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Friday, 24 February 2012

Come y calla

 

Un día no tienes nada que decir. Al siguiente, tampoco.

Lees, sí, pero no prestas atención.

Dejas de ver las noticias, de leer los periódicos. Te limitas a pinchar en los enlaces de tu timeline de twitter, facebook o Google+, hasta que un buen día te das cuenta que hace una semana que no lees nada que te interese.

Recuerdas vagamente que tienes un blog, lo abres e inmediatamente lo cierras, porque no tienes ni ganas de leer lo último que pusiste.

Sientes que podrías decir muchas cosas, que hay mucho sobre lo que puedes reflexionar: el caso Garzón, Camps, el PP de nuevo en el poder, las mejores navidades de tu vida, la maldita crisis, las cargas policiales en Valencia…

Pero otros ya han comentado lo que tú piensas, y mucho mejor de lo que lo harías tú. O bien te da pereza ponerte a escribir.

Al final decides hacer mutis por el foro, porque lo que no quieres es admitir que tu vida ha cambiado. Te refugias en lo fácil: no leer, no escribir, no pensar. Optas por ser pasivo, indiferente a lo que sucede, incapaz de reaccionar.

Un día te das cuenta de que te has convertido en lo que se espera de ti: que obedezcas, que trabajes, que consumas y que calles.

Y tú, imbécil y feliz, te has dejado.