Ernest Benach se ofreció a debatir sobre la regeneración política y democrática. Era un encuentro al estilo Beers&Politics o similares, salvo con, a mi entender, una novedad: no solo había consultores, asesores o analistas políticos, politólogos o blogueros políticos; también había gente normal, entendiendo por normal aquellas personas que no participan de manera directa de la política, que no se ganan la vida con ella, pero que la sufren como todos. Personas que tienen ganas de hacer política, que les interesa, pero que no siempre disponen de la oportunidad de hablar y ser escuchados por gente que sí la vive, que sí tiene impacto en el qué, el cómo, el dónde y el cuándo de la política.
(Previa: siempre he tenido en alta consideración a Ernest Benach. No hablo de su militancia en ERC (que desconozco), sino de él como político, en el mejor sentido de la palabra. Como President del Parlament de Catalunya creo que modernizó la institución, la abrió a las nuevas tecnologías y ejerció de una manera justa y ecuánime su presidencia. Me inspira confianza y respeto, y no es la primera vez que lo digo)
Por desgracia, problemas de salud y de climatología provocaron varias bajas de última hora. Aún así, nueve personas sentadas alrededor de unas mesas, dispuestos a hablar, pero también a escuchar. Lamento no haber tomado todas las notas que hubiera querido (cosas de la novedad y de las ganas). Si en algo estoy equivocado, mis disculpas (y, por favor, corregidme)
El análisis de situación de Ernest Benach fue contundente. En su opinión, se han dado unas condiciones que han propiciado una tormenta perfecta, políticamente hablando:
Una crisis económica galopante que todo lo impregna y que actúa como detonante de un malestar ya existente.
El funcionamiento de los partidos políticos, tanto desde el punto de vista de organización interna, como de comunicación o de transparencia económica. Incidió especialmente en el hecho de que son estructuras creadas en la sociedad industrial, como los sindicatos, pero que no han variado demasiado en todo este tiempo, y ahora se encuentran con que la sociedad del conocimiento y la información tiene otros esquemas, otras maneras de (inter) actuar a las que los partidos aún no han sabido adaptarse.
Un sistema de representación válido hace 30 años, pero más que discutible actualmente. Sin revisión de las leyes electorales, los partidos, que nacieron como instrumentos para la participación política, se han convertido en estructuras de poder, y la consecuencia ha sido la perversión del sistema hasta el punto que parece que el único objetivo (especialmente en los partidos mayoritarios) sea gestionar el poder, bien sea para alcanzarlo o para mantenerlo.
Degradación del sistema de valores de la sociedad. Vivimos en una sociedad infinitamente más egoísta, menos solidaria, en la que priman los intereses particulares por encima de los comunes, en la que no se aprecia el valor intrínseco de las cosas: la educación, el esfuerzo, el trabajo, etc.
Respecto a las posibles soluciones, lamentó que los partidos no parecen ser conscientes de la necesidad de cambios urgentes, de la demanda de la sociedad por que sus reclamaciones sean mucho más que meramente escuchadas.
En el debate propiamente dicho se echó de menos mayor participación desde el otro lado de la “brecha digital” (la mayoría de los presentes estamos en lo que yo llamo la “trinchera digital”). En este sentido, las bajas 1.0 se notaron, aunque me llevé una muy grata sorpresa: mi padre (sí, invité a mi padre; no creo que eso sea nepotismo), un tipo que ha tenido que callar durante muchos años, que las ha visto de muchos colores y que, pese a la edad, tiene una mente muy abierta, soltó una de las frases más interesantes que he oído en mucho tiempo y que refleja en buena medida, a mi parecer, el hartazgo y la desidia que ha generado la clase política: “En cada campaña electoral, cada cuatro años, nos prometen exactamente lo mismo que en la anterior. Entonces, ¿qué han estado haciendo los últimos cuatro años?”. Por un momento me recordó “El día de la marmota”, esa película en la que el protagonista vive en un bucle hasta que, por fin, consigue hacer las cosas bien.
Las intervenciones, en general, estuvieron más centradas en el diagnóstico, salvo alguna intervención referente al sistema electoral. El pronóstico y el tratamiento, bien por falta de tiempo, por evitar ahondar en el pesimismo o por la necesidad de compartir el malestar y desahogarse, quedaron un tanto aparcados.
Como primera toma de contacto puedo considerar este primer encuentro como positivo, si bien reconozco que fui un anfitrión pésimo. Cosas de ser nuevo en estas lides y de no estar acostumbrado a este tipo de actos.
Me gustaría agradecerle especialmente a Ernest Benach su excelente disposición a hablar, a escuchar, a compartir. A todos los presentes, su entusiasmo y su colaboración a la hora de acudir y participar (algunos vinieron de lejos). A Quim, del Bar Catalluna, que muy amablemente nos dio cobijo en su local. Y mi más profundo agradecimiento a Xavier Peytibi, sin cuya ayuda a un novato desconocido como yo le hubiera sido imposible organizar algo así.
Tengo ilusión por intentarlo de nuevo, con otros invitados, con menos nervios. Creo que la política 2.0 está aquí para quedarse, pero la mayoría sigue estando en la 1.0. Habrá que tender puentes, buscar vías de comunicación nuevas, intentar nuevas maneras de hacer política.
Porque esto solo se arregla con más y mejor política. Y la política la hacemos entre tod@s.
Excelente artículo, rápidamente lo comparto en G+.
ReplyDeleteSin duda hay que proceder a reinventar la política y la democracia como sistema para que, como bien dice, se pueda adaptar a los tiempos actuales pues las formas que imperan hoy en día son, cuanto menos, anacrónicas.
Un saludo
Muchas gracias, David. Me alegra que te haya gustado. Si tienes sugerencias serán muy bien venidas.
ReplyDeleteUn abrazo.
Pues ya que lo mencionas, no estaría de más una propuesta pidiendo una plataforma 2.0 propia del estado en la que todo ciudadano identificado pudiera participar. Es una forma que la opinión pública estuviera en estrecha relación con la política y todo el mundo pudiera realmente expresarse y que se le pudiera escuchar.
ReplyDeleteDavid
ReplyDeleteSupongo que con identidades digitales no haría falta montar una plataforma. En cualquier caso, el porcentaje de gente que queda al otro lado de la brecha digital sigue siendo muy alto, y esa gente también ha de participar o poder participar de la política. Las herramientas digitales son eso, herramientas. No se puede obligar a nadie a adoptarlas como herramientas de comunicación, máxime cuando no son nativos digitales, y hay riesgo de exclusión, que de solo puedan hablar y compartir quienes estén en la red.
Cada vez se va generalizando más el uso de la red de internet y ya debe haber lugares promovidos por el estado en el que los debates, ideas y cualquier crítica o solución propuesta se haga eco en los políticos mismos. Por supuesto, podría hacer lugares en donde se facilitara la intervención de las personas sin acceso a internet por cualquier razón. Tenemos que caminar a la sociedad 2.0 no solo por particulares en las casas sino en la vida política del país.
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