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Wednesday, 27 January 2010

NIMBY

Tenemos un problema. Bueno, tenemos varios, pero en este momento me centro en uno, que con más se me colapsa la neurona y después confundo el móvil con el mando a distancia de la TDT.

El consumo energético aumenta de manera espectacular. Hace años teníamos una radio y un televisor. Y la radio iba a pilas. Teníamos un frigorífico, una lavadora, una plancha de hierro, quizás algún radiador (normalmente estufas de butano), los más afortunados un equipo hi-fi y poca cosa más. Y todos los aparatos se apagaban cuando les dabas al botón de apagar. Si enchufabas la plancha cuando el radiador estaba en marcha, se fundían los plomos. Y las instalaciones eléctricas daban risa, por no decir miedo.

Ahora tenemos un combi, lavadora, secadora, bomba de frío/calor (que funciona todo el año), lucecitas halógenas (para que la luz sea indirecta, apunte a los cuadros en las paredes y proporcione calidez a la par que estilo), varias pantallas planas, sintonizador TDT, DVD, home cinema, ordenador, impresora, el portátil que ponemos a cargar al llegar a casa, el teléfono inalambrico, el móvil que ponemos a cargar, el iPod o similar que también ponemos a cargar, la batería de la cámara digital (que hay que cargar), el despertador/radio/reproductor mp3, el centro de planchado a vapor, los convectores de aire caliente de 2000 vatios para cuando sales de la ducha y no es suficiente con la calefacción. Tenemos la hostia de potencia contratada para poder planchar calentitos y las instalaciones (teóricamente) son geniales y salta el automático si algo no va bien. Como muchos aparatos van con mando a distancia, cuando le das al botón no se apagan, sino que se ponen en “stand-by”, con lo que siguen consumiendo. Para apagarlos del todo hay que levantarse y darle a otro botón, pero eso da pereza, porque para algo está el mando a distancia. Eso con suerte, porque algunos los tienes que desenchufar.

Vale, consumimos más energía. Hasta hace poco las tarifas eran muy ajustadas y, de hecho, pagábamos menos de lo que costaba producirla. Como he dicho en otras ocasiones, somo un país de nuevos ricos, y si encima nos regalan cosas al final nos creemos que es porque el mundo es así de bonito y nos rebotamos cuando nos hacen pagar las cosas por lo que valen.

El caso es que hay una fuerte oposición a las centrales nucleares como productoras de energía y mucho más a los almacenes de residuos nucleares. Es comprensible: a nadie le gusta que echen la mierda del vecindario en su patio interior. Hablo con conocimiento de causa: viví durante 22 años en un entresuelo con patio interior y terraza, y he tenido que recoger de todo (desde aquí un saludo a mis antiguos vecinos, especialmente a los que no me tiraban comida podrida en bolsas de plástico ni sacudían el mantel sobre la terraza).

Pero hay algo que no me cuadra: la mayor parte de la energía eléctrica que consumimos se origina en las nucleares. Me parece perfecto que nadie quiera los residuos en su pueblo, pero entonces tendremos que asumir que no puede haber residuos, y sin residuos no podrá generarse energía eléctrica de orígen nuclear (incluída la que compramos a Francia, país nuclearizado donde los haya). Es relativamente fácil solicitar qué porcentaje de energía eléctrica tiene orígen nuclear, hacer las cuentas y empezar a desenchufar trastos hasta consumir únicamente la que podamos asumir.

Empezamos a tener los problemas de los países desarrollados: nos sobra la mierda y ya estamos buscando sitio para tirarla. Empezamos a actuar de una manera que los norteamericanos denominaron NIMBY (Not In My BackYard). Lo que vendría a ser “No En Mi Patio Trasero”.

Si tuviéramos más dinero o más poder militar seguro que habríamos encontrado ya un país en vías de desarrollo que nos guardara todos esos residuos por el módico precio de armar a alguna milicia o de sobornar al sátrapa de turno. Queremos las comodidades de la vida moderna, pero no asumimos las responsabilidades ni el precio a pagar. Nos comportamos, además de como nuevos ricos, como niños mimados y consentidos, sin ningún respeto por lo que hacemos y pretendiendo que viviremos en el confort absoluto durante toda nuestra vida. A mí tampoco me gustan las nucleares, pero no soy hipócrita. Tampoco digo que haya que volver a las cuevas, pero sí digo que dejemos de comportarnos como si nuestra mierda no oliera mal. No somos el ombligo del mundo, y aunque así fuera, estamos llenos de pelusilla, como todos los ombligos.

 

No me preguntéis qué solución propongo. Yo hago como los psicólogos: se me da genial culpar a los demás, pero soy un negado tomando decisiones. Con una neurona disponible (la otra está de excedencia), ¿qué esperábais?

 

 

Before you accuse me – Eric Clapton

Monday, 25 January 2010

Referentes

Ando espeso últimamente. Muy espeso. Poco inspirado para escribir en el blog, incluso para escuchar música nueva. Hay un montón de temas sobre los que me gustaría escribir, pero no encuentro el tiempo ni las ganas. Debe ser la edad, el año nuevo, la luna o cualquier otra cosa a la que se le pueda atribuir la culpa.

Sea como sea, encontré hace unas semanas un blog que me pareció interesante. En este post hace referencia a un artículo escrito en 1994 en el diario La Nación, de Argentina.

Visto lo visto en nuestro país, y dado el eterno debate entre partidos sobre la educación, aquí va mi propuesta: déjense de tonterías, de teorías obsoletas y de modelos educativos, pónganse las pilas, miren lo que hacen los niños y niñas de hoy en día (qué ven, con qué interactúan, cómo se comunican, quiénes son sus ídolos, quiénes sus referentes) y quizá encuentren pistas sobre por dónde hay que ir y, sobretodo, por dónde NO hay que ir.

Hagan un sencillo test: pregunten a los y las adolescentes quiénes conocen a Belén Esteban (o a Paris Hilton). Anoten el número. Después pregunten quiénes conocen a Iker Casillas (o a Iniesta). Anoten el número. Quiénes a Chenoa (o a los Jonas Brothers). Sigan anotando. Por último, pregunten quiénes conocen a Pedro Alonso (que no a Fernando Alonso). Anoten el número. Comprueben los resultados. Pásmense.

Dos consejos. El primero hace referencia a un proverbio chino: “Si haces planes a un año, planta arroz; si haces planes a diez años, planta árboles; si haces planes a cien años, educa a tus hijos”. El segundo es menos sabio, pero puede que hasta sea eficaz: si quieren mejorar la educación de este país, empiecen por reformar las parrillas televisivas. Y cuando vengan (que vendrán, seguro) las cadenas privadas acusando de censura y reclamando libertad de prensa, recuérdenles que el espacio radioeléctrico no les pertenece, y que ya han incumplido con creces todas las normas de horario infantil protegido. Nada de multas que apenas les hacen cosquillas. Dos sanciones. La primera de 1 millón de euros, la segunda de 10 millones, y a la tercera, la retirada de la licencia para emitir. Quizá así ellos se regulen o regulen a las productoras que les proveen de tan edificantes ejemplos.

Escritores, músicos, deportistas, actores, bailarinas,… Muchos me han emocionado, pero para lo cotidiano, para lo que implica tomar decisiones que afectan a mi vida, sigo teniendo como referentes a mi padre, a amigos que me han levantado cuando estaba jodido y a profesores y profesoras de EGB y BUP que me enseñaron un montón de cosas que no estaban en los libros.

 

Cuando me salto mis principios (básicamente el de beneficencia y el de no maleficencia), no me siento mal solamente por mí, sino también por ellos. Aunque no compartan mis principios, ellos me enseñaron a ser consecuente y responsable. Con ellos aprendí que ni todo vale ni todo tiene un precio.