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Saturday, 17 July 2010

Barcelona rebelde

¡Atención señoras y señores, niños y niñas, grandes y mayores, el pulpo Paul y Naranjito! Hay un libro que se lee solo. No, no es un audiolibro, ni un e-book con voz, sino un libro de los de verdad, de los de siempre. Con sus páginas, su lomo (con queso, por favor), sus letras escritas formando palabros y estos, a su vez, formando frases. ¡Más mono!

Bueno, lo que se dice mono… En diseño no es que se hayan matado, la verdad. La contraportada resulta difícil de leer porque le han puesto un fondo rojo con puntos verdes que parece una de esas postales que esconden un dibujo tridimensional o una de esas pruebas que te ponen cuando vas al oculista. En la portada, el fondo es una fotografía en rojo de la Sagrada Familia boca abajo; toda una declaración de intenciones. Y ahí acaba lo malo (en el diseño) y empieza lo bueno.

No hay ni un solo capítulo aburrido. Diría que ni un solo párrafo. Es una delicia leerlo, te engancha, no quieres dejarlo. Es divertido, culto, mordaz, irónico, inteligente y el ritmo va cambiando: a veces es trepidante y otras es lánguido. Guillem Martínez (el autor) juega con la demora, pero lo hace sin trampas, a diferencia de Dan Brown, por ejemplo. Lo de Brown es sutil, te engancha de un capítulo a otro y no sabes cómo lo hace, pero acabas teniendo la sensación de que te ha tomado el pelo vilmente: tanto enigma y tanta tontería para tan poca recompensa. Martínez se deja de tonterías y te lo suelta a la cara: “dentro de unas páginas te cuento esto o lo otro”. A un tipo así no le dejas tirado, sobre todo porque lo que te cuenta vale mucho la pena, y encima te partes de risa con algunos pasajes.

No os voy a engañar: es un libro para quienes les gusta ya Barcelona o para quienes tienen previsto que les guste la ciudad. A mí me ha vuelto a reconciliar con ella, y nunca se lo agradeceré bastante al autor. Ni a él ni a M, que fue con quien paseaba la tarde que nos perdimos por la ciudad y compré el libro. No sé por qué, pero tengo la sensación de que va a ser uno de los libros que más regale y más recuerde.

Absténganse gafapastas del Sonar, “modennillos” de loft en Gràcia, “nuevos diseñadores” del Born, especuladores de Ciutat Vella, Millets y Montulls varios, “fashionvictims” del Mirablau y todos aquellos que creen que Barcelona empezó a ser algo desde las olimpiadas del 92. No sólo no es la Barcelona que (des)conocen, sino que muy probablemente les horrorizaría vivir en ella casi tanto como a mí en la suya.

Obligatorio para espíritus libertarios con resistencia a la nostalgia, republicanos irredentos y autocríticos con sentido del humor. Tan indispensable como los callos de Casa Leopoldo, las putas del Chino, un revolcón en el rompeolas, los caballitos de la Plaça Gal·la Placídia (snif, snif), un viaje en el avión del Tibidabo, otro revolcón en la curva de la Carretera de Vallvidrera, un picnic dominguero en Montjuïc, una mani en Plaça Sant Jaume, una siesta en la Ciutadella, un concierto en el Sot del Migdia o un bocata en el Frankfurt Pedralbes a altas (o bajas, depende como se mire) horas de la madrugada.

 

Ah, ¿que no os he dicho cómo se llama el libro? Pues eso, Barcelona rebelde.

Gràcies, Guillem.

Aquellos maravillosos años

 

Manifestaciones y otros desfiles

 

Quienes me conocen ya saben de mi gusto por desfilar tras una bandera: sólo si va en forma de falda plisada. Pero a veces hay que hacer excepciones. Si he sido capaz de votar ebrio, incluso tapándome la nariz y mirando hacia otro lado, supuse que sería capaz de asumir el “trágala” del PSC (ah, quién te ha visto y quién te ve) e ir a la mani, aunque fuera con bandera.

No estuvo nada mal, la verdad. A ojo de buen cubero yo diría que había entre treinta y un millón y medio de personas, según como se quiera mirar. Mucho lema independentista, alguna que otra pancarta graciosa y mucho comentario en castellano. Y es que el independentismo ya no es lo que era, no. Ya no es el “nacionalismo extremo” que querrían algunos (los mismos que practican el nacionalismo español extremo, por cierto). El independentismo catalán actual habla muchas lenguas, entiende muchos puntos de vista y se ha adaptado a los tiempos modernos, es decir, se ha vuelto pragmático. Para los que aún practican el nacionalismo decimonónico quedan los mensajes excluyentes, los grandes símbolos patrios, la lengua como arma y el “pal de paller i barretina”.

El independentismo sigue creciendo cada vez que Aznar o alguno de sus acólitos abren la boca, cada vez que a un socialista le sale la vena jacobina, cada vez que un tribunal politizado y partidista emite una sentencia en contra de la opinión mayoritaria de un pueblo, y cada día que pasa sin que se invierta lo que se ha de invertir. Curiosamente, la vía económica está acercando a mucha gente a un independentismo que no te exige lealtad a la bandera, pero que te pide respeto para esta tierra; que no te exige que hables en catalán, pero reclama el respeto debido a una lengua milenaria propia que se resiste a desaparecer; que no exige que se nos trate como al rey de la casa, pero que no tolera que seamos cornudos y apaleados. En definitiva, que no pretende ser mejor o peor que nadie, pero que exige que se nos acepte como somos. Porque si no aceptas a alguien tal como es es que no le quieres, y no tiene sentido seguir junto a alguien que no te quiere.

España no nos quiere, eso está claro. Nos necesitan, sí, pero no nos quieren tal y como somos. Nos quieren domesticados, callados, trabajando, serios, con “seny” (que no tienen ni puta idea de lo que es, ni saben que va unido a la “rauxa”) y tacaños (para poder seguir contando chistes estereotípicos que no tienen ninguna gracia). Ah, y “solidarios”, que es el eufemismo para decir que sigamos pagando y callando.

Hace muchos tuve algo parecido a una novia. Ella intentaba cambiarme a mí y yo intentaba cambiarla a ella, porque no nos gustaba casi nada del otro. ¿Por qué estábamos juntos? Pues porque sexualmente nos lo pasábamos muy bien. Hasta que llegó el día en el que un buen polvo ya no compensaba las broncas, el malhumor y el desencanto permanente. Decidimos dejarlo, y desde entonces nos va muy bien como amigos.

Bueno, sí, también dejamos el sexo. No se puede tener todo.

 

Nostalgia a raudales (o no)

 

Hace un mes, día arriba o abajo, asistí a la primera cena de ex-alumnos de EGB… después de 28 años. Así, a bote pronto, las chicas se conservan mucho mejor que los chicos. Claro, ellas no se quedan calvas ni tienen barriga cervecera. Lo cierto es que había quienes estaban muy bien, escandalosamente bien. Y también quienes estaban muy perjudicados. Supongo que la vida no trata a todo el mundo por igual. Una amiga me decía que a esas cenas vas a ver cómo le ha ido a cada cual, a ver si se han cumplido las profecías de juventud. Si el guaperas lo sigue siendo, si las nenas monas siguen tan estupendas, si el que se llevaba las collejas se las sigue llevando, si los perdedores han salido del pozo,…

No pasa nada de eso, ni hablar.

Te encuentras con personas que tienen tu misma edad, de las que recuerdas el nombre pero no la cara o al revés. Perfectos desconocidos con los que no tienes nada en común, porque vuestros caminos se separaron hace años o porque no se cruzaron nunca salvo para coincidir en el espacio y en el tiempo.

Te encuentras con ese largo tiempo amigo, con quien tanto compartiste, con quien tanto aprendiste y constatas que vuestros caminos se separaron en algún momento, pero no sabrías decir cuándo exactamente. La vida, simplemente, os ha ido alejando: diferentes maneras de pensar, de hacer, de sentir, de vivir, que se han distanciado de forma imperceptible, con cada vez menos frecuentes visitas, llamadas, conversaciones. Vuelves a casa con un ligero sabor amargo, el que tienen las pérdidas. Pero también consciente de lo mucho que representó en tu vida, y agradeces haberle conocido.

Te encuentras con tu pasado,  con todo aquello que vivías, con lo que pensabas, lo que sentías. Con quien soñabas ser y no fuiste. Te abruma tener que aceptar lo que pudiste ser y no quisiste. Pero lo que realmente te duele es ser consciente de lo que quisiste ser y no pudiste. Porque no te atreviste, no supiste o porque no diste más de ti.

Y te encuentras con tu primer amor. Ese que no olvidas jamás. Porque esa sensación la has sentido otras veces, pero jamás con tanta carga de miedo, ilusión, esperanza. Porque fue tu universo por un tiempo interminable. Porque te lanza al mundo a seguir buscando esa sensación. Porque buscas encontrar a alguien que sienta lo mismo por ti.

Bueno, y porque jamás se lo dijiste.

 

En el fondo, buscamos sentirnos amados. Todos. Algunos darán más, otros menos. A veces nos sentiremos miserables, otras dichosos. A veces seremos injustos, y otras generosos. Buscaremos que nos amen como personas, como pueblo, como cultura, como país, como profesional, como progenitor. Otra cosa será que sepamos amar, pero ansiamos sentirnos amados.

 

Volviendo a casa, esa misma noche, me di cuenta de lo mucho que echo de menos los momentos de ternura en pareja. Momentos a veces muy sutiles y otras muy evidentes. Compartir el desayuno y la prensa un domingo por la mañana, una leve caricia en la cola interminable del supermercado el sábado por la mañana, un beso fugaz acompañado de una sonrisa mientras cocinas a medias, que vayas al baño y se te adelante gritando que no aguanta más y que los chicos tenemos la vejiga más grande, un roce mientras doblas las sábanas, un silencio compartido sentados en la playa, caminar de la mano entre la multitud el día de St. Jordi (con lo que me gustan las muchedumbres…), el susurro en público para hacerle saber lo mucho que la deseas y que tienes unas ganas locas de volver a casa, los diez segundos que tarda en despedirse para irnos a casa, la delicadeza con la que te hace saber que no tiene ganas de sexo esta noche…

Sorprenderla mirándote con una sonrisa. Sorprenderte admirándola embelesado.

Sí, añoro mucho las minúsculas dosis de ternura cotidianas, imperceptibles, involuntarias, inesperadas, sutiles.

 

Bueno, y el sexo cotidiano también, para qué lo voy a negar.

 

 

“And girl it looks so pretty to me like it always did

Like the Spanish City to me when we were kids”

 

 

 

 

Tunnel of Love – Dire Straits

Monday, 5 July 2010

La cuenta, por favor

 

A Pepe Rubianes, esté donde esté… se debe estar descojonando de la risa, el cabrón.

 

Hola, amiguitos y amiguitas. Mucho tiempo despistado, con cosas de esas de mayores. Como sé que seguís ahí he decidido pasarme y quitarle las telarañas al blog.

 

El Tribunal Constitucional (y de la Santa Inquisición) ha fallado. Estrepitosamente, diría yo. Con el historial que tiene falla más que una escopeta de feria. Me da que tiene el punto de mira desviado. Muy desviado, y a la derecha.

Vamos, que más que fallo ha sido un cúmulo de despropósitos, pero desde el principio.

Tiempo atrás comenté que la propuesta de Estatut que salió del Parlament ya me parecía descafeinada, por timorata. El recorte posterior de las Cortes (un nombre apropiado para quienes pasan la tijera) Españolas lo dejó en cortado descafeinado, y el TC le ha puesto sacarina. Eso es lo que se llama en el sector hostelero un “desgraciado”: cortado descafeinado con leche descremada y sacarina. Quizá sea esa la versión que tienen los centralistas de toda la vida del famoso “Café para todos”.

Fue un despropósito creer a Zapatero cuando en plena euforia soltó aquello de “Apoyaré la reforma del Estatuto de Catalunya que apruebe el Parlamento de Catalunya” (Palau Sant Jordi, Barcelona, 13 de noviembre de 2003,Vídeo aquí). ¡Qué apoyo ni que niño muerto! Debimos verlo venir cuando traicionó a quien le aupó como secretario general contra todo pronóstico (el favorito era Bono) en el XXXV Congreso Federal del PSOE. Si Maragall no le hubiera dado su apoyo (creyendo ciegamente en su supuesto concepto federalista de España) ahora seguiría en León, pero cuando Maragall le exigió lealtad para con sus propios ideales le resultó demasiado insoportable.

Fue un despropósito hacer una reforma posibilista, un craso error. Puestos a pedir, pidamos lo imposible, que después ya vendrá Paco con las rebajas. Como si no conociéramos de otras veces a los tipos con quienes se iba a negociar. Son iguales que sus padres, abuelos y demás ancestros. Cada vez que se ha ido a negociar a Madrid hemos vuelto con mucho menos de lo que necesitábamos, ya no de lo que queríamos, hemos pagado el hotel, la cena y las copas (bueno, eso lo pagamos día sí, día también) y encima nos han dicho que deberíamos dar las gracias. Porque para darnos, ni la hora, pero nunca se olvidan de pasar la factura.

Fue un error del PP el recurso de inconstitucionalidad. El anticatalanismo le resulta rentable en España, pero me temo que, en el mejor de los casos, le va a costar muchos votos en Catalunya. No es que me importe, la verdad. Me encantaría que pasara a ser una fuerza extraparlamentaria. En el peor de sus escenarios, si esto realmente supone un punto y aparte, dentro de no muchos años podrán gobernar tranquilamente España… ya que el granero de votos del PSOE que es Catalunya se habrá independizado. Eso sí, gobernarán una España que ya no será la suya. Tendría mucha gracia: el PP de la unidad indisoluble gobernando una España que, siguiendo su ideario stricto sensu, ya no sería tal. ¿Ironías del destino? Más bien justicia cósmica.

Fue un despropósito de los estrategas del PSOE creer que no pasaría nada fuera cual fuera el fallo del TC. Admitámoslo: esos doce gualtrapas forman parte de un tribunal político. Son escogidos políticamente, con criterios políticos y básicamente por intereses partidistas. De ellos, uno está muerto, otro recusado por, al parecer, haber colaborado con el Govern de la Generalitat, y unos cuantos (entre ellos la presidenta) están en prórroga forzosa (y cobrando una pasta) porque deberían haber finalizado su mandato y ser sustituidos hace tres años. Esa banda de incompetentes se ha tirado cinco años cinco mano sobre mano, mareando el Estatut para, en tres días y rascando chapa, sacarse una sentencia de la manga (y las puñetas). El PSOE debería haber metido mano, cambiarlos y poner a algunos que fueran partidarios de no tocar las narices. Que dejen de pretender ecuanimidad; todos y cada uno de esos jueces lleva consignas partidistas. Ese despropósito les ha hecho perder la Moncloa en la próxima legislatura, que lo sepan.

Fue un error del TC fallar en contra. No es una ley cualquiera. Es una ley que ha sido aprobada por el Parlament y las Cortes, pero que además ha sido refrendada por buena parte de los catalanes y catalanas (que no me vengan con gilipolleces de que sólo votó algo más del 40%: si no recuerdo mal, la Constitución no fue aprobada por los ciudadanos de Euskadi). Reconozco que no voté el Estatut, y no lo hice porque me parecía que no tenía nada que ver con lo que esperaba, y además no me daba la gana legitimar con mi voto el mercadeo en las Cortes, pero ver que lo que opinen diez payasos después de cinco años de “deliberar” pesa más que el voto de más de un millón de personas… Para eso no hacía falta que nos pidieran opinión, la verdad. Ni esa ni ninguna: disuelvan los Parlamentos, todos, y que gobiernen España esos diez o doce impresentables. Se supone que así todo se hará conforme a la sacrosanta Constitución.

 

En mi opinión, no queda mucho espacio para maniobrar. Declaremos la independencia en Catalunya y que salga el sol por donde salga. Si quieren enviar tanques, que lo hagan; no creo que nadie les aplauda otra vez en la Diagonal, ni creo que nadie salga a combatirles o que se eche al monte con el fusil. Que nos juzguen a todos por rebelión conforme al artículo 472 y siguientes del Código Penal español. Delito de rebelión. Como Jeannette, soy rebelde porque El Mundo (y el resto de la caverna, la Brunete mediática y demás) me ha hecho así.

Declaremos la independencia y si se les ocurre mandar los tanques solicitemos amparo a la UE (también podemos pedirlo a la ONU, pero corremos el riesgo de acabar como en Gaza). Si España responde militarmente veremos caer el IBEX a los cinco mil puntos, será cuestionada por más de un Estado y se convertirá en el hazmerreir de medio mundo (el otro medio ya se ríe de ella o la ignora).

No nos engañemos: nuestro marco de convivencia ya no es España, sino Europa. España es monolítica, centralista hasta decir basta, intolerante con otros conceptos que no sean su unidad (de destino en lo universal) impuesta, imperialista lingüísticamente (confundiendo adrede español con castellano), intransigente, irrespetuosa y uniformizadora. España desprecia cuanto ignora, y es mucho lo que ignora. España sigue teniendo muertos en sus cunetas mientras destierra al único que se atrevió a sacarle judicialmente los colores por ese tema, apoyando el derecho de los familiares a recuperar sus cuerpos y darles el último adiós para poder terminar un duelo de años, de generaciones. ¿Transición? Capitulación, más bien. España sigue temiendo y otorgando privilegios a la misma Iglesia que llevó bajo palio a un dictador sanguinario que arrasó el país y nos sumió en el más negro de los pozos de la historia. El mismo dictador que se sublevó contra la democracia. El mismo dictador que murió en la cama y cuyo legado perdura para vergüenza y escarnio de la humanidad. Ese es el poso que ha quedado de la transición. Ese es el concepto de democracia tutelada que hay en España: el que permite que se ilegalicen partidos políticos por no condenar el terrorismo (o lo que a los de siempre les dé la gana que se condene), pero que no exige lo mismo para quienes no condenan el franquismo.

Una España, en fin, que se aferra a la verdad absoluta de una Constitución, que sólo la modifica porque no le queda otro remedio si quiere pertenecer a la Unión Europea, que no contempla la posibilidad de modificarla o de enmendarla (aunque sea puntualmente) y que la utiliza como amenaza. España se abraza a la Constitución como el converso al crucifijo desde 1978. Y la exhibe impúdicamente hasta la obscenidad, porque es lo único que le da cierta pátina de demócrata y así cree que lo es, pobre ilusa e ignorante.

No, ya no vale la pena la pedagogía. ¿Dónde están la solidaridad de esos supuestos amigos españoles que nos entienden?¿Dónde están los apoyos de esa intelectualidad progresista española que defiende la pluralidad? En ninguna parte. Ya no existen las dos Españas de Machado. La que bostezaba ha acabado imponiéndose (lo hizo en el 39) y a la que se moría la acabaron rematando entre todos.

Lo siento por mis amigos y parientes que se sienten españoles, pero para mí España ha dejado de existir. Puedo reconocer a los castellanos, gallegos, andaluces, etc., pero que no me hablen de españoles ni de España, porque el concepto que entrañan dichas palabras me produce un profundo rechazo, cuando no náuseas. En el fondo, cuando hablas lo suficiente con un español, acaba saliendo lo de la lengua, o lo de las reivindicaciones. Porque, en el fondo, lo que hay es la adhesión inquebrantable a los valores de esa España jacobina, centralista, imperialista, que sigue viendo otras realidades como “particularidades” frente a un pensamiento único y, presuntamente, universal. Serán (o dirán ser) de izquierdas, de derechas o del medio, pero acaban siendo españoles, les acaba saliendo España por los poros, por la nariz o por las orejas, y la maldita cultura de la transición les acaba haciendo mear colonia cuando hablan de la Constitución, cuando ven “Españoles en el mundo” o cuando escuchan el himno nacional, sobretodo cuando juega la “Roja”(sic). Y acto seguido te acusan de nacionalista.

No, no queda margen. No nos han dejado. Nos han dicho de una manera muy clara que no cabemos en su España, y que jamás cabremos. Es un alivio saberlo. Serán siempre bien recibidos en mi casa, y estoy seguro de que yo lo seré en la suya, pero no tendremos que malvivir más, ni tendremos que “soportarnos” ni “conllevarnos”. Y como siempre hemos sido buenos para pagar, pero no para que se nos entienda, anticipémonos a sus críticas: Zapate… Digo, ¡camarero! La cuenta, por favor, que nos vamos.

 

Se intentó, pero no ha podido ser. Han impuesto una España y nos han obligado a vivir en ella, menospreciando nuestra opinión y la de otros muchos. Aún así, no permiten que nos vayamos, amenazándonos con todo lo que se les ocurre si nos atrevemos. No quieren que vivamos EN España, sino PARA España.

Eso no es patriotismo. Es sadismo.

Que les den.