una geografía como Lloret de Mar, Salou o Platja D'Aro (somos una especie de agujero con forma de anfiteatro cuyo escenario es la playa), ni creo que queramos los problemas derivados de cierto tipo de turismo.

Señalamos con el dedo y no nos damos cuenta de lo que tenemos ni de lo que hacemos. Somos una ciudad de 22.000 habitantes, aproximadamente, que además es segunda residencia de un buen número de personas que pasan aquí fines de semana, vacaciones y demás. Tenemos un núcleo urbano compacto y pocas urbanizaciones (no es que haya mucho más sitio). Digo yo que podríamos empezar a dar algunas ideas y estudiar su aceptación y viabilidad. Ahí van las mías:

  • Buenas comunicaciones. Si nos movemos hacia otras poblaciones por trabajo, aseguremos que tanto las vías como los servicios de transporte público cubren las necesidades.

  • Vivimos en una ciudad pequeña. Para la mayor parte de los traslados internos no necesitamos el coche. ¿Necesitamos más plazas de parking? Es imposible que todos podamos aparcar justo delante de nuestro destino. Un parking de alta capacidad implica un endeudamiento insostenible para el ayuntamiento, y dudo que ninguna empresa quiera una concesión para un negocio que solo es rentable los domingos por la mañana y dos meses en verano.

  • La situación geográfica no nos favorece para la instalación de empresas que requieran gran tráfico de mercancías. El polígono industrial parece a todas luces infrautilizado. Quizás ofreciendo ventajas de tipo fiscal a empresas “limpias” (software, servicios, etc) lograríamos atraer negocio.

  • Hace tiempo que dejamos de ser un destino turístico de masas, pero hay elementos que pueden permitirnos ser un destino de calidad. Si nos centramos en la excelencia a muchos niveles podríamos convertirnos en referencia. Pequeño consejo: conviene no confundir calidad con precios abusivos.

  • La vivienda es un tema espinoso. Probablemente los precios son más competitivos en otras poblaciones cercanas, y eso deberíamos estudiar si se puede corregir a fin de atraer más habitantes (que significan impuestos en las arcas públicas, gasto en el comercio local, etc.).

  • Seamos una ciudad joven. Los jóvenes no siempre tienen razón, pero tienen ideas, cuestionan lo establecido y tienen iniciativa y empuje. Y eso siempre viene bien. Atraigamos gente joven.

Me gusta imaginar una ciudad con un centro de estudios universitario o de formación superior, gente joven en las calles, una movilidad sostenible, wi-fi pública en toda la ciudad, un tejido asociativo cohesionado, pequeñas o medianas empresas de servicios, oferta hotelera de calidad y competitiva que aprovecha y potencia una oferta cultural variada, presencia en los medios de comunicación tradicionales e impacto en las redes sociales.

En fin. Soñar es gratis... por ahora.