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Friday, 7 November 2014

Yo no pensaba ir a votar.

 

Yo no pensaba ir a votar.

Lo digo en serio. Me parecía una charada. Mejor dicho, me sentía decepcionado y que no tuviera ningún tipo de validez y que se pudieran hacer mil interpretaciones me parecía volver a la misma discusión de siempre.

Creía que ese movimiento de Mas no llevaba a ninguna parte, porque estaba convencido de que el Gobierno de Rajoy iba a pasar de todo, mirar para otra parte y después ningunear el resultado de una votación que la compararían con Eurovisión o algo por el estilo.

De hecho, creo que Mas hizo ese movimiento porque esperaba algo así, y le venía perfecto para quedar como que lo había hecho todo sin, efectivamente, hacer nada.

Pero entonces el Gobierno del PP y el Tribunal Constitucional, lo que empieza a ser conocido como los Esteso y Pajares de política (dicho sea con todo el respeto a tan dignos trabajadores de la industria del cine), se pasan de frenada por aquello de la testosterona y se mean en la democracia.

Lo de mañana tiene para algunos un punto épico, eso de histórico que suena tan rimbombante, pero yo lo veo más como un pulso. Bueno, no. Es más bien una peineta, pero en vez de levantar el dedo metemos un voto. Es que por aquí arriba somos así de raritos. Ya nos da igual todo, pero queremos votar: lo que sea, como sea, pero nadie ni nada nos va a impedir votar a quienes queremos hacerlo.

Ya es algo personal.

Mi excompañero de piso viene porque no se quiere perder algo así. Vive en Madrid desde hace un par de años porque aquí no encontraba trabajo. Así son las cosas y hay que buscarse la vida donde y como uno puede, y aquí las cosas no le iban bien.

Pero vuelve a votar, porque ese es su derecho como catalán y no le da la gana que se lo prohíban.

Y nos están mirando. No solo por el tema de la independencia. Extranjeros que viven en Barcelona y algunos turistas que van más allá de los tópicos turísticos empiezan a describir una Barcelona con gente rebuscando en la basura o inmigrantes recogiendo metal en los contenedores.

Porque eso también existe. Y todo este revuelo está ayudando a conocer y difundir esa realidad que muchos intentan soslayar con el debate nacional, pero que va parejo a él. No podemos debatir qué queremos ser de mayores sin debatir muy a fondo qué precio vamos a tener que pagar por ello.

Bienvenido ese revuelo, y cuanto más se conozca la realidad de este país mejor se entenderá la voluntad de sus habitantes de querer tener en nuestras manos la capacidad de transformarla.

Una gran participación ayudaría a incrementar ese revuelo.

Pero no os voy a engañar: a mí lo que me pone de verdad es lo de la peineta.

Me jode mucho que me digan que no puedo hacer algo.

Yo no pensaba ir a votar, ya os lo he dicho, pero es que no me han dejado otro remedio.

Y no os lo digo con pena, eh? De verdad.

Es que estaba recordando que mi amigo Roger bautizó lo del 9N como “Botifarrèndum”. Vamos, que es que muchos somos conscientes de que es como ir a votar en un partido de solteros contra casados. Que importancia tenía más bien ninguna. Con todo el respeto a quienes creen que es algo épico, que conste. Es solo que, seamos sinceros, quedaba todo un poco chusco.

Y tengo una sonrisa de oreja a oreja y los ojos como platos por cómo me sorprende lo muy gilipollas que tienen que ser los del Gobierno para impugnar una cosa así de cutre y salchichera.

Si es que hay que ir a votar, joder, aunque solo sea por las risas.

Besos.