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Sunday, 30 September 2012

Ilusiones cotidianas

 

Conocí a Paco en el 97 o el 98. Era la segunda visita en aquella clínica dental. Tenía hora para las seis, o así. Eran las ocho pasadas, estaba solo en la consulta y aún no me habían dicho nada.

En estas que pasa un chico, vestido de calle, por el pasillo. Le veo retroceder, se asoma por la puerta y me pregunta:

- ¿Tú qué haces aquí?

Se habían olvidado de mí. A veces pasa.

Paco me hizo pasar a su consulta (no era el dentista con quien tenía hora), se cambió de ropa y me atendió. Desde entonces es mi dentista, y dudo mucho que vuelva a tener otro. No solo porque confío ciegamente en su criterio; también ha conseguido que todas las malas experiencias con otros dentistas hayan quedado en el olvido.

Pero sería injusto hablar solo de Paco. Todo el personal de la clínica con quien he tenido contacto me ha tratado muy bien y, con el tiempo, la experiencia de ir al dentista ha pasado de ser un incordio a algo que hago con la misma naturalidad con la que pasas la ITV del coche, salvo que en la ITV te tratan a patadas y en el dentista no.

Hace un tiempo, Paco me consultó sobre la ansiedad dental y el impacto que tiene en los pacientes. Unos meses y varias charlas después esa primera consulta se ha concretado en una colaboración para tratar de mejorar la experiencia dental de los pacientes con ansiedad: conocer su grado de ansiedad, elaborar protocolos de actuación y aplicarlos. Un proyecto grande, con objetivos a corto, medio y largo plazo, y enfocado a mejorar la salud dental de los pacientes.

Un proyecto innovador, ilusionante, con el apoyo y la participación de los profesionales que trabajan en la clínica, porque nadie sabe más que todo el resto juntos. Un proyecto enfocado a mejorar la calidad de vida de los pacientes.

Un ejemplo de que se pueden hacer cosas en plena crisis; que solo hace falta tener la mente abierta, ilusión y ganas de innovar.

 

Aquella tarde de hace 15 años, sentado en los sillones de la consulta, esperando a que me llamaran o quizás deseando que no lo hicieran, lo último que podía imaginar es que un día sabría controlar mi ansiedad en la visita al dentista.

Hoy, en un contexto de crisis económica, financiera y política que nos sacude y nos tambalea a diario,  me levanto y me voy a dormir cada día con la ilusión de llevar a cabo un proyecto que mejore la vida de las personas. En pequeños aspectos, a pequeña escala, pero una mejora para las personas.

Muchas gracias, Paco. Por todo.

Muchas gracias a todos quienes me estáis apoyando en este nuevo viaje, esta etapa de mi vida, con vuestros consejos, vuestra ayuda y vuestros ánimos. Sin vosotros no podría hacerlo.

¡Ah! Y también hoy cumplo 44 años, lo cual no está nada mal.