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Thursday, 26 August 2010

Mala leche

Transcripción de una conversación. Juraría que casi literal.

 

Dependienta(D): –Disculpe, tiene que dejar la mochila en las taquillas.

Cliente(C): –Ningún problema. ¿La empresa se responsabiliza de los posibles daños o pérdidas de las pertenencias?

D: –Tiene que poner una moneda y…

C: –Muchas gracias, ya sé cómo funciona una taquilla. Le pregunto si se hacen responsables de un posible robo.

D: –Eso tiene que hablarlo con el encargado.

C: –Estupendo. Si es tan amable de llamarle, por favor…

(Aparece el encargado)

C: –Hola. Me dice la dependienta que tengo que dejar la mochila en la taquilla. ¿Se hacen ustedes responsables de los posibles daños o robos?

Encargado(E): –No, lo siento.

C: –Pues, como comprenderá, si ustedes no se hacen responsables, no dejaré la mochila en la taquilla.

E: –Bien, pues entonces tendrá que enseñar la mochila a la salida.

(El cliente avanza hasta pasar la línea de cajas y entrar en el supermercado, propiamente dicho)

C: –Bien, ningún problema. Cuando pase por caja, si quieren ver mi mochila, llamen a los Mossos y les mostraré el contenido gustosamente… a ellos.

E: –Pues entonces le seguiré y le estaré vigilando.

 

Os juro que es cierto. Tan cierto como que el cliente soy yo. Me ocurrió en el centro de Mercadona situado en la Carretera de Girona de Sant Feliu de Guíxols. Curiosamente, hace algo más de un año tuve un incidente parecido con el guardia de seguridad que tenían por entonces, pero fue bastante más desagradable, lo que ocasionó que pidiera las hojas de reclamación. Al cabo de una semana, el guardia de seguridad ya no estaba en el supermercado, y desde entonces no he vuelto a ver ninguno.

Hace más de 20 años que voy con una mochila a la espalda. Como Labordeta, pero ni viajo tanto ni soy la mitad de entrañable que ese tipo genial que dignificó la política con una sola frase. Llevo mochila porque no me gusta llevar nada en los bolsillos y, además, suelo acarrear bastantes cosas. Soy maniático, qué le vamos a hacer.

Me he encontrado más de un problema por la mochila, y siempre en los supermercados o centros comerciales. Como casi todos los casos son iguales, he aquí unas reflexiones:

-Las taquillas suelen estar FUERA de la línea de cajas y, normalmente, muy cerca de las puertas de salida del establecimiento. Comprendo que no estén en el otro extremo, pero si las pusieran DENTRO, a la vista de las cajeras, podría servir de disuasión para los enemigos de lo ajeno.

-La seguridad que proporcionan esas taquillas es de risa. Con un destornillador pueden abrirse, y sin hacer mucho escándalo. Además, muchas tienen el panel frontal transparente, con lo que es más fácil aún ver lo que hay dentro.

-Si se produce un robo y los ladrones salen por la puerta el establecimiento se lava las manos (más aún), y el cliente se queda con la cara de tonto habitual en estos casos y sin apoyo de ningún tipo, porque el establecimiento ni se hace responsable ni ha sido perjudicado.

-En caso de que haya personal de seguridad privada, no puede actuar pasadas las puertas, por lo que todo indica que ese personal está para vigilar a los clientes.

-Los únicos que tienen potestad para registrar las pertenencias son los miembros de cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Supongamos que me meto un fuet en la entrepierna. ¿Me va a cachear la cajera, el encargado o el tipo de seguridad? No, ¿verdad?. Pues para mirar en mi mochila tampoco valen.

 

En resumen, las cadenas de supermercados nos tratan como supuestos delincuentes y pretenden que les digamos que sí a todo. Entiendo que en época de crisis quieren reducir el porcentaje de pérdidas por robos, pero eso no se hace a costa de vulnerar los derechos de las personas (o intentarlo). El problema es que los que lo deciden no son quienes han de aplicarlo. Entiendo que los empleados han de acatar las órdenes, y no les censuro por ello, pero también han de saber que hay personas que no están dispuestas a que les tomen el pelo. Quiero entender que el último comentario del encargado fue fruto de la impotencia ante la imposibilidad de que se cumplan las órdenes que ha recibido, pero debería entender que la gente no es idiota y las amenazas no son la mejor carta de presentación.

Señor Mercadona (y esto vale para los señores Eroski, Lidl, Bonpreu, Esclat, Decathlon, etc.): sean ustedes más imaginativos buscando soluciones para evitar los hurtos en sus establecimientos. Poner a sus empleados a hacer de policías no es buena práctica, entre otras cosas porque se aprovechan de la ignorancia o la buena fe de las personas. Hagan todas las rebajas que quieran en sus precios, pero ni una sola en los derechos de las personas. Suelo acudir con frecuencia a sus establecimientos y espero no volver a encontrarme en una situación tan desagradable y violenta. Si me vuelven a pedir que enseñe la mochila tengan por seguro que solo la enseñaré a la policía. Si se atreven a llamarla presentaré una reclamación, y esta vez pediré algo más que un tirón de orejas.

A ustedes quizás no les caduque, pero yo llevo la mala leche incorporada de serie. Como la mochila. No me provoquen.

Saturday, 14 August 2010

Calentando motores

 

Pues sí, habrá que irse entrenando porque en Catalunya nos viene una temporadita de agárrate y no te menees. No, no me refiero a los rumores de que a Pilar Rahola le van a dar un programa de monólogos en horario de máxima audiencia (en principio se hablaba de un talk show, pero como solo habla ella pues se ahorrarían un dinerillo). No. Me refiero a que tocan elecciones al Parlament en otoño (más o menos) y municipales en primavera (también, más o menos). Y eso, niños y niñas, es pernicioso para vuestras tiernas mentes, así que desde finales de este verano hasta principios el siguiente nada de leer periódicos, ni escuchar la radio, ni ver la televisión. Tampoco el Disney Channel. Caca. Tele caca.

Ya han empezado las primeras embestidas. Claro, a falta de corridas (de toros, quiero decir), todos pican y todos entran al trapo. De nuevo, nos toman por imbéciles. La llamada a las urnas que van a soltar ya la comenté hace poco más de un año, con motivo de las elecciones “uropeas”, por lo que no me repetiré (o quizá sí, no sé; soy de los indecisos). Hoy os vengo a hablar de cómo se gastan la pasta (nuestra) en las campañas (suyas) y en las brillantes políticas de propaganda de los partidos políticos.

Vamos “p’allá”:

  • El partido X monta un mitin en el territorio A para decir que harán “blanco”. El partido Y contraataca diciendo “negro”. Y el partido Z dice, por supuesto, “gris”. Los de X señalan con el dedo: “¡Mirad, los de Y, que dicen negro!”. Los de Y saltan con lo de: “¡El blanco es un despropósito!¡Los de X no saben lo que dicen!”. Y los de Z: “Desde luego, con estos de X e Y es imposible entenderse”.
  • Entonces van al territorio B, pero como allí lo del blanco y negro es un tema espinoso, el partido X dice: “Lo que hace falta es amarillo limón”. Los de Y: “El amarillo limón es un tremendo error, lo que necesitamos es azul cobalto”. Evidentemente, los de Z tienen otra opinión: “Con el amarillo limón y el azul cobalto no vamos a ninguna parte; la mejor opción es el verde pistacho”.
  • Y, así, un día tras otro hasta las elecciones. Eso es todo, en serio; no hay nada más. Bueno, sí. Hay más partidos, más ciudades y más colores, pero eso es todo.

¿Habéis entendido algo? Yo tampoco, pero de eso se trata, según ellos: llamarse de todo los unos a los otros y marear la perdiz todo lo posible.

No tocarán temas importantes porque no les interesa meter la pata. Es más importante no decir algo inconveniente que decir algo interesante, así que mejor no arriesgar. Van al trazo grueso, al eslogan y al discursito de marras en el que sueltan lo que más enardece a la multitud asistente (ya convencida y convenientemente adiestrada por regidores) justo en el momento en el que los asesores les dicen que les está pinchando en directo tal o cual televisión, para que se vean los aplausos y el ondear de banderitas con el logo del partido.

En cada campaña, precampaña y anteprecampaña se gastan una pasta. Pero una pasta indecente, de verdad. Una parte les viene del erario público (por una ley que se apañan ellos con los representantes que sacan) y otra de los créditos que piden a los bancos. Curiosamente nadie sabe de verdad lo que deben los partidos a los bancos y no hay manera de que se pongan de acuerdo en establecer unas normas de financiación de partidos políticos. Y no se ponen de acuerdo porque si lo hicieran se verían las concesiones que hacen los políticos a los grandes bancos/grandes corporaciones a quienes deben (o tienen previsto pedirles, es decir, a todos) dinero sus partidos. Por supuesto, con una ley (y un país) en condiciones tampoco podrían tener otra parte de la pasta (3% según Maragall, pero vaya usted a saber) que les viene de financiaciones irregulares/ilegales/”creativas”: caso Filesa, caso Gürtel, caso Pallerols, caso Palau,…

Los que lleguen a gobernar, de todo lo hablado, incluso de lo escrito en los programas de cada partido, no harán nada (o casi nada). Lo que implique un mayor riesgo electoral cara a las siguientes elecciones ni siquiera lo intentarán. El porcentaje de votantes que usan el programa electoral de un partido político es similar al de futbolistas que usan pañuelo.

Si de verdad nos quieren ayudar, hágannos unos favorcillos:

  • No impriman programas electorales ni publicidad; solo sirven para acumular un montón de papeletas y sobres que también están disponibles en los colegios electorales. Ahorrarán papel.
  • No impriman banderolas; ver las caras de los cabezas de lista colgados de las farolas puede dar una mala idea a más de uno. Ahorrarán plástico.
  • No hagan viajes, tampoco los que organizan para llenar los lugares de los mítines. Ahorrarán combustible.
  • No limiten el tiempo de información por motivos electorales en los medios públicos. Ahórrense el bochorno de cada campaña.

Así que con unas grabaciones en vídeo y cuatro cuñas publicitarias (que valen para cualquier campaña y cualquier año, ya que siempre es más de lo mismo), una página web que parezca chula (no hace falta ni que lo sea) y el proselitismo de toda la vida se apañan. De sobra, vamos. Les aseguro que gastarán mucho menos y, a lo mejor, incluso ganarán algo de credibilidad (lo cual no es muy difícil: cualquier cosa es más que cero). Probablemente podrán empezar a devolver los préstamos que tienen con los bancos y así podrán legislar libres de ataduras y clientelismo. Por mí que no quede: súbanse las asignaciones públicas para campañas electorales. Con moderación, que ya nos conocemos.

 

Lo que dicen los asesores de campaña y las encuestas (cuidadosamente sesgadas por los asesores de campaña) es mentira: no hay indecisos. Los únicos que conozco son los que el día de las elecciones, a la hora de comer, dudan entre carne y pescado. Los concienciados en esto del voto, los militantes o los simpatizantes ya saben a qué partido votarán (o si votarán en blanco). A los que les importa un pito no les convencerán, porque no siguen nada de la campaña. Y a los que nos abstenemos porque somos unos descreídos no nos harán ver la luz en dos semanas por mucho que nos metan una linterna en la cara.

Las campañas electorales no nos sirven absolutamente de nada a los votantes, excepto para gastar nuestro dinero y aumentar nuestro desencanto. Los votantes críticos (los de verdad, a los que supuestamente van dirigidas esas campañas, no los que votan con orejeras) forman su criterio a lo largo del tiempo, observando la coherencia y las contradicciones de los políticos durante los cuatro años que duran los mandatos y sacando conclusiones cada día. Que los políticos crean que la campaña sirve de algo nos da una idea de cómo nos ven: nos toman por idiotas que se tragan lo que les echen en quince días.

Lo que me temo de verdad es que las campañas no van dirigidas a ganar el voto, sino a no perder el de los que votan con orejeras. Por eso todos dicen que han ganado las elecciones: para mantener la moral de la tropa. Por eso cada día es más raro ver a un político que admita una derrota electoral sin paliativos ni excusas.

No se dan cuenta de que después de cada campaña y de cada elección son más y más a quienes se les caen las orejeras. Las campañas, tal como las tienen montadas, no convencen a los críticos, los pasotas no les hacen ni caso y los fieles no necesitan ser convertidos. Su concepción de la política es una pérdida de tiempo y dinero, pero también de confianza y de paciencia.

 

Por cierto. He decidido votar en las próximas elecciones al Parlament. A lo peor un día de estos os digo a quién y por qué.

Tuesday, 10 August 2010

De la autoridad

Prometí hace unas semanas hablar de José Luis Mayo y de la memoria que como Síndic de Greuges de la ciudad presentó ante el pleno del Ayuntamiento. Le pedí una copia del discurso y me la hizo llegar al día siguiente. Permitidme que os escriba un fragmento (traducido del original en catalán):

“No hemos de tener miedo a las palabras. Todos, como miembros de la polis, de la ciudad, como individuos, somos políticos, pero ustedes, regidores y regidoras, equipo de gobierno y oposición, lo son en mayor grado que los otros ciudadanos porque les hemos dado la responsabilidad de administrar y regir la ciudad; para eso tienen potestad pero se tienen que ganar la autoridad.

La autoridad (autoritas) se basa en la capacidad de la persona para convencer y persuadir a otra, y esto comporta prestigio y sabiduría y, en consecuencia, capacidad de liderazgo. La autoridad convence, no vence. La autoridad se ejerce con flexibilidad, diálogo y teniendo en cuenta las opiniones de los demás.

La potestad (potestas) es propia de la persona que tiene capacidad legal para hacer cumplir una decisión. Se basa y está relacionada con la fuerza y la implantación coercitiva. Está socialmente reconocida únicamente por el hecho de ostentar un cargo y no emana de la condición personal de quien la ejerce; implica, pues, una relación de subordinación entre quien manda y quien obedece. La potestad, el poder, vence pero no convence.”

En esos párrafos no hay sólo un discurso, sino un convencimiento profundo. Sin exagerar, podría decir que es el reflejo de una manera de hacer.

José Luis Mayo fue mi profesor (y el de la mitad de los actuales regidores del ayuntamiento) de Lengua y Literatura Castellanas en BUP y COU, allá por los 80, y director del centro en dos de los cuatro años que pasé allí. Era, pues, el poder.

Pero si es uno de mis referentes es porque, para mí, fue toda una autoridad. Como es público y notorio, no aprendí mucho en las clases de Lengua (de las de Literatura mejor no hablemos, ¿vale?) pero hay una frase que le escuché decir en el curso 82-83 y jamás la he vuelto a olvidar; más bien la recuerdo a menudo: “Señores, no olviden que, demasiado a menudo, lo urgente no deja ocuparse de lo importante”. Creo que esa frase me cautivó y el adolescente que era entonces (y sigo siendo ahora) decidió que aquella figura de poder tenía algo que decir, algo que muy probablemente me interesaba, fuera por el humor, por la fina ironía, por esa seguridad, por la ausencia de prepotencia,… Yo qué se. Algo me decía que aquel tipo tenía muchas cosas interesantes que enseñar, así que decidí escucharle.

Vale, seamos sinceros: iba a sus clases por exigencias del guión. La asignatura no es que me entusiasmara, pero el Sr. Mayo era un tipo con recursos. Y nos escuchaba a todos, aunque dijéramos sandeces grandes como los pinos que nos rodeaban. Y tenía golpes como el de sacarnos un día de finales de primavera a hacer clase bajo esos mismos pinos (aunque sospecho que el calor que hacía en las aulas tuvo algo que ver). Y siempre tenía un minuto, o dos o varios para sentarse si tenías algún problema. Y no escatimaba consejos, pero de los que valen de verdad: sin paternalismo, haciéndote sentir responsable de tu futuro, confiando en ti, creyendo en ti.

Fue mi profesor, y aprendí sus lecciones mejor o peor. Pero también fue mi maestro, y me gusta pensar que aprendí de su ejemplo, como lo aprendí de Mercedes Benito o de Juan Donaire. A la Sra. Benito la veo menos de lo que quisiera (mea máxima culpa), al Sr. Donaire le sigo recordando y añorando (siempre, siempre le deberé un café) y al Sr. Mayo, por su faceta más pública, le sigo siempre que puedo.

 

Ellos siempre me escucharon, tuvieron tiempo para mí, confiaron en mí, creyeron en mí, me empujaron cuando me apalancaba, me respetaron como persona, me levantaron cuando me caí y se esforzaron mucho para lanzar al mundo a alguien formado. Lo que haya pasado después es otra historia y mi responsabilidad.

Si tengo espíritu crítico (en ocasiones, demasiado) es gracias a ellos. Con ellos y, sobre todo, de ellos aprendí que el poder sin autoridad no es nada, absolutamente nada. Cuando el poder sin autoridad se ejerce sin escrúpulos, sin ética y sin respeto hay que combatirlo, y solamente se puede combatir con autoridad.

No tenerlos como referentes no solo sería una falta de respeto; sería un error.

 

O, si sic omnes, Magister!

Thursday, 5 August 2010

Estamos enfermos

Según El Periódico, el 40% de los españoles culpa a la víctima del maltrato machista.

No entraré en disquisiciones sobre si es el porcentaje de españoles o de encuestados, o sobre la validez de la encuesta. Prefiero centrarme en temas de fondo.

Según el artículo:

- “crece el número de ciudadanos que creen que la culpa de los malos tratos es de la mujer por seguir conviviendo con el agresor”

- “el discurso político y las leyes sobre la igualdad no avanzan en paralelo a la realidad social, que indica no solo un estancamiento sino ciertos retrocesos”

- “casi el 90% de los ciudadanos creen que retirar una denuncia no significa que sea falsa”

- “casi el 20% de los consultados sí comparte la siguiente afirmación: «La mayoría de mujeres ponen denuncias falsas»”

- “un 15% de los ciudadanos que cree que si un hombre maltrata a su pareja, esta debería «cambiar de actitud e intentar mejorar la situación»”

- “Lorente, por otra parte, alertó del incremento de homicidios durante los meses de verano y en especial en la segunda quincena de agosto”

- “Miguel Lorente también señaló que solo un 8% de los denunciados están en el paro y la mitad trabajan a tiempo completo”

 

Con todos mis respetos, no puedo hablar de otros lugares, pero en España el tema de la violencia doméstica se está tratando fatal.

- La culpa de una agresión jamás puede ser de la víctima cuando ésta se encuentra en situación de indefensión y/o inferioridad. Los motivos para que una mujer abandone a su pareja pueden ser variados, pero hay que estar muy enfermo para afirmar que es culpa suya si el marido la agrede porque ella no se ha ido. En cualquier caso, es quien amenaza o quien agrede quien ha de irse.

- No sé si avanzan en paralelo o no, lo que es seguro que no avanzan a la misma velocidad. Pero eso no es nuevo; pocas veces la realidad social y las instituciones van a la par en dirección, sentido y velocidad. Discrepo que el retroceso exista; más bien creo que es la realidad larvada que surge. Lo explicaré más tarde.

- Hay casi tantos motivos como ciudadanos para retirar una denuncia, sin que eso implique que sea falsa. ¿Cuántos progenitores no retirarían una denuncia por agresión contra un hijo al ver cómo éste se echa a llorar y les dice que se arrepiente?

- Claro que hay denuncias falsas, y vienen favorecidas por una ley hecha con prisas. También me explicaré.

- Si un hombre maltrata a su pareja, lo que hay que hacer es denunciarlo. No siempre es fácil, pero la actitud de esperar que la víctima intente mejorar la situación no favorece que se presenten denuncias, pues la falta de apoyo moral se palpa en la respuesta. Vamos, que si mi vecino me pincha las ruedas del coche porque tiene envidia lo que tengo que hacer es comprarme un coche peor que el suyo. ¿Me he perdido algo?

- En épocas vacacionales se convive más tiempo y con más intensidad, por tanto, se agravan las situaciones problemáticas. También, después de los periodos vacacionales de verano y Navidad aparece un incremento en las demandas de separación.

- El maltrato tiene un componente transversal. Se da en todo tipo de niveles educativos, sociales, económicos, etc. Lo que pasa es que es más visible en unos que en otros.

 

España es un país de machos, de hacer las cosas “por cojones”, “porque lo digo yo” o “porque esta es mi casa y mando yo”. Venimos de una noche muy negra de 40 años, en los que las mujeres no podían abrir una cuenta bancaria o viajar sin permiso de su padre o marido; de una tutela y sometimiento permanentes de la mujer respecto del hombre.

Yo he tenido la suerte de no vivir nada de eso en mi casa. Desde pequeño he visto a mi padre bañarnos a mí y a mi hermano, limpiar los cristales o fregar los platos y mostrarse de una manera muy, digamos, maternal, sin que eso socavase en ningún momento su imagen de masculinidad ni supusiese una merma como modelo masculino o en su autoridad. Al contrario, si algo admiro enormemente de mi padre es la capacidad de ser un padre maternal.

Jamás he oído a mi padre insultar a mi madre ni menospreciarla. Ha habido discusiones, como en todas las familias, pero jamás la ha denigrado. Por supuesto, jamás le ha levantado la mano, y creo que en toda mi vida sólo me he llevado dos bofetones, producto de la impotencia y desesperación por controlar a un muy díscolo hijo adolescente que ya no entiendes y no como método educativo.

No creo que haya retroceso, la verdad. Lo que sigue habiendo es mucho machismo, porque treinta años de supuesta democracia no han borrado los tics de la dictadura fascista más longeva de Occidente. Hace poco (lamento no recordar dónde ni poder poner el link) se hablaba de otro estudio según el cual casi la mitad de las adolescentes creían que los celos eran propios del enamoramiento, y que ciertas actitudes machistas, posesivas y de sometimiento (incluyendo amenazas, control de la vestimenta y alguna que otra bofetada) las entendían como manifestaciones de amor por parte de sus parejas. ¿De dónde lo habrán aprendido?

La ley de violencia doméstica es un churro que sacaron los socialistas para darse bombo. Es una ley de propaganda, llena de buenas intenciones, pero con muchísimos errores y, sobretodo, injusta. Una ley que castiga con doble rasero según el género es injusta, sin paliativos. Quizá ahí el Tribunal Constitucional sí debería haber metido mano, porque imponer un castigo más grave si eres hombre que si eres mujer, independientemente de muchos otros condicionantes como la constitución física, los conocimientos de artes marciales, etc, me parece una sandez y, probablemente, inconstitucional. Como también me parece peligroso que no se prevea que se pueda usar una denuncia de malos tratos como camino corto en una demanda de divorcio, aunque eso también depende de la ética de los profesionales de la abogacía. El machismo es un error, pero dos errores no hacen un acierto.

Por otro lado, montar juzgados de violencia doméstica cuando tienes a toda la Justicia hecha unos zorros me parece indignante. Meterte en un jardín así de grande implica saber que dispondrás de medios para los juzgados (sin perjudicar o, al menos, sin agraviar a otros clientes de la administración de justicia), que dispondrás de personas formadas para atender a las víctimas, que dispondrás de dinero para mantener pisos de acogida y, en determinados casos, para protección, que habrá medios materiales, económicos y humanos para hacer cumplir las órdenes de alejamiento. Y un larguísimo, si no eterno, etcétera.

Pero no. Hicieron una ley para ser los más “chachipirulis”, y a golpe de titular de periódico, que es como no se ha de legislar. Creyeron que podían solventar un problema endémico y empezaron la casa por el tejado. Cierto es que algunas de las medidas son importantes para evitar más agresiones y muertes, pero se han olvidado de algo básico: ese concepto de sometimiento de la mujer al hombre está escrito a fuego en los genes colectivos de este país, y eso no se combate solo con leyes, sino con educación.

 

Así que, sin que sirva de precedente, me permito unas sugerencias:

- La generación de adolescentes actuales está perdida, así que centrémonos en evitar que se pierdan también los que ahora tienen 5 años o menos. Más dinero para educación en las aulas, eliminando estereotipos. La oposición será feroz, pues muchos padres (y algunas madres) aún cojean de machismo.

- Si el machismo es transversal, merece un tratamiento transversal. En leyes como la del aborto lo que se esconde es la tutela por parte de determinados grupos de presión del control de la mujer. Si ellas paren, ellas deciden. Nos guste su decisión o no.

- Denuncia de las actitudes machistas, también cuando provienen de instituciones tan sacrosantas como la Iglesia Católica quien, por cierto, es uno de los mayores exponentes de machismo en nuestros tiempos. Si somos duros con el tema del Islam, seámoslo también con las demás religiones. Por cierto, prohibir el burka es un error en un estado de derecho. Con ello lo que pueden conseguir es una radicalización de las creencias religiosas de las mujeres musulmanas, con la consecuente transmisión de valores. Un estado de derecho debe proteger a las mujeres de las actitudes machistas de los hombres, no decirles cómo o cómo no han de vestir.

 

Para resumir y como colofón, ¿quieren ustedes realmente empezar a erradicar la violencia de género?¿De verdad lo desean? Pues controlen las parrillas televisivas como es debido. El primer educador en nuestros tiempos ya no son los padres o los maestros, sino la televisión. Déjense de remilgos y no se amilanen ante las proclamas a una supuesta libertad de información hecha por motivos absolutamente bastardos. Recuerden a las cadenas de televisión y radio que el espacio radioeléctrico es un bien público, no privado, y que los grupos mediáticos disfrutan de una concesión. Si no son capaces de controlar los contenidos de sus programas (hasta ahora se han saltado el horario protegido tantas veces como les da la gana porque saben que les sale más rentable pagar la multa), retiren la concesión. Hay programas en los que se toman ciertas actitudes machistas como algo normal, se les quita importancia o se excusan. No me parece exagerado decir que, en algunos casos, incluso se promueven, si eso puede añadir un punto o dos de audiencia.

 

Y, cuando vengan los que no quieren que cambie nada con el discurso de que no está bien prohibir ni coartar las libertades (es curioso ver quiénes hablan de libertades), díganles lo que responde Ismael Peña-López: están prohibiendo los abusos, defendiendo la libertad de todos, protegiéndonos a todos.

 

 

Sanctuary – Ian Anderson