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Wednesday, 15 June 2011

Vergüenza y dignidad.

Parc de la Ciutadella. Junto con el castillo de Montjuic, los símbolos máximos de la represión en Barcelona. Que sea la sede del Parlament de Catalunya era todo un logro: transformar un espacio de vergüenza en algo digno. De símbolo del atropello a las libertades vergüenza a símbolo de la concordia y el diálogo.

No podía ser tan bonito, no.

Me he mirado lo del movimiento de los “indignados” con cierta distancia, para no quemarme, pero lo de hoy ha sido demasiado.

Como previa, que conste que me parece vergonzoso que se señale, amenace, insulte o coaccione a cualquier persona. Esto vale para el alcalde de mi pueblo, para el de Madrid y para los diputados del Parlament, pero también para los parados que han de aceptar condiciones laborales degradantes, las personas de la tercera edad acosadas por inmobiliarias y muchos otros casos que no salen en las noticias diarias y que no tienen a un ejército de policías o de medios de comunicación (voceros y palmeros incluidos) para defenderles.

Para empezar, no son “indignados”, sino que están indignados. Son ciudadanos y ciudadanas que están hasta las narices.

Los políticos han tenido tiempo de reaccionar, de tomar decisiones y entender que no es un movimiento político al uso. Pero siguen con su marco de referencia decimonónico o, a lo sumo, del siglo XX. No se enteran.

Eso sí, repiten por activa y por pasiva que solo se pueden hacer cambios por los conductos democráticos. Es decir, lo de siempre. Si lo entiendo bien, los cambios que hay que aplicar los tienen que decidir ellos, que por algo son los representantes legales y legítimos de la ciudadanía. Y que si quieres algo, pues que votes. Siguen asociando la ciudadanía con votar, pero tienen las narices de impedir que salgan a la luz los nombres de quienes han evadido capitales y han dejado de pagar impuestos, probablemente con delito fiscal incluido. Y tampoco han tenido narices de plantarse y votar a favor de la dación en pago de las hipotecas.

Entonces, si lo entiendo bien, ¿a quiénes sirven estos perros?

Se les llena la boca a los políticos (y a muchos voceros que se llaman periodistas) con lo de la legitimidad, el secuestro de la democracia y otras lindezas. A ninguno de ellos les he visto protestar cuando los “mercados”, eso que nadie sabe qué es y que no son elegidos “democráticamente” por nadie son capaces de manipular economías hasta hacer saltar gobiernos. Ni tampoco les oigo criticar a las agencias como Moody’s y demás, que pueden tumbar una economía. Es más, les pagan por ello… ¡a unos “profesionales” que no vieron venir la gran crisis!

He oído estupideces del tipo “a los indignados sólo les falta vestir de pardo y marcar el paso de la oca”. Comparar esos sucesos con la Kristallnacht me parece demasiado atrevido, entre otras cosas porque también se puede decir, ya puestos a hablar de legitimidad política, que Hitler llegó al poder gracias a las urnas.

He oído también de manera recurrente que “la ley se tiene que cumplir y acatar. Impedir el acceso de los diputados va contra la ley”. Una lástima, de verdad, que aún no hayan entendido que la gente (la que está hasta las narices, hasta el cuello y más arriba) no pide más leyes, sino justicia. Y cuando no hay justicia no hay paz.

Algunos diputados, incluyendo al President de la Generalitat y a la Presidenta del Parlament, han tenido que entrar en helicóptero (pagado por todos, claro. Ya no les basta con coche oficial; ahora sí que están por encima del bien y del mal. Literalmente), porque el parque había sido cerrado a cal y canto por los mossos el día anterior, pero olvidaron que también se puede aislar un castillo: si te encierras dentro, procura no olvidarte nada fuera. En Roma lo hacen de vez en cuando: se llama cónclave y sirve para que nada cambie.

La Presidenta del Parlament, Núria de Gispert, ha tenido la desfachatez de pedir a la sociedad catalana que “les dé la espalda”. Es comprensible: lleva tanto tiempo dando la espalda a la sociedad catalana que no se entera de nada. ¿Quién se ha creído que es?

Tampoco faltan quienes dicen que “la democracia se ha ganado por la lucha de nuestros padres y ha costado mucho como para perderla”. Y esas mismas voces son las que la están dejando pudrir, porque de democracia le queda el nombre y se ha convertido en una especie de partidocracia, y los partidos acaban gobernados por los más mediocres, que suelen ser quienes menos escrúpulos tienen. Solo un pequeño detalle: el dictador murió en la cama.

Al principio preguntaba a quiénes sirven esos perros. Aznar está en Endesa , Felipe González en Gas Natural Fenosa (ambas fuertemente participadas por bancos). Pedro Solbes se acaba de incorporar a Barclay’s Bank. Y así una larga lista de “ex”, con cargos nuevos en premio a los servicios prestados. A esos amos sirven los perros.

Artur Mas dice que es “intolerable” la actuación de los “indignados”. Felip Puig ya ensaya con la porra y las escopetas de bolas de goma. Los mossos siguen sin llevar identificación. Representantes políticos de cualquier signo dicen que así no se pueden hacer las cosas. Todos ellos han olvidado a Juvenal (dudo que los mossos siquiera hayan oído hablar de él). Pues bien, ahora ya saben la respuesta: la ciudadanía. Es la ciudadanía quien vigila a los vigilantes.

Creo que Guillem Martínez tiene razón: algo está cambiando. La cultura de la transición hizo mucho, muchísimo daño. Y los primeros en aprovecharse han sido los partidos, que siguen manteniendo su statu quo, haciendo oídos sordos a lo que pide y demanda una sociedad mucho más avanzada que ellos. Ellos solo hablan, dicen que buscan, pero lo que hacen es marear la perdiz para que nada cambie, entendiendo por “nada” lo que a ellos les interesa.

Han tenido tiempo y oportunidades para valorar lo que estaba pasando, para actuar en consecuencia a los tiempos y a las necesidades de la sociedad, pero han preferido seguir como siempre. Lo más triste de todo es que ha hecho falta unos hechos lamentables para que se den cuenta de una puñetera vez, pero tampoco ha servido de nada. Si eres pacífico, te ignoran, te menosprecian y te insultan. Si usas la violencia, entonces te deslegitiman. Y tipos así son quienes se postulan como únicos y verdaderos representantes legítimos. Ciegos, sordos y mudos. Y tontos, muy tontos.

 

Estoy casi seguro de que no acabará bien, pero espero y deseo que el susto que se han llevado hoy los diputados les haga pensar muy seriamente antes de ponerse a tomar decisiones futuras. Ellos llevan años robándonos la ilusión, los votos y la dignidad política. Hoy les han robado el sueño; la dignidad no la han tenido jamás.