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Thursday, 25 November 2010

Ni olvido ni perdón.

Acto electoral de un partido político. Como hace años que no voy a uno, decidí armarme de valor y asistir, a ver si es que realmente me estaba perdiendo algo interesante.

Pues no: era lo de siempre, aumentado (pero no corregido) y orientado única y exclusivamente a los ya convencidos que, por cierto, eran cuatro y el cabo.

No tengo ganas de escribir mucho más sobre la campaña electoral, pero tampoco tengo ganas de callarme, así que iré directo.

Soy de izquierdas, o eso creo. Ni me planteo votar a un partido de derechas porque sé que jamás harán el tipo de política que creo justo. Por eso no les pido nada a esos partidos: si están en el gobierno les critico y, cuando lo considero oportuno, hago lo posible por descabalgarlos del poder.

Soy de izquierdas y votante crítico. Por eso castigo a los partidos potenciales depositarios de mi voto con mi abstención cuando creo que no han hecho lo que debían haber hecho: política de izquierdas de verdad, no la especulativa. Que no me guste la derecha no implica que vote con los ojos cerrados a la izquierda.

Soy de izquierdas, votante crítico y medianamente inteligente. Por eso no tolero que ninguno de esos partidos de izquierdas me vengan con chorradas. Han tenido 7 años para plantarse y hacer lo que tenían que hacer. Si no lo han hecho que no me vengan ahora con lloros, el cuento del lobo y culpando a los otros socios de gobierno.

Unos ejemplos a nivel nacional:

-“La derecha mediática catalana (La Vanguardia, RAC1,etc.) ataca un día tras otro”. Pues claro, como que defienden sus intereses. El problema no es que te ataquen, sino que tú no sabes centrar el debate en lo que es importante. Recuerda: ellos no se presentan a elecciones; tú, sí. Si quieres el voto, demuestra que se equivocan, o mienten, o lo que sea, pero no me pidas ayuda para tapar lo que tú no has sabido hacer. A ellos les puedo castigar no comprando su producto; a ti con mi abstención.

-“Que no se realice un cara a cara es una carencia democrática” y “No puede ser que en el debate todos los representantes tengan el mismo tiempo de intervención”. Y lo dicen así, sin ruborizarse ni nada, y un representante autodenominado de izquierdas. Pues eso apesta a propaganda y control de los medios. Vamos, que muy de izquierdas, pero Goebbels estaría orgulloso. Solo por esas dos frases, por cualquiera de esas dos, no solo no te mereces mi voto, sino que no mereces llamarte demócrata.

-“Nos han robado el eslogan (referente a lo del canvi que utiliza ahora CiU)”. Eso suena como lo de Ferrusola cuando perdieron la Generalitat: “Ens han fet fora de casa (Nos han echado de casa)”. Te lo voy a explicar rápido: a) la palabra “canvi” no es tuya; la puede usar quien quiera, b) si llevas 7 años gobernando, el cambio son los otros; tú eres más de lo mismo, y c) lee a Lakoff, anda. La derecha lleva años apropiándose de expresiones de la izquierda, y vosotros no habéis sabido como contraatacar eso. Si el adversario te mete 8 goles, la culpa no es que ellos sepan jugar bien; es que vosotros no tenéis ni idea de jugar.

-“Mas se hizo la foto rebajando la financiación del Estatut y ahora pide el concierto”. Por supuesto, como que estamos en campaña, idiota. El problema no es lo que haga Mas, sino que vosotros no fuisteis capaces de poner a Zapatero en su sitio. Incluso os permitisteis apuñalar por la espalda a Maragall, que había dado el primer paso al frente y le plantaba cara. Tu quoque, Brutus? ¿Dónde estabais entonces?¿Qué hicieron los diputados del PSC en el Congreso? ¡Cobardes! Vergüenza debería daros, pero no la tenéis.

-“El enemigo no es la derecha, sino la abstención y el voto en blanco”. Tu peor enemigo eres tú, que no has hecho los deberes. Llamar enemigo a la cara a quien se abstiene (normalmente votante de izquierdas) te asegura 4 años más en el banquillo. Mejor cállate, que cada vez que abres la boca lo estropeas.

A nivel local, ejemplos de autobombo con posible tiro por la culata:

-“Desdoblamiento de la C-35: Maçanet de la Selva-Platja d’Aro” Muy bonito, una carretera de doble carril que solo sirve para que no haya atascos los fines de semana (lo de Maçanet es un eufemismo para no poner la AP-7, que quedaría muy evidente). Sant Feliu, Castell-Platja d’Aro, Sta. Cristina, Calonge y Palamós suman alrededor de 60.000 habitantes cuyo destino preferente no creo que sea Vidreres o Maçanet, sino Girona. Entonces, ¿para quién se hizo la carretera?

-“Vivienda protegida de Mas Falgueres”. Si no voy errado, finalizadas hace tiempo. Una pregunta: ¿cuantas de esas viviendas están ocupadas? Hasta donde yo sé, no sirve de nada una vivienda, protegida o no, si no cumple su función. Es más, si nadie las ocupa es un dinero que dejan de ingresar las arcas públicas mientras se deteriora el patrimonio público. La construcción está muy bien, pero la gestión es una mierda. Muy propio de este país, por cierto.

En resumen: habéis perdido el norte. Del todo. No os merecéis el apoyo de los votantes críticos. Probablemente no os merezcáis ni el apoyo de vuestros militantes. Se os llena la boca hablando de valores, pero no dudáis ni un segundo en encerrarlos bajo siete llaves cuando veis peligrar la poltrona. Por favor, no me vengáis con eso tan manido de que “la derecha hace lo mismo”. Me importan un huevo la derecha y sus valores. Soy de izquierdas, ¿recuerdas lo que es eso? Son una serie de valores y principios, y los mantienes llueva, nieve o haga sol. Cualquier otra cosa es oportunismo, y eso jamás ha sido de izquierdas. No todo vale.

Para empezar, pedid perdón por vuestros errores. No me preguntéis por cuáles: todos sabemos cuáles son. De la inoperancia a la soberbia tenéis un amplio abanico donde escoger.

¿Por qué me pillo estos cabreos? Por una sencilla razón: porque me encantaría que gobernara la izquierda, pero no la de boquilla.

¿Ser crítico con la izquierda es hacerle el trabajo a la derecha? No, es darle collejas a quienes deberían haber hecho un trabajo y no lo han hecho, a ver si espabilan.

¿Por qué saco algunos de estos temas ahora? Pues porque las elecciones al Parlament las tenéis fatal, pero aún podéis reaccionar para salvar los muebles en las municipales… si queréis, claro. Si no, muchos otros como yo os seguiremos castigando, porque os lo merecéis. Si no podéis deshacer los errores, al menos asumidlos, haced autocrítica y/o mejorad la comunicación para minimizar el impacto (sin insultar demasiado la inteligencia del oyente, si puede ser).

Honos habet onus: el honor (de gobernar) conlleva responsabilidad. O más claramente: si no pasáis el punto de corte, suspendidos. A mí me enviaban a septiembre; a vosotros os mandamos a la oposición.

A ti, dirigente de partido de izquierdas, te lo voy a aclarar. Cuando gobernáis y lo hacéis mal, los votantes críticos de izquierdas os castigamos con la abstención. Aún no os habéis dado cuenta de que llegáis al poder cuando la derecha que gobierna lo hace tan mal que los mismos que nos abstenemos os damos la oportunidad de que lo hagáis como nosotros queremos. Lo que pasa es que os dormís en los laureles, hacéis política especulativa y después venís a llorarnos, amenazándonos de que viene la derecha.

Ni autocrítica, ni valores, ni vergüenza. No tenéis nada de eso. Cuando lo tengáis, cuando realmente queráis hacer política de la de verdad, cuando os importe más el servicio que la poltrona, venid a decírnoslo. A lo mejor volvemos a confiar en vosotros… o no.

 

Y recordadlo bien: sólo tenéis el voto de vuestros militantes/simpatizantes, pero con eso no basta. Si queréis gobernar necesitáis el voto de los votantes más críticos. El voto del “enemigo”.

Tuesday, 23 November 2010

Vergüenza.

Os mentí.

Mejor dicho, me mentí a mí mismo.

Creí que esta vez iría a votar. Lo creía de verdad, os lo prometo.

Supongo que me lo pedía el cuerpo.

Pero no.

Este va a ser un post de mucha mala leche, porque estoy dolido, frustrado, avergonzado. Voy a mezclar muchas cosas, probablemente mearé fuera de tiesto y seré populista, demagogo o lo que sea. Así que si no lo queréis leer mejor que lo dejéis ahora. Si seguís no me vengáis después con quejas, por favor.

Me he cansado de decir que vivimos en un país de nuevos ricos, que todos nos hemos subido a un gatito al que hemos ido alimentando, que ha crecido y resulta que se ha convertido en un tigre del cual no nos podemos bajar, so pena de que nos devore, porque ya no nos queda nada con lo que alimentarlo.

Alguno decidió bajarse. O no le quedó otro remedio. Yo qué sé. Podéis ver la noticia aquí o aquí, entre otros sitios. Pero, claro, con el mundial de F1 en juego, el inicio de la campaña electoral y demás, eso era menor.

No sé si M.P. vivió por encima de sus posibilidades. Tampoco sé si realmente acudió a los servicios sociales para solicitar ayuda. Ni lo sé ni me importa, sinceramente.

Lo que sé es que no he visto a ningún político hacer una reflexión al respecto y compartirla con los demás.

Estoy dolido porque un tipo decidió que no podía seguir más. Dolido porque su mujer y su hija muy probablemente seguirán desamparadas por el Estado que todos mantenemos.

Estoy frustrado por ser miembro de una sociedad que aún no ha tenido el valor de tirar al mar a unos cuantos políticos, banqueros, brokers, tiburones de finanzas y de mercados y vividores varios. Y no hemos tenido ese valor porque, nos guste o no, todos tenemos algún conocido que ha especulado con la vivienda, o algún familiar que ha procurado comprar para después vender a un precio muy superior o alquilar a precios desorbitados y vivir de rentas. A ver quién es el guapo ahora que les llama especuladores a la cara cuando se quejan de que no hay quien alquile o que les han dejado de pagar. Y, lo que es peor aún, a ver quién es el guapo que, teniendo la oportunidad de aprovecharse, no lo haría, o no justificaría que sus hijos lo hicieran si pudieran.

Y estoy avergonzado porque he tardado once días en ver la noticia, ¡once! Quizá no estaba en primera plana, pero estaba ahí; y yo no me di cuenta.

Hace unas semanas hacía cola para tramitar el paro. La cola pasaba por delante de una cafetería con amplios ventanales. Unas compañeras de espera comentaban que la gente sentada en la cafetería nos miraba con condescendencia y cierto desprecio, como diciendo “míralos, pasando frío y esperando para cobrar”. Me permití interrumpirlas y decirles que yo no creía eso. Creía, y sigo creyendo, que no había desprecio en sus miradas, sino temor: el temor de quien no sabe si la semana siguiente estará en nuestro sitio en la cola.

Quería ir a votar, os lo juro. Pero no puedo hacerlo, porque sea a quien sea que vote, el sistema se acabará plegando a las condiciones que impongan el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, unos hijos de puta que no nos conocen, a quienes no hemos votado ni votaremos jamás y a quienes nada ni nadie les importa una mierda, salvo su sueldo y su estatus. Si ellos dicen “mierda”, el gobierno de turno dirá “Amén” y entonces nos harán más pobres, o más falsamente ricos, a mayor beneficio de los “mercados”, que tampoco sabe nadie quiénes son.

Creo que los políticos no son una raza aparte, sino que representan lo que realmente existe en una sociedad. No nacen por generación espontánea, como los champiñones, sino que surgen en un tiempo y un lugar con unas condiciones determinadas: sociales, políticas, económicas… y culturales. Beben del mismo aljibe que el resto de la sociedad y solo el exceso de poder y su autismo les hacen peores de lo que ya eran. Un exceso de poder y un autismo propiciados por la misma sociedad que después les critica. Es, más o menos, como los programas de telebasura: muchos los ponen a parir, pero los siguen viendo… para ponerlos a parir. No se les ocurre dejar de verlos, que sería la solución.

 

Si todos, como sociedad, hemos llegado a este punto, es que no nos merecemos políticos mejores. En el fondo sabemos que no somos mejores que ellos.

 

No le conocí. Incluso es probable que M.P. no me hubiera caído bien si le hubiera conocido. Pero el Estado le dejó tirado, lo que equivale a decir que todos nosotros le dejamos tirado. TODOS. Y su muerte no ha pasado de una noticia aislada en los periódicos, sepultada por la campaña, el rescate de Irlanda, la F1 y demás temas insustanciales.

Somos una sociedad enferma, de verdad. Me hace sentir fatal. Y no veo otro modo para liberar mi frustración que abstenerme en las elecciones. Porque me asquea el sistema, porque no se me ocurren alternativas al sistema, porque me repugna y avergüenza la sociedad a la que pertenezco. Y porque quiero sentirme un poco menos dolido, frustrado y avergonzado, y no se me ocurre otra manera para sentirme mejor.

Seguramente M.P. no podía votar, porque no estaba censado o por lo que fuera. Pero ese era el menor de sus problemas, porque no creo que le preocupara su derecho al voto cuando le habían vulnerado su derecho a un trabajo digno. Y cuando se procuró una vivienda digna (a la cual también tenía derecho) para él y su familia, vino el Estado y cargó contra ellos.

Yo tengo un techo (aunque no sea mío), me interesa la política y puedo votar. Pero no me da la gana hacerlo.

Que les/nos jodan. No merecemos otra cosa.

Thursday, 18 November 2010

¡A votar!

Hola. ¿Cómo estáis?¿Bien?¿La familia? Vale, me alegro.

Llegan elecciones. Otra vez. Y con ellas todos los vendedores de humo que me dirán que tengo que votar a su candidato porqué es el más progresista, el más justo, el más independentista, el más español o el más lo que sea.

Parece que esta campaña les ha dado por subir el tono, pero no del discurso: C’s siguen despelotándose, Nebrera insinúa con gemidos y sale en toalla mientras suelta unas frases que le cortarían el rollo al mismísimo Nacho Vidal, y las juventudes del PSC ponen a una chica teniendo un orgasmo mientras vota. Por cierto, si el voto va en la línea del orgasmo veo al PSC como extraparlamentario, porque la chica finge fatal. ¿No había presupuesto para contratar a Meg Ryan? (la escena de la cafetería en “When Harry met Sally” sacó de la inopia a muchos hombres).

Capítulo aparte merece el videojuego del PP: Alicia “Morritos” Sánchez, montada en una gaviota (¿pero no decían que era un albatros?) y disparando contra independentistas e inmigrantes ilegales. Si la izquierda abertzale hubiera sacado algo parecido con los españolistas como objetivos seguro que ya les habrían enchironado y aplicado la ley antiterrorista. Le han echado la culpa… al informático, claro. Un clásico. Son una pandilla de nazis, eso es lo que son. Están ganándose a pulso que un día les partan las piernas. Yo, desde luego, no lo lamentaré. No todas las opiniones son respetables. Lo son todas las personas, pero es que quien haya ideado algo así no es persona, ni animal. Ni siquiera es cosa. Apostaría el cuello a que detrás de todo está esa inmundicia de García Albiol.

 

Esta vez tocan elecciones al Parlament de Catalunya; y para la primavera nos asaltarán con elecciones municipales. No tengo ganas de leerme unos programas electorales que después no cumplen, así que he optado por los test online, que queda mucho más “2.0” y después siempre puedo decir que no he sido yo quien se ha equivocado de interpretación.

Primero decidí pasar este test (en inglés, muy extenso) para empezar a tener una idea de por dónde puede ir mi voto, y estos fueron los resultados (clic para agrandar las imágenes):

 

pcgraphpng.php (2)

Economic Left/Right: -8.88

Social Libertarian/Authoritarian: -7.13

 

¿Sorprendidos? Yo también. ¿Por qué las puntuaciones en negativo para los de izquierdas y libertarios? Vale que los ejes XY funcionan así, pero se podrían haber evitado las lecturas perversas.

(Modo incendiario off)

El siguiente paso fue acudir al EU Profiler, test originalmente pensado para las elecciones europeas pero que incorpora también otros partidos que no forman parte del arco parlamentario europeo. Bastante bien diseñado, con preguntas variadas y una escala graduada de acuerdo/desacuerdo. Los resultados fueron estos:

 

EUProfiler1


Análisis comparativo con el partido más próximo.

EUProfiler2


Porcentaje de concordancia con los diferentes partidos (en mi caso el PP ni siquiera aparece).

EUProfiler3


Análisis de la posición respecto de los diferentes partidos, teniendo en cuenta todos los parámetros (casillas marcadas a la derecha).

 

Por último hice una visita a elecciones.es, una aplicación lanzada para las elecciones catalanas y que espero que sea mejorada en muchos aspectos para futuros comicios. 20 preguntas en las que solo puedes contestar sí, no o saltarte la pregunta. Floja, pero algo es algo. Los resultados tampoco permiten mucho análisis, así que solo sale una “foto”:

eleccions1


Análisis de la posición respecto de los diferentes partidos.

 

Vale. Ya he respondido un montón de preguntas y resulta que todo indica que debería votar ICV-EUA. Pues venga. Si lo dicen en intenné será que es verdad, ¿no?

Me gusta Joan Herrera, de ICV-EUA, por una razón muy simple: cuando le escucho hablar no tengo la impresión de que me esté tratando como a un imbécil, y eso es mucho más de lo que se puede decir del resto. Vale, su tono no me entusiasma, pero prefiero esa actitud semienfadada y ese puntito de ex monaguillo rebotado a las habituales sonrisas falsas, o las proclamas incendiarias patrióticas (del signo que sean). Y confío en él, no me digáis por qué. Me parece un tipo de fiar. Quizá no reúne todos los requisitos que pedía en las anteriores elecciones europeas, pero se acerca mucho, y los demás candidatos no pasan ni el primer requisito.

Pero tengo un dilema: no voto a Herrera, sino a la lista de ICV por Girona, y Boada no es que me entusiasme, la verdad. Sinceramente, no me inspira la mitad de confianza que Herrera, y eso sí es un dilema. ¿Les doy mi voto sabiendo que no voto al candidato que me gustaría sino a un tipo en quien no confío?¿Me abstengo como he hecho hasta ahora propiciando con ello la subida de la derecha?

 

Creo que esta semana que viene voy a tener que reflexionar seriamente. Se admiten sugerencias en forma de: jamón pata negra, recalificación urbanística, prebendas varias, Dom Perignon, concesión administrativa a coste cero, viaje de investigación sociológico a Bora-Bora, etc.

Wednesday, 10 November 2010

Amsterdam

Mi amiga P quería conocer Brujas, pero temía que la ciudad no diera para mucho, así que una opción era viajar a Bruselas. El problema era que, en su opinión, Bruselas no tiene mucho que ver. Yo soy más drástico: no se me ocurre ni una sola cosa interesante que ver en Bruselas.

Así que se le ocurrió una idea brillante: viajar a Amsterdam (le apasiona Van Gogh y visitar el museo era una prioridad) para, desde allí, hacer una escapada a Brujas.

WARNING: este post es largo. Y pesado. Quien avisa no es traidor. Debería haber colgado el post hace semanas, pero es que he andado pelín liado. Sorry.

 

Viernes, 8

El viaje de ida, la mar de plácido, salvo unos minutos de retraso en la salida del vuelo. El aeropuerto de Schiphol es enorme, pero está bien señalizado. La primera anécdota: estábamos buscando la taquilla para comprar los billetes de tren a Amsterdam y una persona que pasaba por allí nos indicó en inglés dónde estaba… ¡sin que le preguntáramos! Debíamos tener cara de despistados.

(Apunte: Trenes cada 10-15 minutos. Trayecto de 15 minutos hasta la estación central. Precio del billete: 4,20 €)

El hotel lo había escogido P, y la elección no pudo ser más acertada: Dikker en Thijs Fenice Hotel, en el Prinsengracht, a 100 metros de la Leidseplein y a menos de 15 minutos del Van Gogh Museum y Rijksmuseum. Habitación con vista al canal y parada de tranvía en la puerta.

Como era relativamente temprano aprovechamos para escaparnos al Van Gogh. Los museos y yo no nos llevamos precisamente bien, pero como no había mucha gente haciendo cola pensé que al menos mi fobia a las multitudes me haría un favor y se tomaría unas vacaciones.

El museo me gustó, la verdad. Eso de entrar y ver que estaban montando la sonorización de un cuarteto de jazz me sorprendió. Aquello se parecía más a un club de jazz (bar incluido) con sala de exposiciones, que a un museo. No tengo ni idea de pintura, pero me tomé mi tiempo para acostumbrarme al entorno y me sumergí en las sensaciones que me producían las obras colgadas. Además, ver a P entusiasmada y disfrutando como una niña en una tienda de chuches activó mi empatía y decidí que yo también quería gozar de la visita, aunque fuera de manera mucho más limitada.

(Apuntes: Precio de la entrada individual: 14€. Menores de 18 años: gratis. Servicio de guardarropía/consigna: gratis.)

Después de pasar por el hotel salimos a cenar en los aledaños de la Leidseplein. Restaurante brasileño regentado por hindúes con menús propios para turistas. La sorpresa es que la calidad de la comida era buena, la cantidad más que aceptable, el servicio fue correcto y el precio sorprendente por tratarse de un lugar concurrido.

 

Sábado, 9

Lo bueno/malo de viajar sin planificarlo todo previamente es que te llevas sorpresas. Para viajar a Brujas hay que tomar un tren hasta Amberes y allí hacer transbordo a otro que lleva a Brujas. Tiempo total, contando espera en Amberes: 4 horas. Lo bueno es que puedes comprar un billete para todo el viaje, ida y vuelta, y sale por 58€.

Brujas está bien, la verdad. Es una ciudad bien cuidada, bien promocionada y relativamente limpia, teniendo en cuenta que estaba atestada de turistas. Y no es un eufemismo, que conste. Algo más cara que Amsterdam y, definitivamente, mucho más seria; más “belga” (y no es peyorativo). Si vas con el tiempo justo, un paseo por los canales en una lancha es una opción recomendable. No recuerdo el precio, pero debía rondar los 6€. En unos 15-20 minutos te dan una vuelta y te señalan algunas de las curiosidades, lo que te puede ayudar para hacerte una idea y después profundizar un poco más en lo que te interese. Vamos, no es que haya muchísimo que ver. En un día, a poco que lo aproveches, te repasas lo más importante de la ciudad (entiéndase, el centro histórico)

Para quienes gusten de los encajes, dicen que los de Brujas son famosos. P tuvo el acierto de optar por otro activo del país: una especie de torta de cereales tostados cubiertos de chocolate. Delicioso, la verdad, pero enorme. Una buena idea si decides alimentarte sobre la marcha o, como fue mi caso, necesitas reponer fuerzas en las 4 horas de trayecto de vuelta a Amsterdam.

La anécdota tonta fue la propia estación de Amberes. Resulta que tiene como 4 niveles (pisos) de vías, por lo que tomar una foto desde arriba resulta espectacular. Por otro lado, en el intermezzo de vuelta y llevado por mi friquismo, creí que era uno de los escenarios de un juego de PC, así que se lo comenté a P y allí que nos fuimos a ver el hall y la fachada. Espectacular, oye. Impresionante de verdad, aunque estuvieran de reformas. Además casi podía ver el mismo escenario que en el juego. Bueno, pues a la vuelta voy y compruebo que la estación del juego era la de Anhalter, en Berlín, y no la de Amberes. A veces los errores te dan satisfacciones.

 

Domingo, 10

El plan original era visitar el Rijksmuseum, pero nos dicen en la recepción del hotel que los domingos cierran porque están haciendo obras. El plan B consiste en escaparnos al mercado de flores. Yo creí que sería una especie de Mercaflor o algo por el estilo, pero donde nos mandaron había unas paradas de flores y plantas de lo más normalitas. Bueno, normalitas del todo, no. Mucha variedad, muy bien presentadas y todo un espectáculo de colores y formas, pero supongo que yo esperaba algo más “industrial”, estilo naves llenas de flores. Hordas de turistas haciendo fotos y comprando en las tiendas de souvenirs aledañas. Claro, es lo que tiene ser guiri.

El paseo hasta la plaza Dam es una gozada. Al principio cuesta un poco acostumbrarse al caos ordenado de bicicletas y tranvías, pero es un placer pasear en una ciudad donde no se oyen frenazos bruscos, ni acelerones. Ni siquiera un claxon. Claro, es Europa. Para bien y para mejor. Después, un paseo hasta la casa de Anne Frank. Supimos enseguida cuál era, porque la cola de gente esperando para entrar era de impresión. Teníamos hambre y pocas ganas de esperar, así que con un vistazo por encima nos dimos por satisfechos.

Comimos al sol, en una terraza al lado del Palacio Real (en obras por fuera, una lástima por lo de las fotos). La plaza llena de gente, pero sin la sensación de agobio ni de ser un lugar muy turístico.

Lo siguiente estaba casi cantado: el Barrio Rojo se extiende a partir de la plaza Dam, así que nos aventuramos a pasear por él y, de paso, ver la Oude Kerk (iglesia vieja). Es diferente, por llamarlo de alguna manera, eso de ver monumentos rodeado de un perfume a marihuana o hachís (que haya un coffeeshop frente a la entrada de la iglesia es un punto, sí). Confieso que, como novedad, lo de ver prostitutas en escaparates me parece curioso, pero no me hizo especial ilusión. Vale, es una de las peculiaridades locales y no puedes hablar sin conocer, pero no creo que sea un sitio que vuelva a visitar. No le encontré nada interesante.

Por la noche, cena en el De Blauwe Hollander. Cocina holandesa en un local de estética minimalista. P pidió salmón con guarnición de espárragos y yo me incliné por la gastronomía local: Hotchpotch con ternera. No es para comerlo todos los días, pero me apetecía conocer los platos típicos. Manías que tengo.

El remate fue en el Bulldog, un coffeeshop que nos recomendaron en el hotel. Creo que no fue una elección acertada, porque según parece es el más frecuentado por los turistas, pero P quería visitar uno fuera como fuera y ese nos quedaba muy cerca del hotel, detalle crucial que después agradecimos. Como P no había probado jamás el hachís elegí el más suave de todos. Aún así, la experiencia fue definitiva: P ha jurado no volver a probarlo. Cosas que pasan. La calidad del hachís era buena y, aparentemente, no tenía “aditivos”. De hecho, casi se deshacía con los dedos y no hizo falta más que calentarlo un poco. Los 200 metros hasta el hotel se hicieron más largos que el viaje a Brujas.

 

Lunes, 11

Rijksmuseum. De cabeza. P tiene debilidad por Van Gogh, pero no le llamaba demasiado la atención otro museo. Mi incultura militante, sin embargo, me insistía en ir a ver algunas obras de la pintura flamenca. Supongo que, comparado con otros museos como el Louvre o el Prado, el Rijksmuseum es de segunda división, pero mi cultura también lo es. Disfruté, la verdad. Sigo siendo un inculto pero me impactaron algunas de las obras que vi. Y otras que sufrí, como el matrimonio con hijo que teníamos justo detrás nuestro, en la cola. El chaval tendría unos 10 u 11 años, maleducado, consentido, pesado. Creyó que el jardín del museo era el patio de su casa y, como se aburría, se sentó en un banco y se dedicaba a tirar piedrecitas por todos lados. Lo peor fue que el padre se le unió, para que no se aburriera solo, pobrecito. La conversación posterior mejor me la callo, pero os dejo una perla: el padre le pide al hijo que le diga el nombre de un pintor español, el niño dice “Miró” y el padre le responde que “ese era escritor”. Así, sin titubear y con toda la confianza del mundo. De verdad, si es que hay gente que no debería abrir la boca, que después se quejarán de la educación que reciben sus hijos en la escuela.

Como no teníamos prisa ninguna, nos dedicamos a pasear por la parte este del centro histórico: más apartado, más tranquilo, menos atiborrado de turistas, plazas pequeñas… Y, de pronto, ¡sorpresa! Un puesto de haring: arenque crudo con cebolla picada y pepinillo en vinagre. P no se atrevió ni a probarlo, pero a mí se me iluminó la cara, porque llevaba buscando un puesto de esos desde que llegamos. Solo puedo decir que estaba delicioso, de verdad. Si os gusta el pescado crudo no dejéis pasar la oportunidad de probarlo.

Volvimos a la zona de Leidseplein y comimos en The Pantry, justo enfrente del De Blauwe Hollander (son los únicos que hacen cocina holandesa en toda esa zona). Nada complicado: ensalada y mejillones al vapor al estilo holandés (con verduritas). Me encantó. Nos trataron como si fuéramos conocidos de toda la vida. Cuando vuelva creo que repetiré varias veces, para degustar a fondo la cocina nativa.

Decidimos descansar por la tarde; P aún acusaba los excesos de la noche anterior y se tumbó. Yo opté por degustar con calma el hachís sobrante mientras daba un paseo. Resultado: asalté una tienda de chucherías y volví lleno de dulces al hotel, donde rematé con siesta de una hora.

Como era la última noche, escogimos un local “trendy” para cenar: el Blinq. Sinceramente, tenía toda la pinta del local pijo “o sea, ¿no?”, pero resultó que tenían una carta de cositas para picar (“bites”, para los mas “cool”) que no estaban nada mal. De hecho, la cena fue un accidente, porque nos sentamos fuera para tomar algo (dentro no dejaban fumar), pero nos entró hambre. Tuvieron un detalle: cuando les pedimos la carta la amable camarera nos dijo que, si queríamos, podíamos fumar dentro, que hacían la vista gorda. Dicho y hecho. La cena, más que correcta; el ambiente, pelín fashion; el servicio, agradable. Estuvo muy bien, aunque no es de los sitios que frecuentaría.

 

Martes, 12

Hora de hacer las maletas y volver. En el aeropuerto vivimos, problemas porque algunos viajan con el baúl de la Piquer y pretenden colarlo como equipaje de mano. En el avión, problemas porque nuestra compañera de asiento parecía que no había pisado una ducha en semanas (ese sudor era Gran Reserva, al menos). Problemas porque el avión llegó tarde, los controladores aéreos franceses estaban de huelga y habíamos perdido el slot o lo que sea. Más problemas porque la mencionada compañera aprovechaba para levantarse a buscar algo en el bolso cada dos por tres (con el consecuente movimiento de brazos). Y más problemas porque parecía que no habían puesto el aire acondicionado.

Aún así, llegamos a Barcelona sin perder el equipaje.

 

Resumiendo. Amsterdam vale la pena vivirla, más que visitarla. Brujas vale la pena visitarla una vez, pero nada más. Tuvimos sol todos los días, lo cual ya es decir.

Cosas que no hay que perderse: sentarse con los pies colgando en un canal tranquilo y disfrutar de la tarde, el haring (aunque sea una vez) y los variados modelos de bicicleta que circulan.

Cosas que hay que evitar a toda costa: sólo una. Si oís a alguien hablando en español en voz alta, salid corriendo. Lo mejor que os puede pasar es que os entre vergüenza ajena.