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Tuesday, 10 June 2014

Criticize me

 

Me acabo de hacer mecenas de…

No, no me acaba de cuadrar eso de mecenas, la verdad. Será porque me suena como muy grandilocuente. Intentémoslo otra vez.

He decidido colaborar económicamente con Crític. No voy a intentar explicar qué es, porque en el enlace lo explican mucho mejor de lo que yo lo haría nunca. Y porque así igual os pasáis, echáis un vistazo y, si os convence, os animáis a colaborar.

Sí os diré los motivos que me han animado a hacerlo. El primero, que muchas personas a las que sigo en twitter van a colaborar de una manera u otra en ese medio. De hecho, el motivo no es que les siga en twitter. Por ejemplo, a Antonio Baños no le sigo, pero porque no tiene cuenta (Y ya estás tardando, hombre! Te lo digo con cariño, pero con convencimiento). El motivo es que confío en ellos. Me refiero a personas como Merche Negro, Ismael Peña-López, Albano Dante, Marta Sibina, mi admirado Guillem Martínez, Gemma Galdón o Joan Subirats, entre otros. La confianza no nace del conocimiento personal, sino de la consistencia de su trabajo, de su compromiso con lo que hacen. He aprendido mucho de y con ellos. Si han decidido apoyar esta iniciativa entiendo que es porque conocen a y confían en quienes impulsan el proyecto (Roger Palà, Sergi Picazo y Joan Vila). Y para mí eso es suficiente garantía.

También ha ayudado, y mucho, leer esta entrada de Roger Palà. Lo de “periodisme reposat i anàlisi crítica” me ha devuelto a mis años en el instituto y me ha recordado a quien sigo considerando un Maestro (así, con mayúsculas): José Luis Mayo. Decía mi antaño profesor de Lengua Castellana: “A veces lo urgente no nos deja ocuparnos de lo importante” (Yo diría que, en estos tiempos acelerados, lo de “a veces” podría sustituirse perfectamente por “demasiado a menudo”). Que alguien decida hacer las cosas con calma y sosiego despierta mi admiración. He tenido la sensación de encontrarme ante periodistas que quieren ser artesanos antes que artistas.

Y, todo junto, me ha llevado a pensar en qué quiero para el futuro. Como comentaba antes, vivimos tiempos acelerados. Los cambios se suceden ante nuestras narices a la velocidad de nuestro timeline. Para algunos temas nuestra retentiva es la de un rape. Los más impactantes quizás los recordaremos una semana (con suerte), pero acaban en el cajón del olvido (o en el de sastre, también llamado Pocket).

En esta vorágine vivimos los episodios concatenados de corrupción, mala política o escándalos financieros (valga la redundancia y por poner un ejemplo). En este presente espídico e intenso necesito saber que hay alguien ahí que pone las bases para lo que tiene que venir. Y lo que tiene que venir (o lo que me gustaría que viniera) es mucha más transparencia, un mayor compromiso de los poderes públicos. Juvenal se preguntaba quién vigila a los vigilantes. Bien, pues creo que hace falta un periodismo serio, comprometido, humilde, apegado a principios morales que yo pueda compartir. Hace falta periodismo honesto. Como se dice en catalán, “de picar pedra”. De fuego lento, como los caldos de mi madre.

Lo que dije antes: periodismo artesano.

Creo que ese tipo de periodismo, de periodistas que no se pavonean en los programas de televisión, que no buscan el titular para vender, que no persiguen que las letras de su nombre tengan el tamaño del titular, están destinados a ser los vigilantes por los que preguntaba Juvenal. No estoy seguro de que ese destino sea precisamente una bendición de los dioses; no son pocos los riesgos, tanto económicos como otros menos esperables en esta supuesta democracia en la que vivimos.

No espero de ellos que sean infalibles, ni mucho menos. Ni soy tan fan-boy (no les conozco) ni tan iluso (tonto sí, pero no tanto). Lo que sí espero de ellos es que hagan un periodismo basado en los valores y principios éticos, ideológicos y morales que representan esos colaboradores de los que os he hablado antes. Sé que puede sonar algo ingenuo, pero sigo creyendo en cosas como el criterio de la gente que admiro y comparto valores con muchos matices. Si tantas de esas personas juntas deciden estar ahí, es que vale la pena. Quiero vivir en un futuro próximo con periodistas honestos y valientes.

Pero hay quien no quiere un futuro así, y va a hacer todo lo posible para que ese periodismo no exista. Todos sabemos que pueden hacerlo, así que para ese futuro próximo va a hacer falta una buena dosis de principios y de compromiso. De eso ya hemos hablado antes: es una cuestión de fe por mi parte. Otros creen en un Hombre del Espacio, así que salgo ganando fijo.

Pero también va a hacer falta una buena dosis de dinero, porque quienes no quieren ese periodismo tienen mucho y van a usarlo. Todos tenemos un precio, y no siempre porque nos compren; también porque poco periodismo puedes hacer si no tienes para comer. Por eso creo que tenía que mojarme económicamente. No es que las cosas me vayan para tirar cohetes, la verdad, pero creo que me puedo permitir el coste de unos pantalones o unos zapatos e invertirlo en un futuro mejor, en gente cercana, en la que creo.

Para algunos, la seguridad es la policía o el ejército. Yo prefiero saber que proyectos como Crític son una realidad. No se trata de un lujo que nos podamos permitir, sino de un derecho que no podemos perder.

 

“Iron-clad feather-feet pounding the dust.(…)”