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Friday, 13 April 2012

El fantasma de Rubianes

 

Hoy me he perdido por la Barceloneta y me he encontrado al fantasma (como espíritu, no como insulto) de Pepe Rubianes. Me ha saludado con un “¡Coño, nene!¿Qué haces tú por aquí? No te tengo visto por el barrio”.

Total, que nos hemos sentado en la Plaça del Baluart y me suelta a bocajarro: “Osti, tú, lo que están haciendo los fachas. Suerte que no me ha pillao vivo, si no me da un jamacuco, y eso es fatal para la salud”.

Le he respondido que le echaba de menos, que no queda nadie como él para defendernos a carcajadas. Que sus amigos Buenafuente y otros puede que sean muy cool, pero les falta el mordiente. “Es que están muy bien montados en el dólar, nene, y no quieren molestar demasiado a quien les paga”, ha respondido, par añadir a continuación: “Bueno, está el chico ese, el Évole Follonero, que está metiendo el dedo en muchas llagas”

Le echo mucho de menos, de verdad. La derecha más rancia, más autoritaria, está atacando con fuerza y no hay nadie, nadie, del mundo de la cultura que esté metiendo el dedo en esa llaga. No quedan disidentes, no quedan molestos. Leo Bassi, quizás, pero no se le calienta la boca con la elegancia que tenía Pepe.

Nos están recortando derechos muy importantes. Pretenden equiparar la resistencia activa a la pasiva, tardarán muy poco en limitar el derecho de reunión y, en cierta medida, atacarán la libertad de expresión. Pretenden hacer pasar disturbios por terrorismo, y todos sabemos que hay una enorme diferencia.

Nos están tendiendo una trampa: provocan la violencia para poder legislar en consecuencia y así poder reprimir cualquier tipo de expresión en contra de lo establecido. Y se lo estamos comprando. Estamos haciendo exactamente lo que quieren que hagamos.

Estamos paralizados, en estado de shock. Y lo están aprovechando para reformar todo aquello que molesta al poder, a quienes realmente detentan el poder, que son los grandes capitales.

Sigo creyendo que hace falta cierta dosis de violencia, pero también creo que hay que empezar a ser muy creativo, para generar nuevos tipos de violencia, y muy cauto, para buscar los vacíos legales para ejercerla.

Me encantaría no pensar en la violencia, pero me resulta imposible encontrar otra cosa que el miedo como arma. Creo que estamos paralizados por el miedo, y creo que todos sabemos qué o quiénes nos producen ese miedo. Solo se me ocurre como solución que repartamos ese miedo por igual, que seamos generosos con él. Me temo que es la única razón que puede hacer reflexionar a quienes poseen tanto poder.

Si los gobiernos quieren ser títeres de ese poder también merecen conocer ese miedo. Es hora de recordarles cuál es la tarea principal de un gobierno.

Es hora de recordarles, de recordarnos, cuáles son los principios de la democracia. Y si eso requiere violencia, pues que así sea.

Pepe se me ha quedado mirando, descojonándose de la risa, y me ha soltado: “Joder, nene, a ti se te va la olla” y me ha dicho que yo leía demasiado a Guillem Martínez (@guillemartnez)… y que a él también le gustaba mucho.

 

Mierda. ¡Le echo tanto de menos!