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Wednesday, 29 February 2012

Sé generoso con tu miedo.

 

Mañana, 1 de marzo, se cumplen 3 años de la muerte de Pepe Rubianes. Dicen que era un tipo libre, pero libre de verdad. Que no tenía dos caras, que no era un personaje, sino una persona sobre un escenario; la misma que era fuera de ellos.

Le echo de menos. Echo mucho de menos escucharle despotricar sobre los facciosos, sobre todo ahora que gobiernan y mandan. Bueno, mandar lo intentan siempre; no importa cómo.

Me hubiera gustado escuchar su opinión respecto de los recortes, de las “manis” y de los policías que siguen descargando su ira, su impotencia y su mala leche sobre la primera persona que pasa, en un curioso caso de desplazamiento colectivo del objeto de ira. Lo de la obediencia debida no cuela, visto el gusto con que reparten. Probablemente la etología recoja algún caso parecido en los cánidos.

Llevo unos días pensando en todo lo que está pasando y, quizá en un ataque pesimista que dura demasiado, he llegado a la conclusión de que hace falta equilibrar la balanza. Ya no se trata de ser justos, sino de repartir equitativamente.

Y, como el poder va a ser que no quiere ser repartido por aquellos que lo poseen, parece que habrá que empezar por algo más básico y mucho más efectivo que la palabra y el diálogo: el miedo.

Quizá empieza a ser hora de que no seamos los de siempre quienes tengamos miedo: miedo a quedarnos sin trabajo o sin casa, a no poder darles una educación a nuestros hijos, a enfermar y no saber si seremos asistidos cuando más lo necesitemos, a que los ahorros que tengamos se pierdan y acaben en el bolsillo de quien ha colaborado activamente en esa pérdida.

Miedo, en definitiva, a que el mundo sea cada día un lugar un poco peor.

Quizá, creo, empieza a ser hora de que tengan miedo esos quienes no han hecho otra cosa que meternos el miedo en el cuerpo.

La cuestión es saber qué es lo que realmente les da miedo. Y no es fácil.

Empieza a ser hora de que experimenten en sus carnes lo mismo que han provocado. Con la misma intensidad.

Con los mismos límites éticos y morales que han puesto ellos.

Seamos generosos con nuestro miedo. Al fin y al cabo también estamos pagando el precio.